21/09/2018
Editoriales

Junio 30 de 1959: muere en la ciudad de México el ilustre mexicano José Vasconcelos

Junio 30 de 1959: muere en la ciudad de México el ilustre mexicano José Vasconcelos. José María Albino Vasconcelos Calderón, nació en la ciudad de Oaxaca, el 27 de Febrero de 1882 y es considerado como una de las figuras más relevantes del siglo XX. Hijo de Ignacio Vasconcelos Varela y de Carmen Calderón Conde. Por el trabajo de su padre, estudió en diversas escuelas primarias que le permitieron entender a temprana edad las diferencias culturales en México, pues lo mismo asistió a clases en Piedras Negras, que en Eagle Pass, Texas, que en Toluca, y en Campeche. Ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria y estudió posteriormente Leyes, titulándose en 1907. Fundó y presidió en 1909 el Ateneo de la Juventud, siendo partidario de la revolución mexicana, y participando en el maderismo. Fue codirector del periódico El Antirreeleccionista con Félix F. Palavicini. luego secretario y sustituto de Francisco Vázquez Gómez, agente confidencial de Madero en Washington, y fundador del Partido Constitucionalista Progresista. Tras el cuartelazo de Victoriano Huerta, es nombrado por Carranza, agente confidencial ante Inglaterra y Francia, para convencerlos de que no ayudaran al dictador.

Fue director de la Escuela Nacional Preparatoria en 1914, pero debió huir para que Carranza no lo arrestara por sus críticas. Regresó y asistió a la Convención de Aguascalientes, siendo después secretario de Instrucción Pública con Eulalio Guzmán. Se volvió a exiliar en Estados Unidos en 1915 hasta que en 1920 se entrevistó con Obregón y apoyó el Plan de Agua Prieta, para destituir a Carranza. Adolfo de la Huerta lo designó jefe del Departamento Universitario y de Bellas Artes, desde donde inventó el lema "Por mi raza hablará el espíritu".

Álvaro Obregón lo designó secretario de Educación Pública al crearse esta dependencia. Desde allí trasciende por implantar la educación popular, trayendo a educadores y artistas destacados extranjeros. Crea numerosas bibliotecas populares y reorganiza la Biblioteca Nacional, funda la revista El Maestro y propicia la primera Exposición del Libro. Encargó la confección de murales a José Clemente Orozco y Diego Rivera. Tras la firma de los Tratados de Bucareli condenó el asesinato del senador Field Jurado y renunció a su puesto en la SEP. Fue candidato al gobierno de Oaxaca y perdió, yéndose de nuevo al exilio. En París y Madrid publicó la primera época de la revista La Antorcha (1924-25) y regresó a México para ser candidato a la presidencia por el Partido Nacional Antirreeleccionista.

Es derrotado por Pascual Ortiz Rubio, y denuncia por la vía de sus seguidores fraude electoral, proclamando en Sonora el Plan de Guaymas, llamando sin éxito a una revuelta. Encarcelado después de promulgar su plan, se auto designa "única autoridad legítima" y desconoce a las autoridades establecidas que "burlan el voto público desde hace treinta años". Lo liberan, exiliándose en París, y a su regreso es director de la Biblioteca Nacional con Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Su obra literaria es además de vasta, de gran calidad filosófica. Pitágoras, una teoría del ritmo; Lógica orgánica; Monismo estético. Su obra sociológica y pedagógica es tan importante como La Raza Cósmica; el Bolivarismo y Monroísmo, postulando la formación de una raza latinoamericana superior a la anglosajona. Entre sus ensayos y obra periodísticas destacan Gabino Barreda y las ideas contemporáneas, así como Prometeo vencedor, y una enorme producción periodística. Su Breve historia de México, en 1947; Hernán Cortés, creador de la nacionalidad en 1941 y las biografías de Simón Bolívar y de Evaristo Madero, lo elevan a la categoría de historiador. En sus memorias hay experiencias personales y la descripción de la caída de un añejo régimen, así como la lucha armada revolucionaria, la fundación de las instituciones nacionales, pero también su decepción de varios gobiernos. Ulises Criollo, La tormenta, El desastre y El proconsulado, son los mejores libros suyos, en el criterio de muchos. En su ¿Qué es el comunismo? José Vasconcelos reconoce su fe católica. Sus detractores lo acusan de abandonar en forma recurrente a sus seguidores, de apoyar al nacismo, y de tener relaciones amorosas interesadas en la riqueza de las mujeres.