28/05/2018
Editoriales

Los grandes gobernadores de Nuevo León. Juan N. De la Garza y Evia, tercera parte

En 1843 se había promulgado una nueva constitución centralista llamada: Bases de Organización Política de la República Mexicana, sin embargo, su aplicación era obstruida por la guerra civil y la inminente invasión norteamericana.

 

Nuevo León no tenía gobernador constitucional. Antonio López de Santa Anna había nombrado a José María Ortega, y al triunfar en 1841 la revuelta de Mariano Paredes y Arrillaga, Ortega permaneció en el poder hasta 1844. Fue hasta a finales de ese año cuando Mariano Arista, comandante militar de la zona, impuso a Manuel María de Llano quien pudo ocupar la gubernatura hasta el último día de marzo de 1845.

 

Y eso porque el 10 de febrero de 1845 la Asamblea Departamental de Nuevo León integrada por: Manuel María de Llano, Irineo Castillón, Trinidad de la Garza Melo, José Ángel Gutiérrez de Lara, Agapito García Dávila, Perfecto Barbosa y Manuel Villalón “pide al Supremo Gobierno que por la inconstitucionalidad del nombramiento de gobernador hecho en la persona del Sr. Ortega, se elija a uno de los señores que fueron propuestos en la quinta remitida por esta corporación”.

 

El presidente Herrera destituye a Ortega y nombra a Juan N. de la Garza y Evia.

El presidente de la república José Joaquín de Herrera, atendió la petición destituyendo al gobernador Ortega, en base al artículo 134, fracción XVII, que decía:

“134 Son facultades de las asambleas departamentales:

XVII. Proponer al Gobierno Supremo una lista de todas las personas que le parezcan a propósito, y que no sean menos de cinco para el nombramiento de Gobernador. En los departamentos fronterizos no tendrá obligación el Gobierno de sujetarse á esta lista, y sucederá lo mismo cuando en alguno otro Departamento, y en caso estraordinario, lo acordare el Congreso por iniciativa del Presidente”.

 

De la lista de cinco miembros, el presidente De Herrera designó a Juan Nepomuceno de la Garza y Evia, mediante el siguiente decreto que apareció en el Semanario Político del gobierno de Nuevo León (era el nombre centralista del periódico oficial de Nuevo León) de 27 de marzo de 1845, dirigido a Juan Nepomuceno de la Garza y Evia:

 

"Excelentísimo señor (Garza y Evia).- teniendo en consideración el excelentísimo presidente interino de la república las recomendables circunstancias que concurren en vuestra excelencia y de conformidad con la propuesta de la excelentísima Asamblea Departamental se ha servido nombrar a vuestra excelencia gobernador del departamento de  Nuevo León; y tengo el honor de participárselo para su satisfacción y demás efectos consiguientes, en el concepto de que hoy se libra la orden oportuna al actual encargado del gobierno para que se lo entregue a vuestra excelencia.

 

Y lo traslado a vuestra excelencia de suprema orden para el fin expresado reiterándole con este motivo las seguridades de mi consideración.

Dios y libertad. México 6 de 1845.- Cuevas.- Excelentísimo Señor Gobernador del departamento de Nuevo León”

 

Luego de ordenar sus asuntos pendientes en el Tribunal Superior del Estado, el 31 de Marzo de 1845 Juan Nepomuceno de la Garza y Evia tomó posesión por segunda vez como gobernador.

 

De entrada, la gubernatura recibe con problemas a De la Garza y Evia

No había pasado una semana cuando, el 7 de abril, la Asamblea Departamental notificó al gobernador De la Garza y Evia que los ayuntamientos no habían enterado las cuentas públicas. Además, el comandante del Ejército del Norte, Mariano Arista, pidió al presidente Herrera aliviar un poco la pobreza de la gente del norte, y el presidente reaccionó cancelando las contribuciones a los Departamentos de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, lo que significaba un grave problema hacendario a esos Departamentos.

 

Once días después, el 18 de abril, el gobierno de Juan Nepomuceno de la Garza y Evia recibía otro golpe económico con un decreto presidencial rebuscado y apelando a leyes coloniales “conforme a los artículos 234 de la ley de ordenadas de intendentes, en 107 del reglamento de comisarías....” “Quedando el gobierno central como único responsable y administrador de todos los dineros”. “En esta capital (ciudad de México) continuará desempeñando la comisión de presenciar y autorizar los cortes de caja (de la capital de los Departamentos)”.

 

En misiva del 24 de marzo de 1845, el presidente José Joaquín de Herrera había alertado a la nación sobre la inminente confrontación bélica; el gobierno nacional se comprometía a defender a la nación y a no participar en contiendas políticas internas.

Y cuatro días después, el 28 de marzo de 1845, una vez que Estados Unidos aceptó como estado a Texas, el Senado mexicano rompió relaciones con ese país.

 

Prohibe Garza y Evia el comercio con Tejas

Hubo de pasar un mes, el 28 de abril de 1845, para que el gobernador De la Garza y Evia prohibiera el comercio con Tejas, y para ello prohibió acercarse a la frontera sin pasaporte, obligando a los ayuntamientos a comprobar el origen de lo comerciado en sus mercados.

 

Con tal ambiente de pre guerra, la administración de Juan Nepomuceno de la Garza Evia fue de supervivencia, sin dinero para obra pública, ni para educación, y muy apenas se completaba para la seguridad (combate a los indios). Entre junio y julio se intensificaron los ataques de indios en la sierra de Gomas, complicando el abasto de carnes y poniendo al gobierno de Garza y Evia entre la espada y la pared (Los indios bárbaros y los norteamericanos).

 

Obligado por las circunstancias, De la Garza y Evia hubo de reconocer en agosto de 1844, que las guardias provinciales de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas no llegaban a los 500 activos cuando legalmente debían ser mil 500 y que se “requería venturas, monturas y remonta a los soldados”.

 

El golpe de estado de Mariano Paredes contra Herrera, repercute en NL

A nivel nacional, el presidente Herrera reclutó en diciembre de 1845 a 6 mil hombres para apoyar al ejército de Arista en el norte. Esta fuerza la puso bajo las órdenes de Mariano Paredes Arrillaga. Sin embargo, MPA, en lugar de marchar al norte llegó a San Luis Potosí y se regresó a la Ciudad de México, derrocando a José Joaquín de Herrera.

 

Esto, como todas las acciones políticas nacionales, rebotó en Nuevo León, y el gobernador De la Garza y Evia, junto a la Asamblea departamental, emitieron el 14 de enero de 1846 un manifiesto oponiéndose al gobierno de Paredes y Arrillaga por ser contrario a las bases orgánicas, y pedían la vuelta de José Joaquín de Herrera o, en todo caso, una nueva elección en los términos constitucionales

 

Garza y Evia felicita a Paredes por los nombramientos de Arista y de Ampudia

Pero tres meses después, Garza y Evia ya se había hecho a la idea de que MPA presidiría al país por buen tiempo, así que el 11 de abril de 1846 no le quedó más que felicitarlo por los nombramientos que extendió: “con placer indecible del nombramiento que el Supremo de la Nación ha hecho en la persona del excelentísimo general don Mariano Arista para mandar en jefe la división de operaciones sobre las fuerzas que con el carácter de ocupadoras han destinado los Estados Unidos sobre la parte del territorio de la República que termina a la orilla izquierda del Río Bravo y de 2º en jefe en la del Sr general don Pedro de Ampudia”.

 

A estas alturas, México entero estaba en caos político; había disputas y rivalidades que  caracterizarían la guerra de invasión. José María Ortega, segundo al mando de las guardias de Nuevo León, ordenó en abril de 1846 que se realizara un sorteo para la leva en Lampazos, tierra de Santiago Vidaurri, el secretario general de gobierno de Nuevo León quien trató de impedir la leva, alegando que los sorteos sólo alejaban a la gente de los pueblos y que si los lampacenses no se alistaban voluntariamente no era por falta de patriotismo, sino por necesidad de trabajar la tierra.

 

Garza y Evia apoya a Arista que sale a pelear con los estadounidenses

El 16 de abril de ese mes, el gobierno del estado anunciaba con optimismo la partida de Arista hacia Matamoros para enfrentar al invasor y lanzaba una profética advertencia: “no se olvide que un momento de apatía o de descuido puede causarnos males de muy difícil reparación y para no ir muy lejos recordemos el desastre de San Jacinto ¡Mejicanos, llegada es la hora de la prueba! ¿Seremos libres o esclavos de los inmorales habitantes del sur de la nación americana? Dejemos para otro tiempo nuestras querellas y unidos probemos que merecemos ser libres y respetados los que sin auxilio extraño supieron fundar con su sangre la nacionalidad de su patria”.

 

Llega el derrote a Arista y es sustituido por Ampudia

Pero el 8 de Mayo de 1846, Arista mordió el polvo en: Palo Alto; el 9 de Mayo en la Resaca de la Palma, y el 18 de mayo de 1846 fue ocupada Matamoros.

En ese momento, Arista fue sustituido en el mando por Ampudia y empezaría la larga agonía de la ciudad de Monterrey ante la inminente invasión norteamericana.

 

Se le debe reconocer a Garza y Evia que, a pesar de gobernar en estado de alarma general, mejoraba en lo posible la administración pública de Nuevo León creando juzgados en Chipinque (parte de Abasolo), y Paso del Zacate (China).

 

Nuevo León seguía en crisis económica y militar, por lo que el primero de junio de 1846, Garza y Evia redujo las alcabalas (impuesto arcaico que se cobraba por el comercio entre departamentos) a la mitad, tratándose de bienes necesarios para la defensa de la ciudad o a la subsistencia de la población. Era tanta la necesidad de soluciones, que el 4 de junio, el “Señor vicario capitular y gobernador de esta Sagrada Mitra” autoridad máxima de la Iglesia ofrecía a los seminaristas como reclutas.

 

Garza Evia prepara la defensa de Monterrey

La fecha del ataque norteamericano se acercaba y el 18 de junio de 1846 Garza y Evia ordenó el reclutamiento de “todo nuevoleonés desde la edad de diez y ocho hasta la de cincuenta, tiene obligación de concurrir a la defensa del departamento y del territorio nacional invadido por las fuerzas del enemigo exterior”.

 

Cae Paredes y Arrillaga, llega a la presidencia Bravo; regresa Santa Anna

En medio de la tragedia de la invasión, el 28 de junio de 1846, un nuevo golpe de estado modificó los planes de defensa. Derrocaron a Paredes y Arrillaga, y colocaron en la presidencia al héroe de la independencia Nicolás Bravo que se encontraba retirado de la vida pública, pensando en que uniría a todos los mexicanos; y se nombró a López de Santa Anna jefe supremo del Ejército.

 

Así que conforme a las instrucciones de Santa Anna, a partir de agosto los soldados fortificaban la ciudad. El ejército estaba a cargo del conservador Francisco Mejía, de buen trato con el gobernador Garza y Evia y las clases acomodadas de Monterrey.

Pero a finales de agosto llegó Ampudia con el ejército reunido en San Luis Potosí. Su carácter duro le enfrentó con la sociedad regiomontana, y Ampudia deshizo las fortificaciones hechas.

 

(Señal de la altivez de Ampudia se dio en 1844, cuando era gobernador de Tabasco y presentó al congreso una iniciativa para cambiar el nombre del Río Grijalva por Río Ampudia)

 

Destituye Ampudia a Garza y Evia

Pese a que Garza y Evia se puso a las órdenes de Ampudia, el 1º de septiembre de 1846, Ampudia destituyó a Garza y Evia y se hizo cargo del gobierno estatal. Así que Garza y Evia volvió al tribunal de justicia desde donde vio caer la tragedia de la invasión sobre la ciudad.

 

 

Fuentes.

Periódico oficial del Estado de 1845, versión electrónica

Diario oficial de la federación de 1845, versión electrónica

México a través de los siglos, Vicente Riva Palacio y otros

El nuevo Bernal Díaz Del Castillo, Carlos María de Bustamante.