22/Sep/2020
Editoriales

El Traidor

El “traidor” se llamaba Chuy Salinas, funcionario de tercer nivel en el partido. Le decían así no por traicionar, sino porque cuando algo faltaba él lo traía. Era el traedor de sillas, de micrófono, pancartas, comida, o agua para repartir en los eventos…  

Todos lo conocían y él los conocía a todos; llevaba 35 años desempeñándose de traedor. Su talante humilde le granjeó simpatías, incluso aquella vez que lo acusaron de haberse robado los manteles de las mesas que no aparecían después de un desayuno masivo. Sólo negó su culpabilidad, pero jamás delató a Juaco, quien los había “tomado prestados” sin permiso del jefe para la fiesta de su hija de esa noche. 

Chuy “aguantó vara” confiando en Juaco, quien sí los regresó al siguiente día, pero a la hora de devolverlosfue sorprendido por otro compañero que lo denunció. 

Desde luego que todo el chisme trascendió y creció el aprecio general a Chuy El Traidor.

Una ocasión Chuy fue llamado a la oficina del presidente del partido y de inmediato se presentó. _Chuy, dijo el dirigente, el partido tiene interés en estimular a los militantes meritorios, y ahora hay una posición de regidor en un municipio en donde sólo se requiere asistir a una sesión bimestral y se cobra un buen sueldo.

Chuy escuchaba callado y atento; no estaba acostumbrado a que le confiaran esas cosas. 

_He pensado que tú debes disfrutar esa posición, Chuy, para que sirva de ejemplo y premio a la carrera de partido, y  para que se acomidan los demás cuando se requiera su participación en tareas diversas. 

Chuy se quedó pasmado porque nunca le habían ofrecido nada en el partido, y luego de meditarlo un minuto, le dijo:

_Le agradezco el gesto amable señor presidente, pero no estoy preparado para hacer un buen papel como regidor, me voy contento por la distinción; y se levantó para irse.

El presidente le dijo: No te vayas, piénsalo, es más, llévate la ficha de inscripción, sólo llénala con tus datos para que disfrutes las mieles de la nómina, y en el último de los casos dáselo a alguien que se lo merezca según tu criterio, para que te la deba a ti.

Esa noche Chuy El Traidor no durmió; feliz de degustar una gota del botellón del poder, pues él podía decidir algo importante, pero también pensando qué hacer.

Tempranito fue a ver a su jefe Pancho, el encargado de la logística y le entregó la ficha diciéndole que era un regalo del partido para el empleado que más lo mereciera.

Pancho la tomó y pensó que era una oportunidad de quedar bien con su jefa Miriam, la titular del área y decidió dársela para después pedirle algún favor importante. Miriam se sorprendió con el regalo de Pancho y le dijo que le agradecía el obsequio. Esa noche ella lo consultó con su marido quien dijo que no debería ser regidora, pues cuando él fue ayudante de un regidor se dio cuenta que sí trabajan mucho y ella tenía que cuidar a sus dos hijos.

Entonces Miriam estuvo ponderando quién merecía el premio, que fuera trabajador, honesto y humilde. No supo a quien dárselo y como en la mañana tenía que organizar un mitin, llegó una hora antes de lo acostumbrado. La oficina estaba sola; entró a su despacho y por la ventana vio a una persona trabajando antes del horario de entrada. Le llamó por el sistema de intercomunicador y vino Chuy El Traidor. _Estimado Chuy, te daré un regalo que el partido tiene reservado para gente leal y trabajadora. Llena esta forma y por tres años sé regidor. Con lágrimas de emoción, Chuy El Traidor elevó su mirada y dijo: Gracias. No se supo si agradecía al presidente del partido cuya foto estaba en la pared alta, o las gracias eran para el Creador.