08/Apr/2020
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Diciembre 22 de 1815: Muere fusilado en una improvisada cárcel de San Cristóbal Ecatepec, el jefe de la insurgencia nacional, José María Morelos, “El siervo de la Patria”. Morelos y Pavón nació en Valladolid, hoy Morelia, el día 30 de septiembre de 1765, siendo hijo de Manuel Morelos y Juana María Pérez Pavón. Cuando fueron a decirle a su celda que había llegado el momento de fusilarlo, antes de caminar rumbo al paredón, Morelos tomó un crucifijo y exclamó: “Señor, si he obrado bien, tú lo sabes, y si mal, me acojo a tu infinita misericordia”. Una vez de pie en el paredón le iban a vendar los ojos, pero Morelos se adelantó y con su típico pañuelo rojo se los vendó él mismo, luego se hincó dándole la espalda al pelotón de fusilamiento. Eran las tres de la tarde cuando tronaron los fusiles.

Entre su correspondencia se encontró una carta que le escribió a su hijo Juan, un mes antes del fusilamiento en la que decía: “Morir es nada cuando por la patria se muere, yo he cumplido, como debo, con mi conciencia y como americano”. La muerte de Morelos, narrada por Fernando Ramírez Aguilar en su libro “Morelos frente al patíbulo”, evidencia al grande ser humano que enarboló la lucha independentista cuando murió Miguel Hidalgo, su maestro en el Colegio de San Nicolás, a quien se le había sumado militarmente en octubre de 1810. Sin embargo, el sueño del virrey Calleja de que a la muerte de Morelos acabaría la Guerra de Independencia, no se cumpliría, pues pasados seis años de este sacrificio del héroe Morelos, nuestro país se independizó de España. El nombre de Morelos es inmortal, el presidente Juárez bautizó como Morelos a un Estado del País y en todo México se repite su nombre al referenciar domicilios en las principales calles de todos los pueblos y ciudades a lo largo y a lo ancho de nuestro país.