21/05/2019
Editoriales

La seda china

Acaabamos de ver los avances biogenéticos en los que nos encontramos con la producción de fibras generadas por la modificación genética de los seres vivos. Esto sí es modernidad pero si volteamos a ver la historia nos encontramos que en la China antigua había tres tejidos: el ramio, el algodón y la seda. Desde el Neolítico se producían ramio y seda, pues el algodón era de la India y poco a poco entró a China a partir del siglo XIV. Sin embargo, rápidamente se afianzó como el motor de la industria textil, después de las dinastías Song y Yuan.

Pero nadie habla del algodón ni del ramio, pues son telas sin historia. Caso contrario es la seda, que en el poema indio Mahabharata del año 1000 adC., se menciona a la seda china que para ese tiempo ya tenía dos milenios de historia. Por eso, durante siglos se mantuvo en secreto la técnica de su fabricación y era tan apreciada que la “Ruta de la seda” se llamaba así a pesar de que por ella transitaba cualquier cantidad de materiales preciosos. Los ejércitos romanos la vieron por primera vez en 53adC., en la batalla de Carras contra los partos, quienes la lucían en sus uniformes. De ahí sacó la idea Julio César de celebrar sus triunfos con banderas de seda.

En Roma, Plinio y Cicerón se desgastaron descalificando a la seda por ser muy cara y extranjera. Pero dos siglos después, la seda ya era el símbolo del misterio fantasía y prestigio en el imperio romano. El extravagante Heliogábalo –que gobernó de 218 a 222- logró sorprender al hastiado pueblo romano acostumbrado a la arquitectura colosal, a las luchas de gladiadores y a las carreras de carruajes, con un desfile delirante en el que incluso se llegó a matar caprichosamente a niños pero aún así la chusma bostezaba. Hasta que finalmente los corazones de Roma palpitaron aceleradamente: Heliogábalo apareció con un vestido hecho totalmente de seda. De ese tamaño fue la impresión. Actualmente tengo la impresión que la seda se democratizó pues hay prendas de mezclilla, que es algodón, por ejemplo, cuyo precio es superior a las hechas de seda.