23/01/2018
Editoriales

Ante terremotos y huracanes; no al fanatismo y la superstición

El método empirista en la ciencia es el dominante y su origen son los sacerdotes de la  Real Sociedad británica incluyendo a Newton o Hume.  Registran los hechos y los coleccionan eliminando la causalidad que para ellos, en tanto que no es visible, no existe. Como decía Newton, “yo no hago hipótesis” ( hypotheses non fingo).   Los padres  de ese enfoque son Aristóteles y los brujos de Babilonia que sostenían que sólo los sentidos permitían conocer y todo lo que no podían conocer era “sobrenatural”.

  Newton practicaba la magia negra para tratar de explicarse los fenómenos del Universo que describía pero no sabía su causa.   Para la corriente opuesta, la de Platón, el Universo está organizado de acuerdo a leyes sólo perceptible por la mente o la razón mediante la generación de hipótesis cada vez menos imperfectas sobre el comportamiento de éste.

 La sismología es una ciencia empírica basada en recoger, mediante sensores en diferentes partes, las vibraciones generadas por los  movimientos de las capas terrestres pero sin explicar por qué se mueven. Avisan unos minutos antes de que ocurran los sismos y no pueden hacer más.  La causalidad se tiene que buscar en el propio sistema solar del que forma parte la Tierra.  El sistema solar se encuentra ubicado actualmente debido a su traslación por la galaxia, y así lo estará por unas decenas de años, en una orilla de la galaxia, el lugar que ha recorrido ya antes en otras ocasiones que coinciden con las grandes extinciones como la de los dinosaurios.

 

  Es la primera vez que pasa por ahí portando a la humanidad. El Sol está muy activo y lanza constantemente llamaradas de protones y otros componentes, las llamadas “fuerzas débiles”, es decir, porque no tiene masa pero operan en otro nivel, el del magnetismo y el electromagnetismo.  Por ahí va la ciencia indagando ahora después de la obsolescencia de la sismología.  El sismo y los huracanes no son castigo divino ni mala suerte ni maldición de nadie.  El Dios del Cristianismo es un Dios bondadoso no un tirano babilónico o como Zeus. Por eso el Cristianismo es una religión más avanzada en cualquiera de sus acepciones,  muy respetables todas,  porque  proclaman al Dios del  amor y no el que aplasta a la humanidad con terremotos. Ese Dios no existe.