18/11/2018
Editoriales

Entrecurules 07 09 18

"Prodigar insultos al pueblo, llamándolo fanático, idólatra, ignorante, supersticioso, es toda el arma que emplean nuestros adversarios para retardar la reforma que proclamamos", exclamó desde la Cámara de Diputados Federal, Francisco Zarco, un 4 de agosto de 1856, durante la discusión de un dictamen sobre la libertad de cultos.

 Nuestro pueblo es como todos los pueblos. No hay un pueblo sin supersticiones, no hay un pueblo de filósofos, de teólogos, de literatos y de abogados.

 "Yo creo que el pueblo mexicano, que me honro encargándome que lo representará en esta asamblea, es ilustrado, tolerante y generoso y está preparado para la reforma que proclama la democracia.

 Zarco, quien destacó como periodista y fue diputado al Congreso de la Unión y más tarde diputado Constituyente, dijo ante sus colegas "Vosotros, los hombres sabios, los hombres superiores, los que veis en México una tribu de salvajes, debéis ruborizarnos de tener que representarlo.

 "Si yo pensara como vosotros, me avergonzaría de ser diputado.

Para no capitular con el vulgo, para no representar a una horda que está sumergida en la barbarie, bien haríais en renunciar vuestro mandato de representantes.

 Perderíamos a muchos sabios, nos quedaríamos sin muchos economistas, sin muchos hombres de Estado, sin muchos diplomáticos, pero tan grandes notabilidades no merecen representar al pueblo idolatra, que va a levantar teocalis. Los que tan triste idea tienen de su pueblo, estarán avergonzados de hablar en nombre de masas brutas; no sé cómo quieren dirigir sus destinos e irlas a representar al extranjero.

 Señores, aquí se evoca lo pasado. El señor Lafragua quiere volvernos a 1846. Otros intentan que retrocedamos a 1824, y hay un partido, que todos conocemos, que suspira por 1808.

Los hombres del porvenir, los hombres del progreso, no retroceden jamás.

Esos argumentos fueron vertidos por Zarco a quienes se oponían en aquel tiempo a realizar una reforma para la libertad de cultos.

La simiente está echada, ha caído en buen terreno y ella fructificara, yo lo aseguro, porque tengo fe en Dios, porque creo en la ley del progreso y porque no temo que un Dios justo y misericordioso haya decretado la ruina de esta nación desventurada.