09/Dec/2019
Editoriales

Inspirar la compra, no provocar la venta

Desde la aparición de las redes sociales el mundo del marketing ha sufrido un giro de 180 grados. Los flujos de información, los ciclos de compra y antiguas técnicas de venta se quedan obsoletas. Y es que las redes sociales han llevado las relaciones personales hasta convertir la venta en social selling.

 El arte comercial ya no está en una suerte de arte o don de ventas, sino que más bien se trataría de generar el arte de la compra. El protagonista no es el producto, sino el cliente. Sus necesidades, sus aspiraciones y sus deseos. Y, lo que es más importante, sus intereses y la forma en la que las marcas los comparten con él, afirma Juan Martín, Profesor en las Áreas de Dirección de Empresas y Mercadotecnia Digital además de Jefe de Estudios de Cerem International Business School.

  El Social Selling se enfoca en  vender sin vender. De crear relaciones y de prescribir. De convertir a las marcas en líderes de opinión, en fuentes de información fiable para clientes potenciales. Y esto va mucho más allá del grado de especialización para entroncar con valores y emociones.

  Que el público encuentre una noticia que le conmueva compartida en las redes sociales de una empresa y la retuitee. Que comente en el blog o le dé una recomendación al puesto que acaba de publicar la compañía en LinkedIn es, en ocasiones, más importante aún que otros indicadores para que el cliente confíe en la marca y se decida por completar el ciclo de compra.

  De esta manera, el objetivo principal del social selling es la gestión de redes sociales en torno a la marca con el objetivo de establecer un clima de confianza en la comunidad y ganarse el reconocimiento de cada uno de los usuarios potenciales. Este aporte de valor hará a los seguidores avanzar con más seguridad en el funnel o embudo de conversión.