01/Oct/2020
Editoriales

La verdad no peca pero…

Jesús Reyes Heroles fue un filósofo metido a la política. Pronunció grandes discursos que enmudecían a más de cuatro que debían hablar después de él en eventos públicos.

Siendo presidente del PRI nacional, vino en 1973 a tomarle protesta como candidato a gobernador a Pedro Zorrilla Martínez, un joven talentoso y culto nacido en Monterrey, pero desarraigado de Nuevo León. Había en aquel momento muchas críticas por ese motivo y la prensa se regocijaba publicando las despectivas frases de algunos políticos, contra el que venía de candidato en vez de Martínez Domínguez, quien había hecho un gran trabajo político de pre campaña y su nombre pesaba, mientras Zorrilla había sido secretario general de gobierno de Tamaulipas y un discreto procurador de justicia del Distrito Federal.

A la hora de tomarle la protesta, Don Jesús pronunció una pieza oratoria impresionante, con referencias filosóficas y verdades axiomáticas, obsequiando una inolvidable lección a los presentes que no querían a un candidato que había hecho su carrera política fuera de Nuevo León.

Recordó a Ignacio Morones Prieto quien llegó en lugar de Eduardo  Livas Villarreal, que estaba en un caso similar, pues Morones se había formado en San Luis Potosí, a pesar de ser linarense, y realizó un estupendo trabajo en sólo tres años de gobernador.

Y lo más agudo de su discurso fue cuando acusó -sin decirlo- de hipócritas a aquellos que le regateaban a Zorrilla su apoyo por las causas mencionadas, pero abrazaban con todas sus fuerzas a Don Alfonso Reyes, “el regiomontano universal” de fama internacional por sus loables textos históricos, filosóficos y poemarios, pero que tampoco se había formado profesionalmente en Nuevo León.

Huelga decir que, al término de su discurso, nadie osó decir nada, mucho menos gritar las consignas que habían ensayado rechazando a Zorrilla.