05/Dec/2020
Editoriales

La maternidad

Ayer fue el Día de la Madre, el gran personaje reconocido por la sociedad, sagrado y adorado por sus hijos. Se ha dicho que como Dios no podía estar en todos los hogares del mundo, envió a cada uno de ellos una madre para representarlo. Y para que una mujer adquiera la más alta categoría que la naturaleza otorga, requisito sine qua non es, que se convierta en madre.

 

Todas las civilizaciones históricas han respetado y reverenciado a la maternidad. No puede ser casual que desde las primeras estatuillas de barro africanas, hasta las mesoamericanas y de indígenas norteamericanos sean de mujeres embarazadas. Esto, desde luego, sólo confirma la estima universal por las madres.

 

Se puede fácilmente advertir que en la antigüedad las diosas de la maternidad eran diferentes a las de la sexualidad. La Coatlicue en los aztecas, y Juno en los romanos, eran diosas de la maternidad. Su perfil era de mujeres puras y ejemplares, mientras que la azteca Tlazoltéotl y la romana Venus, eran diosas de la sexualidad con un talante pícaro, por decirlo suavemente. En la cultura judeo-cristiana la madre de Dios  -la Virgen María-, es el modelo pletórico de pureza y de virtudes. 

 

Desde luego que la maternidad terrenal también ha ocupado un sitial privilegiado.  Era concepto recurrente en las culturas mesoamericana y romana que si una mujer moría en el parto, su alma iba directo al paraíso. Luego de dar a luz, las madres eran y siguen siendo intocables y tratadas siempre con respeto durante la lactancia.  

 

Una mujer parturienta era acompañada por una matrona que, en la mayoría de las culturas, eran mujeres maduras, incluso podría ser la abuela del recién nacido. Durante el parto se desarrollaba un ritual con rezos, inciensos, uso de mantas nuevas, corte del cordón umbilical -si el recién nacido era varón, el corte lo hacía el padre en algún ritual especial-, el inicio de la lactancia, y luego un obligado reposo. 

 

La maternidad era una auténtica batalla de peligro mortal. En 1928, un 20% de las mujeres morían “de parto”, y luego seguía una odisea, porque sólo el 33% de los hijos llegaba a la edad madura. Después del descubrimiento de la penicilina, en 1928, creció el número de mujeres que sobrevivían al parto y disminuyó drásticamente el índice de mortalidad infantil. Con la medicina moderna se puede tener más hijos con menos partos. Antes se necesitaba tener doce hijos para que sobrevivieran cuatro, y ahora son suficientes cuatro o cinco partos para que cuatro hijos lleguen a ser adultos. 

 

Otro aspecto que se debe considerar para ponderar adecuadamente a la maternidad humana es que la mujer es la única hembra en la naturaleza que requiere de asistencia para parir. Esto se debe al descomunal tamaño del cráneo humano, gracias al cual se puede desarrollar tan notable inteligencia del homo sapiens, pues hasta las primates pueden parir sentadas sin ningún apoyo. Esta necesidad de ayuda en el parto es una de las más importantes causas de que el humano requiera vivir en congregaciones.  

 

La maternidad en México

 

Desde la Colonia, las mujeres mexicanas tomaron un rol decisivo en la crianza de los hijos. Muchos provenían de indias violadas por los europeos (sus hijos eran parias ante los indios, pero mestizos, es decir, con más privilegios), y otros eran hijos de hombres desplazados para trabajar en minas o en lugares lejanos. Así, la madre fue haciéndose “dueña” de los hijos; los padres eran sólo proveedores y en ocasiones malos proveedores, en una complicada relación entre machismo y matriarcado.  

 

Desde luego, siempre hubo mujeres que trabajaban en el servicio doméstico, o en el comercio de alimentos, por lo que debían darse sus habilidades para criar a sus hijos, o llevarlos a los centros de trabajo. Porque al principio sólo las mujeres de escasos recursos laboraban. México fue uno de los primeros países en donde las mujeres estudiaron obstetricia. En Monterrey, a partir de 1853 y durante el porfiriato fueron aumentando las carreras para mujeres en las áreas de comercio, letras, y enfermería, iniciándose una clase media preparada con ambos padres trabajando. 

 

A partir de los años treinta del siglo XX, con la masificación de la educación pública, la mujer comenzó a diversificar su rol de madre trabajadora. Hoy día en Monterrey, el 24% de las familias son dirigidas o sostenidas por mujeres. En cuanto a la maternidad, el 88.3% de las regiomontanas mayores de 30 años han sido madres. El 18.3 de las regiomontanas han tenido un solo hijo; el 28% ha tenido dos, el 26.8% tres hijos, el 12.1% ha tenido cuatro hijos y sólo un 13.5  ha tenido cinco o más. 

 

La madre humana es única en la naturaleza

 

Desde luego que la maternidad no es exclusiva del género humano, pues el mundo animal se ha perpetuado gracias al determinante papel desempeñado por las hembras madres. Pero la intensidad natural que se vive en la maternidad es inversamente proporcional al número de hijos. Es decir, una hembra que pare pocos críos vive más intensamente sus partos que aquella que pare muchos. 

 

La mujer puede tener partos dobles o extrañamente triples o de mayor número de hijos, pero en el otro extremo está la araña Stegodyphus que pone un saquillo con unos tres mil o cuatro mil huevos en lo alto de un matorral, y hasta ahí llega su maternidad. Porque los huevos eclosionan, y las pequeñas crías tejen algo así como un paracaídas o parapente y solo esperan a que el viento las disperse. 

 

La hembra del cocodrilo entierra de diez a cincuenta huevos -según la especie- en algún lugar a media distancia del río, luego cuida el nido y cuando eclosionan los huevos, con inusual cuidado, tratándose de criaturas tan primitivas, toma una a una sus crías y las lleva a un lugar en donde abunde el alimento, y ahí termina su maternidad; ya lo que sigue corre a cargo del hijo. 

 

La hembra del leopardo tiene hasta cuatro cachorros. Durante las primeras tres semanas los oculta en un cubil y, a partir de entonces, a los 18 meses se deshace de los machos y a los 24 meses de las hembras. En los cachorros de leopardo el promedio de sobrevivencia es de solo uno, aunque pueden ser excepcionalmente dos. 

 

Otros grandes animales como el elefante, la ballena, el camello y los grandes simios -orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas- tienen una sola cría y la cuidan durante años. La infancia del orangután es la más larga en el mundo animal, pues se extiende por siete prolongados años. 

 

En cambio, la maternidad humana es por mucho la más larga de todas en la naturaleza. Se extiende entre los 16 años (en muchos países esa es la edad laboral), hasta los 24 de edad, al graduarse de la universidad y en muchos casos perdura eternamente. Lo común entre los seres humanos es que la maternidad dure toda la vida, pues la mayoría de las madres están atentas al devenir de la vida de sus hijos, para que, cuando lo requieran, ayudarlos.  

 

Dijo el austriaco Theodor Reik, que la naturaleza ha preparado mejor a las mujeres para ser madres y esposas, que a los hombres para ser padres y maridos; los hombres tienen que improvisar. Pero con el respeto que merece este famoso psicoanalista, creo que su tesis parece ser una justificación de las injusticias cometidas por el hombre en contra las madres.  

 

 

 

 

 

 

FUENTES 

 

 

Gen. Stegodyphus Simon, 1873". World Spider Catalog Version 20.0. Natural History Museum Bern. 2019. doi:10.24436/2.