22/01/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Simón de Herrera y Leyva

A finales del Siglo XVII la corona española descansaba sobre las sienes de Carlos IV quien había encomendado al virrey Manuel Antonio Flores Maldonado llevar a toda la Nueva España las llamadas reformas Borbónicas.

Para aplicarlas en el Nuevo Reino de León, se requería un gobernante que optimizara la administración, la recaudación de impuestos reales y que tuviera capacidad militar para el resguardo del territorio ante las posibles invasiones extranjeras e incursiones de los indios salvajes. La persona que garantizaba lo anterior se llamaba Simón de Herrera y Leyva, quien fue nombrado gobernador en 1795. 

Español nacido en Tenerife, Islas Canarias en 1754, ingresó a la milicia de Güimar a la tierna edad de nueve años. Su nivel primero fue de subteniente, pero el tema de las armas siempre se le dio, así que apenas tenía 15 años de vida, cuando fue ascendido a capitán. En 1782 luchó en Venezuela, de 1788 a 1794 se le comisionó inspeccionar las colonias de la Nueva España, y luego, gobernador del Nuevo Reino de León.

La situación del reino antes de la llegada de Herrera y Leyva.

Simón de Herrera y Leyva vino a sustituir a Manuel Bahamonde y Villamil, quien construyó a principios de la década de 1790 el campanario de la Iglesia Parroquial, ahora la Catedral. Cuando presentó a las autoridades eclesiásticas el informe de la situación que guardaba la ciudad, incluyó un plano de Juan Bautista Crouset, y la advertencia de que crecía la posibilidad de cambiar la sede episcopal, sobre Santa Rosa María del Sacramento (hoy Múzquiz, Coahuila).

Pero Monterrey mantuvo la sede. En 1792 llegó Andrés Ambrosio de Llanos y Valdez como obispo y al ver que la ciudad no tenía catedral, a ello se abocó. Buscando su ubicación, identificó “un bello campo al norte de la ciudad” para construir una nueva catedral. Esto permitiría además extender la ciudad hacia el norte, aprovechando que ya existía un viejo camino -hoy avenida Juárez-, y que contaba con la vecindad de nuevos solares propios para un convento de Monjas Capuchinas, más un Hospital.

Las formas actuales de sustituir a un funcionario público por otro no han cambiado mucho desde entonces, pues Bahamonde presentó una renuncia por motivos de salud: el 4 de abril de 1795, el Cabildo de Monterrey acusa la ausencia “por enfermedad del señor Coronel Don Manuel Bahamonde y Villamil, Gobernador Político y Militar de esta Provincia del Nuevo Reino de León”. Para su relevo el Cabildo, que dirigía el regidor alguacil mayor, Francisco Javier de Urresti, acusó la siguiente orden real:

“Don Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Castilla de León de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, De Menorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova de Córcega, de Murcia, de León, de Gilbraltar, de los Algarves, de Algecira, de las Islas de Canarias, de las Indias Orientales, y Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña de Bravante, y de Milán; Conde de Abspurgo [Hansburgo] de Flandes, Tirol y Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina etc. = Por cuanto atendiendo al mérito y servicio de vos el Capitán de Infantería Don Simón de Herrera, Gobernador de San Luis Colotlán en Nueva España, he venido por mi real decreto de veinte y dos de abril de este año en conferiros el gobierno militar, y político, de la provincia del Nuevo Reino de León en aquellos dominios, vacante por salida del coronel de milicias Don Manuel Vahamonde; por tanto mando al virrey gobernador y capitán general de las provincias de la Nueva España y al regente, y oidores de mi Real Audiencia que reside en la ciudad de México, tomen y reciban de voz el nominado Don Simón de Herrera, el juramento acostumbrado con la solemnidad...”

Rompimiento de Herrera y Leyva con el obispo Llanos y Valdés.

Ya en el ejercicio del poder, el gobernador Simón de Herrera y Leyva dedicó sus primeras acciones en dos rubros. El primero fue el desarrollo urbano. Consideró más importante hacer obra pública que edificar las construcciones monumentales religiosas que pretendía el obispo Llanos y Valdez. Por tanto, suspendió las obras de la pretendida catedral, así como las del convento de las capuchinas y el hospital, motivo suficiente para ingresar a la lista de los enemigos de Llanos y Valdés, pero el gobernador Herrera ni se inmutó. Esto en aquellos tiempos, era temerario.

Ese presupuesto que no invirtió, lo destinó a construir dos puentes que servían como represas al Río Santa Lucía; “dos puentes construidos... Éstos... (que) sirven regularmente de presas... pues están sobre los célebres ojos de agua que forman un río dentro de la misma ciudad”. Estas dos presas sirvieron para fomentar la economía pues el propio gobernador hizo sembrar crías de robalo, trucha y langostino. 

El origen del Barrio Antiguo de Monterrey 

Así mismo, al cancelar el proyecto urbanístico de Llanos de Valdez, el gobernador Simón de Herrera y Leyva solicitó a Crouset hacer otro plano de la ciudad, ahora proyectando el desarrollo hacia el norte y el oriente, el cual realizó y dio nacimiento a lo que hoy conocemos como el Barrio Antiguo.
Continuó impulsando un sano desarrollo urbano, ordenando que se limpiaran las calles, que se cercaran los corrales, y se pintaran las casas de blanco. Además, el gobernador Herrera y Leyva prohibió la construcción de jacales en el centro de la ciudad. Estas medidas llevaron a una mejoría notable del paisaje urbano de Monterrey.

El segundo rubro en el que trabajó para cumplir con la orden real, fue en la reorganización administrativa del estado. Advirtió que, a pesar de que entre los regiomontanos había capacidad intelectual, faltaba gente instruida para ocupar cargos reales. Esto porque los cargos existentes apenas podrían cubrirse, y él buscaba que las cajas reales (tesorería local) permanecieran en Monterrey.

Diagnosticó que los nombramientos de los Cabildos de Monterrey y Linares funcionaban apenas de forma mínima pues faltaban por designar algunos cargos según las ordenanzas reales de 1575 pero no había personal capacitado para cubrirlos.

Lo mismo señaló que las plazas se vendían, según el estilo de la época, hasta en quinientos pesos “pero que no valían más de cuatrocientos” lo que forzaba a que solamente los mismos individuos pudieran comprarlas y se monopolizara el poder.

Aplicación de las reformas Borbónicas

Reestructuró el gobierno cancelando algunos puestos que sólo representaban erogaciones a la corona, como los regidores honorarios, alguaciles y otros relacionados con la minería pues esa actividad no era grande y sus funciones de control podrían realizarlas los funcionarios ordinarios.

Erige Herrera y Leyva la primera gran obra 
hidráulica en Monterrey 

Durante el gobierno de Simón de Herrera y Leyva, el Nuevo Reino de León contaba con 43 mil 739 habitantes. Se tienen datos de que 3 mil 084 se dedicaban al campo, mil a la minería, 210 eran arrieros, 520 artesanos y 200 a la carretería. Este gobernador tiene en su haber la construcción de la primera gran obra hidráulica de la ciudad, pues al terminar las obras de las dos presas, la ciudad se irrigaba durante todo el año, y las acequias alcanzaban una extensión de cuatro leguas cuadradas. 

En materia de desarrollo urbano, la ciudad tuvo una buena imagen pues remodeló las áreas públicas y se extendió rumbo al norte. En cuanto a la administración del gobierno, Simón de Herrera y Leyva se esmeró en modernizar toda la administración, aunque los ingresos se redujeron por motivo de las defunciones provocadas por las enfermedades contagiosas como la epidemia de viruela. 

La población en la comarca de Monterrey, era de: 270 personas en el Huajuco (Santiago), en San Pedro y Santa Catarina 140, en Pesquería Grande (García) 150 y en Cadereyta 600.
  
Va Herrera a defender el territorio nacional en contra de Estados Unidos.

Simón de Herrera y Leyva es uno de los primeros defensores de nuestro territorio ante la ambición norteamericana. En 1806, el gobierno de Estados Unidos presentó su primera controversia territorial sobre la recién adquirida Louisiana (La compró a Francia) contra Texas, México. Para no correr riesgos, el virrey envió a Simón de Herrera y Leyva al mando de las tropas del Nuevo Reino y de Coahuila para salva guardar esa frontera, y en esa ocasión tras algunas escaramuzas menores, la frontera se quedó donde siempre debió ser, en el Río Sabinas, entre Texas y Louisiana.

De ahí se derivó su nombramiento como Comandante de las Provincias internas de Oriente, dejando a su hermano Pedro de Herrera y Leyva como gobernador del Nuevo Reino de León. Sin embargo, en el juego de equilibrios políticos, el Virreinato nombró posteriormente gobernador a Manuel de Santa María, y siendo aún Simón de Herrera el comandante de las Provincias Internas de Oriente sucedió que Santa María se convirtió en insurgente, y al poco tiempo los dirigentes de la insurgencia nacional Hidalgo y Allende que incursionaban en su territorio, fueron traicionados y capturados. 

El choque de Herrera con Bernardo Gutiérrez de Lara 

Pero en 1812 no había desaparecido totalmente la insurrección. En Texas continuó operando un grupo insurgente integrado por tejanos, sajones, mexicanos, criollos novohispanos, ex soldados realistas e indígenas, dirigidos por Bernardo Gutiérrez de Lara que, saliendo de Nacogdoches el 7 de agosto, marcharon sobre Goliad, y tomaron el presidio de la Bahía.

La respuesta fue que el ejército español los sitió en el fortín de la Bahía, del 13 de noviembre de 1812 al 19 de febrero de 1813, sin embargo, no pudieron romper la defensa insurgente, así que los realistas se retiraron hacia San Antonio. Eso fue como si hubieran tocado en el clarinete la voz de ataque y de pronto las cosas se voltearon. Los insurgentes persiguieron a los realistas para, ya en marzo de 1813, las fuerzas realistas de Simón de Herrera y Leyva, planearon emboscarlos en un meandro del arroyo de Rosillo. Sólo que falló la emboscada y los insurgentes cayeron sobre los realistas matando a 100 soldados realistas y capturando seis cañones y 1,500 caballos.

Simón de Herrera y Leyva muere fusilado

Los demás realistas se retiraron hacia San Antonio, donde el primero de abril se rindieron al ejército insurgente. Sin embargo, dos días después, Simón de Herrera y Leyva y otros 12 de sus compañeros, fueron ejecutados por los insurgentes. Sus cuerpos permanecieron insepultos hasta que un fraile de nombre José Darío Zambrano, los recogió, y los sepultó en la catedral de San Fernando en San Antonio del Bejar, Texas.

Fuentes 
Archivo de Monterrey
Ramo actas de Cabildo 
V 1795
José Eleuterio González, Obras Completas, CONACULTA.