14/Jul/2020
Editoriales

La Bandida, Graciela Olmos

Entre los personajes más populares de los años 50s del pasado siglo, en el mundo de la farándula y la vida nocturna de la Ciudad de México, el nombre de Graciela Olmos ocupa un lugar de referencia tanto en cantantes, bohemios y gente de la política que visitaban su casa de Durango 247.

 Nació con el nombre de Marina Ahedo en la Hacienda de San Buenaventura, perteneciente a Casas Grandes, Chihuahua el 12 de abril de 1895. Sus padres trabajaban en una Hacienda y ella hacía labores de limpieza. Un grupo de asaltantes comandados por Jesús Hernández apodado “el bandido” tomó por asalto la hacienda matando a sus dueños y trabajadores,  siendo los únicos sobrevivientes Marina que entonces tenía 12 años y su hermano Benjamín que no llegaba a 10.

 La vida los lleva a Irapuato,  donde ella entra a un convento y Benjamín al Seminario,  donde pasados los años se ordenó sacerdote. Durante la revolución, llegan a Irapuato las fuerzas de Pancho Villa y se vuelve a encontrar con Jesús Hernández “el bandido” de quien se enamora y contrae matrimonio. Duraría casada poco tiempo, ya que en la batalla de Celaya, fue asesinado . Ya para ese entonces y siendo soldadera de Pancho Villa le llamaban “La Bandida” en razón al apodo de su esposo.

 Se cambia el nombre por el de Graciela Olmos y viaja a Chicago, se introduce con Al Capone en el contrabando de vinos por varios años, hasta que es buscada por las autoridades. Regresa a México por Ciudad Juárez vestida de hombre. En una maleta traía 46 mil dólares. Tras una breve estancia en Tampico, llega a la Ciudad de México e ingresa al Colegio de las Vizcaínas.

 Un personaje que permanece oculto en la cultura popular y que abarca no pocas facetas. Sale del Colegio y conoce a Ruth Delorche, amante de un político de alto rango y con ella pone una casa de prostitución llamada “Las Mexicanitas”.  Asiduo cliente a ese lugar fue Agustín Lara, quien le compone a Ruth la canción “Señora tentación”.

 Al final del del sexenio del General Cárdenas,  Graciela abrió su propio negocio “La casa de La Bandida”, un palacete en la Colonia Condesa compuesto por amplios salones, según la categoría de los clientes, donde asistían desde intelectuales como José Alvarado, Alfonso Reyes, José Pagés Llergo, toreros como Lorenzo Garza, Luis Castro “el soldado” y el mismo Manolete. Diego Rivera y Hasta Pablo Neruda pasaron por el lugar,  amén de políticos como Maximino Ávila Camacho,  Adolfo López Mateos, Fidel Velázquez (sin sombrero porque siempre lo olvidaba) y Fernando Amilpa sin dejar de mencionar a Ernesto P. Uruchurtu quien según La Bandida le había regalado esa casa. También algunas veces se vio a Fidel Castro Ruz . A “sus niñas” las preparaba, dándoles clases de literatura, gimnasia y natación. Muchas de ellas salieron a formar un hogar casándose con personalidades encumbradas de la política y los negocios.

 Otra faceta de Graciela Olmos fue su inspiración; compuso cerca de 200 canciones, entre las más conocidas: “Siete Leguas”, “La Enramada” , “Carabela”, “Corrido de Durango” y “El Corrido de Benjamín Argumedo”. Alguna vez Alfonso Reyes le comentó que su inspiración era poética porque una parte de la canción “Siete Leguas” menciona “en la estación de Irapuato cantaban  los horizontes” a lo que Graciela le dijo que se refería a un trío que así se llamaba.

 Mención especial merecen los artistas que pasaron por esa casa tanto como clientes o como empleados (tenia 100 meseros y 8 cocineras).  Como empleados, el trío Los Panchos, los Diamantes, Alvaro Carrillo, Pepe Jara y Marco Antonio Muñiz, a este último,-cuya amistad era proverbial -Graciela lo consideró como un hijo, hasta que llegó un momento en que según Marco Antonio lo corrió, le regaló una finísima guitarra y le dijo “es necesario que vueles, aquí te estas desperdiciando” y efectivamente, el mundo lo esperaba. Así una larga lista de artistas como Cuco Sánchez, Benny More y Carlos Lico, entre otros.

 Avanzada a su tiempo, defendió a las mujeres mediante movimientos sociales y políticos. Cuando a José Pagés Llergo lo despidieron de la revista “HOY” por publicar una foto de Carlos Girón, yerno de Miguel Alemán viendo a una modelo en Paris en plena luna de miel, Graciela Olmos se presentó para ofrecerle dinero y fundara lo que es hoy la Revista Siempre.

 Murió un día 31 de mayo de 1962, en la pobreza y olvidada por muchos a los que ayudó, en los brazos del cantante Marco Antonio Alcalá. Fue amortajada por la Madre Superiora de un asilo de huérfanos que Graciela mantuvo siempre y los santos óleos se los suministró su hermano Benjamín, sacerdote a la que “La Bandida” le llamaba “el beato”. Su mejor epitafio fue una parte de la canción que ella compuso: ” Ya la enramada se secó/ el cielo el agua le negó “.