15/11/2018
Editoriales

Entrecurules 12 08 18

El 19 de abril de 1887 el diputado federal Porfirio Parra dijo en un discurso que México estaba ante la disyuntiva del reeleccionismo o el antirreleccionismo, argumentos válidos hoy en día para no irnos por el camino del reeleccionismo que provocó luchas armadas en 1910.

 La Constitución de 1857, fruto de oro de la idea democrática, estableció en los artículos 78 y 109 los requisitos que debe llenar un ciudadano, a quien el voto de los demás designe para ocupar la primera magistratura de la nación. Y a juicio de Parra se debe mantener el principio de la no reelección.

 Y ese principio es el que después de muchos siglos de profundas meditaciones y de discusiones agitadas; el que después de muchos años de luchas sangrientas ha llegado a ser una verdad al alcance de todos, y a constituir una especie de lugar común del espíritu moderno; es aquel principio que afirma que el único origen positivo de la autoridad, que su única base legal, que la única fuente del derecho de gobernar reside en la voluntad de los gobernados.

 Y Parra dijo en aquel entonces que todo lo que ponga trabas al ejercicio y a la manifestación de esa voluntad, debe considerarse en pugna con el espíritu de nuestro Código y suponerse inspirado, no por la ninfa Egeria de los intérpretes de las voluntades públicas, sino sugeridos por esas ofuscaciones que perturban los ánimos más serenos, como los nublados encapotan los cielos más puros.

Y planteó: si el pueblo mexicano es libre para fijarse en quien quiera y confiarle el timón de los destinos públicos "se ha de quitar ese derecho, sólo porque el candidato está ejerciendo la Presidencia de la República?

 No sólo siguiendo el hilo de estas consideraciones, pudiéramos ir más allá y decir que entre lo que entre nosotros se llama el principio de la no reelección, es tan ilógico que sus bases como opresivo y antidemocrático en sus tendencias.

 Y la oposición de Parra fue porque dice el permitir la reelección se abre un  resquicio, una puerta abierta, y porque ese resquicio, por esa puerta, se pueden deslizar o un partido político que quieran perpetuarse en el poder. "Nosotros hombres de 1887, debemos desechar la reelección, porque no corresponde a ninguno de los sistemas definidos, que este particular se disputan la opinión pública, porque no es constitucionalista neto, ni antirreleccionismo franco; porque en vez de satisfacer las exigencias de los partidos extremos, los irrita y exalta, prometiendo a los unos una libertad imaginaria y ofreciendo a los otros una garantía ilusoria.

Hoy muchos años después estamos ante la disyuntiva de la antirreleccionismo o el antirreleccionismo.

Que Dios ilumine al nuevo gobierno para no convertirse en una dictadura. El pueblo lo México estará ahí para decir no a los dictadores o tiranos. Ya lo hizo una vez en 1910 y tumbó a Porfirio Díaz.