08/Jul/2020
Editoriales

Lo que faltaba, viene la hambruna

El oficio de escribidor da satisfacciones cuando se tratan temas agradables, pero cuando se escriben desapacibilidades siempre se escuchan abucheos. Hoy, contra mi acostumbrada devoción al optimismo, hablaré de un tema por demás negativo, del muy probable escenario apocalíptico en materia alimenticia. 

En sus mejores tiempos, significados en el año 2006, el mundo producía cincuenta por ciento más de los alimentos requeridos para que la humanidad comiera bien. Y aún así había 500 millones de personas en pobreza alimentaria extrema. El origen del desequilibrio es la mala distribución de alimentos por causas diversas. Luego nos pegaron la crisis de Wall Street en 2008 y el cambio climático, incrementándose hasta llegar a 850 millones de seres humanos en esa triste condición. 

A finales de 2019 el Programa Mundial de Alimentos denunciaba hambrunas en el noreste de Nigeria, República Democrática del Congo, El Sahel -zona económica de Mauritania, Mali, Burkina Faso, Argelia, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Eritrea, Etiopía y parte de Senegal-. En nuestro México, el 59% de los niños tuvo una diversidad mínima en su dieta pero el 18% no comió frutas ni verduras, y el 30% de la población rural no consumió los nutrientes necesarios para gozar de una buena salud. 

Todo esto es grave, pero lo infame es que luego de seis meses de sufrir la pandemia de covid 19, la ONU advierte una tremenda hambruna de  “proporciones bíblicas” que habrá dentro de pocos meses. Esto llevará a 130 millones de personas hasta los niveles de inanición y a otros 100 millones a la pobreza alimentaria grave. Dice que 43 millones de latinoamericanos sufrirán un deterioro grave en su dieta. 

“Mientras enfrentamos una pandemia de Covid19, estamos al borde de otra pandemia de hambre”, dice el director del Programa Mundial de Alimentos David Beasley, al consejo de seguridad de la ONU. “Existe un peligro real de que más personas puedan morir potencialmente por el impacto económico de covid-19 que por el virus en sí”. 

Esta gran tragedia se nos viene encima porque Asia central -Paquistán, Afganistán, Kazajistán, Uzbekistán, etc- paralizó su producción agrícola pues sus socios europeos cerraron fronteras.  Mientras el campo africano agoniza entre guerras, inseguridad, el covid19, un brote de ébola y la sequía. 

Porque Europa no produce alimentos suficientes para su consumo, tan solo artículos de lujo; es un gran importador de alimentos. Estados Unidos está colapsado por la pandemia, pues su amplio centro geográfico, el gran productor de alimentos, tiene una población envejecida, el grupo que más peligro corre por la pandemia. 

Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, los grandes productores de carne y granos en América Latina, están sufriendo ahora una plaga de langostas, que por cierto, hay muchas posibilidades de que nos llegue a México. 

Desde luego que el campo mundial no está totalmente detenido, pero la cadena productiva de alimentos tiene varios eslabones varados, como la industria química y semillera, hasta los medios de distribución. Que haya un centenar de países con fronteras cerradas complicará la distribución de semillas, fertilizantes, maquinaria agrícola, empaques, conservadores, y desde luego, productos alimentarios. 

El Programa Mundial de Alimentos sólo ayudará a 186 millones de personas este año, y los afectados por la hambruna serán más de mil millones. Esta gravísima crisis alimentaria le pegará a unos 30 países, y el resto del mundo, según la Organización Internacional del Trabajo, perderá unos 300 millones de empleos. Ya son mil 600 millones de personas que sufren “daños masivos en su capacidad de ganarse la vida”, así que la hambruna llegará hasta muchas familias de los países ricos. 

Además, la escasez de alimentos, combinada con las leyes del mercado, encarecerá los productos y sólo podrán pagarlos los adinerados. La otra pandemia es la carestía. 

Esta escasez y carestía de alimentos perjudicará más a los países que los importan, como la UE, Estados Unidos, Japón, Canadá, Singapur, Corea del Sur y por desgracia, México. Es posible que se las ingenien para que no haya desabasto mayor, pero el alza en los precios llevará a los más pobres a la deficiencia alimentaria. 

En los grandes almacenes locales el frijol de primera, de marca y embolsado cuesta 50 pesos el kilo -eufemísticamente 49.50- cuando en noviembre pasado costaba 32 pesos, y el de segunda clase, a granel, hoy cuesta 38 pesos y en noviembre costaba 22 pesos. El arroz normal de marca en bolsa, el de grano largo, hoy cuesta 38 pesos cuando en noviembre costaba 30 pesos; el kilo de milanesa en carnicería costaba entre 120 y 144 pesos, pero hoy vale de 179 a 195 pesos el kilo. 

Los precios se elevan, mientras crece el desempleo y el subempleo. Lo peor es que esta escalada de precios, previa a la hambruna, se realiza sin sanciones de la PROFECO.   

 

 

Fuentes: 

 

 

 

https://sostenibilidad.semana.com/actualidad/articulo/plaga-de-langostas-amenaza-a-cuatro-paises-en-suramerica/52353 

 

https://www.wfp.org/?_ga=2.15795894.1469709851.1593487339-250723881.1593487339 

 

https://insight.wfp.org/how-the-democratic-republic-of-the-congo-goes-from-epidemic-to-epidemic-830eec0bc296 

 

https://es.euronews.com/2020/04/29/oit-mas-de-300-millones-de-personas-perderan-sus-empleos-por-el-covid-19