23/06/2018
Editoriales

Modificar Realistamente Nuestra Constitución

El Artículo 34 de nuestra Constitución le da la calidad de “ciudadano” a todo mexicano adulto “que tenga un modo honesto de vivir” y el Artículo 35 les da a los ciudadanos el derecho a votar en las elecciones populares. Esa es la bella teoría, pero para que reflejara la triste realidad habría que agregar dos apostillas al texto: La primera diría “Claro que los votos de la mayoría, muchos de quienes no pagan impuestos personales ni tienen buen nivel educativo, tendrá que ser manipulado en forma clientelar por los gobernantes”; Y la segunda diría: “Para financiar esta manipulación clientelar los gobernantes tendrán que “desviar” fondos públicos, parte de los cuales se les quedarán “entre las uñas””: Ya lo dijo Hank González: Un político pobre es un pobre político.

 

   ¿Por qué esta descarada contradicción entre la teoría y la práctica? En primer lugar porque a fines de 1916 y principios de 1917, en un México trepidante, la enorme mayoría del pueblo mexicano no participó en el simulacro de elecciones, sino que la fracción carrancista ganadora seleccionó cuidadosamente a 151 de sus “colaboradores en el aparato gubernamental”, sin aceptar a nadie de las facciones villista y zapatista y, menos  aún, a nadie de la oposición. Como muestra un botón: En un país cuya población en aquel tiempo era en un 90%  católica practicante, ninguno de los “constituyentes” lo era.   

 

   En segundo lugar, porque al tratar de imitar en muchos aspectos las constituciones de países del Primer Mundo, entonces sumido en los horrores de la Primera Guerra Mundial, la cual los había forzado a subir a “la cima de la montaña” de la de la democratización, tras un difícil y prolongado ascenso de un siglo de Revolución Industrial, nuestros “constituyentes” adoptaron la ilusión de que el pueblo mexicano ascendería de inmediato a esa cima, en una especie de globo aerostático, sin tener que subir por la empinada y escabrosa ladera de la lenta y perfectiva democratización.

 

   ¿Qué hizo Plutarco Elías Calles cuando a partir de 1924 le tocó iniciar “la etapa constructiva” de la Revolución? Pues procedió a manipular clientelarmente el voto de las grandes mayorías, creando las centrales campesina, obrera y popular, dándoles tierras, protección sindical y otros atractivos, a cambio de su incondicional apoyo político. Esta política llegó a su primera culminación durante Lázaro Cárdenas.

 

  Y  ¿El Pueblo Mexicano se conformó y, por tanto, dio legitimación a este Proyecto de Nación? Puede decirse que de 1940 a 1968/70 sí se conformó, pues muchos fueron los beneficiarios del “Crecimiento Sostenido” durante 5 “monarquías sexenales”, durante las cuales la clase media aumentó mucho, tanto cuantitativa como cualitativamente. Pero a partir de entonces, se ha dado cuenta de que debe terminar la manipulación del voto clientelar, que permanece vigente hasta el día de hoy, tanto en el PRI como entre muchos de los políticos que se malean en los demás Partidos.

 

   ¿Cómo modificar nuestra Constitución para irla adecuando a nuestra realidad social? Yo propongo empezar con dos medidas: Una es condicionar más el voto, exigiendo para los niveles federal y estatal, además de “un modo honesto de vivir”, el pago de impuestos personales y un cierto nivel educativo, limitando el quienes no cumplan estos requisitos al nivel municipal (Como para manejar un vehículo en zonas pobladas y en carreteras públicas, se exigen ciertos conocimientos y habilidades). La otra es deshacer los sindicatos “nacionales” de PEMEX, CFE y de Maestros, quitando las inconstitucionales cláusulas de Inclusión y de Exclusión de sus contratos colectivos de trabajos, que privan del derecho a esos trabajos a la mayoría de la población.

 

 

Atte.- JVG.- 29-11-17