20/06/2018
Editoriales

La vida enamorada

Me doy cuenta que me he pasado la vida enamorada, no recuerdo un solo instante de mi existencia en la que no lo haya estado, por supuesto habrá quien lo dude y claro, lo hará porque como la mayoría de las veces que se habla de amor estará pensando en esas mariposas en la panza que según se dice “debemos” de sentir cuando estamos cerca del ser amado.

Yo, sin embargo, me refiero a otro tipo de amor, ese que se convierte en verdadero motor en la vida, recuerdo haber sido una niña muy querida, casi  consentida, mis abuelos maternos veían literalmente por mis ojos, tuve además la suerte de ser la hija mayor (todo tiene sus ventajas) ya que eso me dio un lugar privilegiado en atención, no porque mis padres hicieran distinciones entre nosotros seis sino porque al ir llegando más y más niños a casa el interés se tenía que ir dividiendo entre cada uno; eso me dio también un sentido de independencia, no podía estar esperando que todo me resolvieran porque había muchos más a quienes atender, entonces comienzas a labrarte un destino de cierto modo en soledad, allí viene el primer conflicto, pensar si realmente estoy rodeada de amor y ¡claro que lo estaba! Solo que de pronto es difícil de reconocer, entonces descubrí desde muy chica que si soy capaz de quererme entonces soy capaz también de recibir y dar amor.

Mi madre me cuenta que me daba por ponerme a cuidar a mis hermanos en el parque, también recuerdo que en alguna ocasión que uno de ellos, Alejandro, con apenas tres o cuatro años dijo que se iba de la casa, yo me quería morir, le pedí a mi mamá que lo siguiera, que no lo permitiera, por supuesto que el chantajista no llegó más que tres metros afuera de la cochera y regresó como si nada, es la primera vez que tengo un recuerdo ligado al amor que me haya dolido, debo haber tenido alrededor de 7 años y la experiencia fue “tremenda”.

El destino me jugó algunas otras malas pasadas como a cualquiera, no creo en eso de que la vida se ensaña con ciertas personas, me parece que el destino es incierto y la forma como tomemos lo que venga nos dará o no las herramientas necesarias para sobre pasar las tristezas que debamos afrontar.

Las pérdidas humanas comenzaron para mí a los 14 años, mi abuelo materno partió y dejó un hueco enorme en mi corazón, en aquel momento lo que pensaba era “yo lo amo” y sentía que al haber terminado su “historia” ese amor llegaba hasta allí, ¡que equivocada estaba! 35 años después el sigue siendo un héroe para mí, lo amo como si aún estuviera en este mundo y sigo pensando en él en presente, sobre todo ahora que vivo en “sus terrenos”, en este sitio en donde él fue tan feliz, “cuna de gente ilustre” como diría su hijo, mi tío Javier. A veces me descubro hurgando en esas calles, imaginando como era su vida, su trabajo, la hora de las viandas y demás, también pienso en mi abuela, mi mamá y mis tíos, imagino su caminata a la secundaria y casi puedo escuchar sus risas a la distancia; y sucede que eso me enamora, me hace el día, me cambia la perspectiva, estoy enamorada de un pasado que no conocí porque alimenta al presente que vivo hoy, me imagino a mi papá llegando aquella primera ocasión a la casa de Mina Santa Bárbara a buscar a su “novia” y muero de risa pensando en el gesto de mi abuelito ante tal solicitud.

La vida y el amor entonces se funden en un solo estado y pasan a dar lugar a historias dignas de ser contadas, a instantes colgados en nuestros corazones que van más allá del amor de pareja.

Y veo entonces también que el amor es continuidad, es tomar las cosas en el lugar que las dejé la última vez que te vi para seguir haciéndolas crecer en el instante del reencuentro, no es necesaria la charla diaria ni el contacto físico, ni siquiera el visual para que el enamoramiento exista, así es que amo a lo lejos del mismo modo que a quien tengo frente a mí.

El amor es convencimiento, libertad de elección, es decir él o ella “es una de mis personas favoritas” por lo que implica su simple existencia, por lo que le regala a la mía y porque aunque muchas personas pasaran frente a mí, serán relativamente pocas las que se instalen en mi vida, algunas podrán permanecer de manera física en ella y habrá quienes por circunstancias del destino deban emprender el vuelo, dejando una parte de su corazón conmigo y llevando de viaje en el maletero un pedacito del mío.

Mi vida por lo tanto es amor, es alegría continua y también tristeza repentina, es cambios de humor, verdades a medias, caminos entrecortados y decisiones que no siempre han sido acertadas, es aceptación, auto consideración y responsabilidad ante las equivocaciones, es afrontar y muchas veces “reparar”, y ¿saben algo? Absolutamente nada de esto sería posible si no viviera enamorada.

Tal cual, el amor me lleva a no ser tan estricta conmigo misma, me quiero, por lo tanto me perdono, te quiero y eso hace que sea capaz de perdonarte, se convierte en una cadena de realidades que nos humaniza y nos pone en escena en esta novela personal que es la vida de cada uno.

Por lo tanto antes de decir aquella conocida frase cancionera de “yo no nací para amar” recuerda que el amor es decisión, consideración y fuerza, si te amas a ti mismo nada en la vida será difícil de sortear porque la mitad del camino estará andado.

 

Me despido con la frase con la que me persigue mi enana TODO el día ¿mami, tú me amas?, yo te amo… y si mi Sofía, la respuesta es que te amo con todo mi corazón, como me amo a mí, a tu papi y a todos aquellos que llenan nuestros días de amor.