25/09/2018
Editoriales

Y si al fin nos damos la mano…

Creo que esta frase de la canción CANTARÉ CANTARÁS de los años ochenta encierra una gran verdad, darnos cuenta que era necesaria una tremenda “sacudida” en nuestras vidas para entender que nos necesitamos unos a otros, que haciendo “mano cadena” nos podemos ayudar, que México en palabras de Taleb Raif, Secretario de la Organización Mundial del Turismo no es un país sino UN MUNDO PROPIO, que hay tanto que nos falta aprender de nosotros mismos por vivir encerrados en la tecnología, la crítica desmedida, el desamor y esa aparente indiferencia que nos lleva a caminar sin voltear la mirada al frente, sin embargo hoy el panorama es diferente, le probamos a la humanidad entera quienes somos, que la sangre que nos corre por las venas está hecha de amor y fuerza, que al momento de voltear a apoyar a quien nos necesita nos olvidamos de los colores del equipo de futbol, del estandarte de la escuela a la que llamamos alma máter, de la religión que se profesa (o con la que no se cuenta) para sumarnos en una misma realidad: hacerle ver al mundo entero que juntos somos verdaderamente dinamita pura, que no hay catástrofe que nos detenga y que basta un puño en alto para hacer callar a la nación entera, así como un vestigio de vida para gritar todos al unísono la emoción de saber que las cosas salieron bien.

Sin embargo también hay algo que salió a relucir con los acontecimientos tremendos de estas últimas semanas; los mexicanos estamos hartos, somos una tremenda bomba de tiempo que encontró el modo de explotar en esta terrible tragedia, nuestras autoridades no tienen el valor necesario para estar en donde están y son simplemente el resultado del hambre en la que se tiene sumida a un pueblo, un pueblo que hoy se sabe capaz de luchar, de salir adelante, un pueblo que pide a gritos soluciones no propuestas, que está harto de promesas de campaña y exige realidades de vida, un pueblo que corre a gritos y palos a quienes se atreven a llegar a “posar para la foto” en lugar de tomar el pico y la pala para ayudar a quienes los colocaron en su favorecida posición.

Se equivocaron los políticos corruptos si pensaron que su teatrito no se caería, si creyeron que les caía de maravilla la tragedia para llenar sus bodegas de víveres y despensas que repartir en sus absurdas, ridículas y carísimas campañas que a nadie interesan.

Basta de promocionarse, de echarse porras solos, si, lo bueno cuenta, pero cuando es realmente bueno, no cuando se trata de despojos y miserias, casi limosnas a un pueblo que exige en resultados la devolución de sus impuestos, de su credibilidad, de su voto sincero.

Me parece que ahora si nuestros estimados políticos la tienen difícil, salir en cadena nacional a decir que el presupuesto otorgado a los partidos para las campañas no se puede utilizar para ninguna otra cuestión (incluida la reconstrucción del país al que representan) los coloca en la peor de las posiciones, la de la falta de empatía, la de mostrar su verdadera cara, la que tiene ojitos de caja registradora en lugar de lágrimas por la desgracia ajena.

Por supuesto que se vale revirar al darse cuenta que se les va la “gallinita de los huevos de oro”, resulta que siempre si se puede, que hay que ver cuanto, que si el 50%, no buscamos un regalo, entiendan que no queremos que los partidos den su dinero, lo que realmente buscamos es que NUESTRO dinero no se les otorgue a los partidos, no se les está pidiendo nada, se les están EXIGIENDO respuestas para ese pueblo que por si ya se olvidaron es el que los puso en donde están.

Me siento orgullosa de mi gente, de mi tierra, que por fin estemos despertando la conciencia social, que no permitamos que un puñado de gente sin corazón esté al mando de esta nación comprometida y valiente, no nos merecemos el gobierno que tenemos, no nos merecemos ser tratados como basura por aquellos que se olvidan de donde vienen, por quienes con su voracidad nos quieren vender la idea de que todo está bien cuando el país se desmorona por sus acciones.

Hasta las mascotas han hecho lo propio demostrando que los verdaderos animales son los que “piensan” con el cerebro, es increíble ver como hay más amor en las acciones de los cuatro patitas que en aquellos que caminan erguidos y vestidos de traje.

Hoy más que nunca le estamos dando una pequeña muestra al mundo de aquello que nos hace diferentes, de ese sentimiento de unidad que nos coloca no por encima de nadie sino a lado de la bondad y la unión.

México va a necesitar mucho tiempo para reconstruirse, a partir de este mes hay muchos más pobres en nuestro país, sin embargo también hay muchísimos corazones dispuestos a ayudar, no dejemos que ese sentimiento sea temporal, hagamos que se extienda, nuestros hermanos nos necesitan hoy, pero nos van a necesitar mucho más mañana y pasado, cuando el sentimiento inicial se vaya disipando y de nuevo la indiferencia nos comience a envolver, hay muchos hijos sin padres y muchos padres sin hijos, familias entera sin hogar ni pertenencias, nos toca por lo tanto ponernos a exigir y concientizar, a no dejar de apoyar y a ofrecer nuestro tiempo y servicio de manera desinteresada como hasta ahora; el país requiere de psicólogos, abogados, arquitectos, médicos y en general de personas de buen corazón capaces de quitarse el pan de la boca y colocarse la capa de héroes anónimos.

Que la llama de la solidaridad no se apague, que al contrario, se propague de manera infinita más allá del tiempo y el horror inicial.

Si el mundo no se acabó ayer 23 de septiembre es porque seguramente aún hay mucho que nos queda por hacer en el, así que dejemos de lado la auto compasión y tomemos en nuestras manos el poder de la acción.

 

“Siempre habrá un lugar para todo ser humano…”