29/Sep/2021
Editoriales

El Buda y su mini-reliquia

Siddhartha Gautamá BUDA, murió a los 80 años alrededor del año 544 adC., a causa de una intoxicación alimenticia. Siendo un asceta eremita -con visión especial del sufrimiento- enfrentó con gran entereza los síntomas, se recostó en un bosque de mangos en Kushi-Nagaara, a 175 kilómetros al noroeste de Patna, y rodeado de sus discípulos alcanzó el paranirvana o paz eterna, estado que sólo alcanzan después de morir los que en vida alcanzan el nirvana, estado de liberación del sufrimiento y del ciclo de renacimientos.

 Al morir, las cenizas y reliquias de Buda -término que significa El Iluminado- fueron repartidas en ocho cajas que se llevaron a otras tantas regiones asiáticas distintas. Sólo una de las ocho ha dejado rastro histórico: en 1592 se expuso en la Corte Imperial china una cajita diminuta de mármol blanco de unos dos centímetros que, del tipo muñecas rusa (matrushka), contenía a su vez cuatro cajas aún más pequeñas, y dentro de la más pequeña se guardaba la reliquia de Buda. Sin embargo, a partir de entonces, se perdió la pista de esta cajita, hasta hace un par de décadas que fue descubierta por unos restauradores que trabajaban en el templo de Yunju, a 75 kilómetros de Beijing.