11/Aug/2020
Editoriales

Cuando mañana puede ser tarde

La vida se vive hoy con lo mucho o poco que te ofrezca, con lo bueno o malo que a cada segundo se presente.

Hay veces que suceden cosas que te dejan en total desconcierto y en primer instancia no lo puedes ni creer, porque sencillamente no las esperabas. Son las grandes o pequeñas sorpresas que suele regalarnos la vida y muchas veces esos acontecimientos que llegan rápido para sorprendernos, forman parte de un paquete de grandes y bellas oportunidades. Cada oportunidad, por supuesto tiene su fecha de caducidad, un tiempo limitado y preciso para ser aceptada o rechazada.

Todas y cada una de estas situaciones, siempre se nos presentarán como  propuestas muy tentadoras que pueden llegar a cambiar el rumbo de nuestro destino. Sin embargo, las oportunidades son como el sol de verano, si no lo aprovechas, mañana se convertirá en sol de otoño y entonces el tiempo te dirá que ya es demasiado tarde para sentir el mismo calor.  

Las oportunidades siempre serán importantes y aparecerán ante nosotros en el momento perfecto, ni antes ni después. Estoy convencida de que existe un motivo especial por el cual llegan a nuestras vidas y aunque de momento lo ignoremos, siempre será decisión personal el tomarlas sin saber a ciencia cierta hacia dónde nos conducirán, o sin remordimiento alguno, tan sólo dejarlas partir como si nunca las hubiéramos visto. Es verdad que mañana llegarán otras, sin embargo, estas serán totalmente distintas.

Las oportunidades, aprovechadas o no, mañana formarán parte de nuestro personal inventario de recuerdos, y nos acompañaran en el camino para ser recordarlas como situaciones realizadas o jamás vividas, que de alguna u otra manera han dejado huella en nuestro ser.

Es muy triste llegar a lamentar aquello que por alguna circunstancia no quisimos realizar, todo eso que quedo pendiente e incluso aquello que olvidamos porque otras cosas nos lo hicieron olvidar. Por eso es importante prestar la debida atención a lo que va llegando y que pudiera ser como una estrella fugaz, que en un abrir y cerrar de ojos –fácilmente- dejará de brillar.

¿Te has preguntado alguna vez cuantas cosas importantes has dejado de hacer?, ¿por qué sucedió?... ¿Acaso no te diste el tiempo suficiente o no le pusiste el debido interés?

Muchas de esas cosas que nunca hiciste fueron oportunidades que la vida te dio y que no quisiste o no supiste como aprovechar, lamentablemente, esas, jamás volverán. Por esta razón, aprovecha lo que llega a ti sin cuestionamientos, sin temor a perder y sin miedo al fracaso. No esperes conocer el resultado antes de  atreverte a vivir los retos que la vida te impone o el desafío que representa disfrutar esa nueva experiencia.

Para algunos, existen oportunidades que quedaron atrapadas en el tiempo… Fueron perfectas, eran hermosas, cargadas de buena energía y llegaron justo en el instante indicado, pero, lamentablemente no fueron vistas y por esa razón ya no están.

Hablarle al tiempo, a la brisa y a los vientos para que todo aquello que perdimos algún día, generosamente vuelva a nuestras manos, aquí y ahora, en este presente… puede ser el anhelo más preciado de los corazones desolados. No obstante, solo el tiempo y Dios podrán conceder dicho deseo a aquellos que imploran por una nueva y perfecta oportunidad.