22/09/2018
Editoriales

Entrecurules 13 08 18

El 7 de octubre de 1913 desde la tribuna del Senado, Belisario Domínguez, en un afán de poner a salvo nuestra Patria, condenó el actuar de Victoriano Huerta al señalar que el país estaba en manos de un desequilibrado mental, un antiguo soldado que sin conocimientos políticos y sociales indispensables para gobernar la Nación, se hacía la ilusión de que aparecería fuerte por medio de actos que repugnaban  y repugnan la civilización y la moral universal y una política de terror.

 Y preciso ante el Senado que la práctica de don Victoriano Huerta, en primer lugar su criterio era estrecho de viejo soldado y que para él no había otro camino que matar a sus enemigos.

 Y dijo también en aquellos años que en razón del modo con que ascendió al poder y de los acontecimientos que han tenido lugar durante su gobierno, el cerebro de don Victoriano Huerta está desequilibrado y su espíritu está desorientado.

 Para don Belisario, Huerta padeció de una obsesión constante que dificultaría y aún imposibilitaría a un hombre de talento.

 El espectro de su protector y amigo, traicionado y asesinado, el espectro de Madero, a veces sólo y a veces acompañado del de Pino Suárez, se presentan constantemente a la vista de Victoriano Huerta, turban su sueño y le producen pesadillas y le sobrecogen de horror a la hora de sus banquetes y convivíalidades.

 Y cuando la obsesión es más fija, don Victoriano se exaspera y para  templar su cerebro y sus nervios desfallecidos, hace un llamamiento a sus instintos más crueles, más feroces y entonces dice a los suyos: maten, asesinen, que sólo matando a mis enemigos se reestablecerá la paz y dice a don Juvencio Robles, marche a Morelos, dé órdenes de concentración, mate e incendie despiadadamente, acaben justos y pecadores, que sólo así tendremos paz.

 Este pasaje de nuestra historia nos hace reflexionar sobre el riesgo de que llegue un loco, un orate a la Presidencia de la República.

 Al día siguiente de pronunciar este discurso don Belisario fue asesinado.

Dios nos libre de tener un tirano en la primera magistratura del País.