15/11/2018
Editoriales

Canalizar Nuestra Dinámica

No cabe ya duda que desde que un pequeño grupo de africanos, ancestros de toda la humanidad actual, ascendieron a la plena conciencia hará unos 72,000 años, adquirieron un dinamismo tal que pronto invadieron todos los continentes, incluso navegando sobre aguas oceánicas, acabando con la mayor parte de la mega fauna a donde quiera que iban llegando, como lo muestra Elizabeth Kolbert en su libro "The Sixth Extinction".

También señala la autora que desde que ascendieron a la agricultura y luego a la civilización, han hecho un enorme intercambio de especies vegetales y animales, de manera que hemos hecho del Planeta Tierra una "Pangea", cada vez más explotada y dañada por nosotros, de manera que estamos calentando la atmósfera y acidificando los océanos.

¿Qué es lo que nos ha dado ese poder inmenso que nos ha puesto "por encima de toda la Creación"? Porque otras especies muy parecidas a nosotros, como los Neandertales, no destruyeron ni crearon nada notable. Ella lo llama "el gene de la locura", pero otros autores que han descrito el ascenso a la plena conciencia lo llaman simplemente "curiosidad insaciable": Nuestra mente tiene necesidad de averiguar el qué, cómo, dónde, cuándo y por qué de todas las cosas.

El enorme dinamismo que esa curiosidad insaciable nos da nos ha llevado tanto a ser más rapaces y sanguinarios que cualquier depredador, pero también a actuar con gran nobleza y misericordia, a crear y extender civilizaciones y religiones sobre grandes multitudes y espacios, pero también a pelear grandes conflictos cuando topamos con "el enemigo".

En vista de estos hechos irrefutables ¿Qué debemos hacer? Obviamente debemos canalizar ese dinamismo mediante "aquella disciplina social que mejor asegure la supervivencia del grupo y el desarrollo de sus individuos integrantes" que viene siendo la definición de la moralidad y para actualizarla debemos considerar que "el grupo" debe referirse a toda la humanidad.

Así que la más urgente y clara necesidad que tenemos es que todas nuestras relaciones se lleven dentro de una estricta moralidad: Nosotros mismos, nuestra familia y allegados, nuestra comunidad y área profesional, nuestro Estado, nuestro País y todos los demás del mundo.

¿Qué en nuestro Estado cuyo Gobierno "independiente" elegimos con tan buenos propósitos se está corrompiendo con la compra de cobijas? Pues a averiguarlo y a romper con quienes resulten culpables, hasta que paguen su pena.

¿Qué el Gobierno Federal priísta quiere volver a la "democracia dirigida"? Pues a aprovechar la visita del Papa Francisco y solidarizarnos con la clarinada que se echó en el Palacio Nacional: "El privilegio de unos pocos lleva a la corrupción e impide luchar adecuadamente contra el crimen organizado".

¿Qué el ala conservadora del Partido Republicano de nuestros vecinos del norte están cayendo en demagogias xenofóbicas, porque no quieren ver la dura realidad? Pues que sea una razón más para exigir que nuestro gobierno federal se moralice, para que tenga los tamaños y la respetabilidad necesarios para navegar en las difíciles aguas internacionales.

Así que todo pasa por canalizar nuestras energías en moralizar nuestros comportamientos, tanto entre nosotros mismos, como por el cuidado y la conservación de nuestro Planeta Tierra.

Atte.- JVG.- 17-02-16