17/08/2018
Editoriales

La importancia de saber elegir

Es necesario saber elegir.

 

En el mundo actual, en que lo material parece imponerse sobre todo lo demás, es necesario que  sepamos que tomar el camino fácil puede llevarlos a lo difícil. El dinero cómodo generalmente complica la existencia. La prostitución, las drogas, los robos, la violencia, no conducen a nada bueno. La honestidad es el mejor negocio. La tranquilidad, la satisfacción de poder mirar a la gente de frente, el ser libres, es algo que no tiene precio. No hay que confundir nunca los valores con los precios.

 

En la víspera de una nueva elección que habrá de realizarse en estos días  es necesario analizar con claridad quienes son los mejores candidatos a la Presidencia de la República, a Senadores, Alcaldes, Diputados Federales y Locales, en fin, a los diversos cargos que habrán de elegirse el primero de julio.

 

LA DEMOCRACIA

ES MÁS QUE ESO

 

Así podemos seguir con otras elecciones. Por ejemplo, las que se refieren a la política. Es algo que también hay que tomar en serio. Tan en serio, que luego nos pasamos años lamentando haber votado por tal o cual candidato, por este o aquel partido o algún independiente. Pensar que con votar estamos consiguiendo la democracia, es una verdad a medias, es un error. La democracia es mucho más que eso.

 

Y algo muy importante. Saber escoger a quien nos habrá de acompañar en el tránsito por la vida: el esposo o la esposa. La pareja. La otra mitad. Las estadísticas recientes son alarmantes: cada vez es mayor el número de divorcios. ¿Qué está sucediendo? ¿En qué estamos fallando? Por lo tanto, es preferible tomarse un tiempo, convivir más, antes de tomar la decisión de la boda. El matrimonio no es sólo la fiesta, música y luna de miel.

 

UNA ANÉCDOTA

 

Siempre me han gustado las anécdotas. Recurro ahora a una para ilustrar lo que es una buena elección.

 

Albert Schweitzer nació en 1875. Era un niño enfermizo, con problemas para aprender a leer y escribir y, por lo mismo, mediocre estudiante. Conforme fue creciendo, se hizo el propósito de dominar disciplinas particularmente difíciles, tales como el hebreo. Resultó ser un genio musical, tocando el órgano a los ocho años. A los nueve, ya era suplente del organista titular en los servicios religiosos de su iglesia.

 

En los primeros años de su juventud, llevaba varias carreras profesionales en forma simultánea. Obtuvo su primer título en filosofía en la Universidad de Estrasburgo, y después otro en teología, seguido de otro más en teoría musical. A los 30 años daba exitosos conciertos de órgano, y publicaba una serie de libros sobre temas selectos. Sin embargo, un día, inopinadamente, decidió poner un alto a su carrera académica, a fin de estudiar medicina. Era una medida dramática, inspirada por la decisión de ser misionero el resto de sus días. Había tomado la determinación después de haber leído el artículo de una revista sobre el Congo. El autor decía: "Mientras hablamos a esta gente sobre religión, ellos padecen enfermedades físicas diversas y mueren ante nuestros propios ojos".

 

SABER LO

QUE SE DESEA

 

Schweitzer sabía bien lo que deseaba, y empezó a trazar los planes para viajar a África. Los académicos y sus amigos protestaron, y argumentaban que si África necesitara dinero, Albert podría organizar importantes colectas que permitieran a aquel pueblo mejorar sus condiciones de vida. Desde luego, decían, tiene mejores cosas en qué utilizar sus manos, que en lavar las llagas de un leproso.

 

Un sabio dijo en una ocasión: "El éxito consiste en realizar lo que tú quieres realizar porque te sientes con vocación para ello". Los sueños de Schweitzer fueron cuestionados por otros, pero él se mantuvo firme en el camino que, estaba seguro, habría de aligerar su existencia. Nadie le podría impedir la realización de lo que creía más adecuado.

 

Schweitzer se enamoró de Helen Bresslau, hija de un historiador judío. La propuesta que le hizo fue, para decir lo menos, única: "Actualmente estudio para ser doctor en África. ¿Te gustaría envejecer conmigo y pasar el resto de tu vida en la jungla?".

 

Tampoco la respuesta de Helen se puede considerar común: "Alberto: Te amo y, por lo mismo, seré enfermera. Sin mí, nada podrás hacer". Fue así como, en un hermoso viernes de 1913, Schweitzer y su esposa partieron rumbo al África Ecuatorial Francesa. En más de 50 años de servicio, Albert Scweitzer se convirtió en una verdadera leyenda de su época.

 

El diccionario es el único lugar en donde el éxito viene antes que el trabajo. Hay que trabajar mucho para conseguirlo. Pero sobre todo, hay que obtenerlo sin pisotear a los demás. Por el contrario, hay que ayudar a nuestros semejantes. Ya lo dijo alguien: el que no vive para servir, no sirve para vivir.

 

UNA BUENA ELECCIÓN

 

Ante jóvenes que en el futuro tendrán que escoger caminos en la ruta de la vida, nosotros siempre les hablamos de la importancia de una buena elección. De ello dependen en gran parte el éxito y la felicidad.

 

En efecto, si se piensa bien y se estudia una carrera acorde con nuestra vocación, las probabilidades del triunfo serán mayores. Ese es uno de los secretos para que el trabajo sea placentero y no una carga. No hay nada mejor que hacer lo que nos gusta.

 

Albert Schweitzer supo muy bien lo que quería ser y hacer en la vida. Para ello eligió una vocación: el servicio a los demás a través de la medicina; una buena esposa: Helen, quien además de ser una magnífica compañera era enfermera, y un lugar que lo necesitaba: África.

 

México nos necesita ahora. Necesita que seamos honestos, que sepamos elegir al mejor candidato y que no lo dejemos solo en la tarea de gobernar.