24/09/2018
Editoriales

Cuentete El Operador Electoral

Mauro entró a su casa sin hacer ruido. Carmen, su amada pareja de los últimos dos años dormía, soñando tal vez, en la buena vida que se daban desde que Mauro tuvo aquel trato con el licenciado que le decía senador.

Le daba un buen sueldo, que llamaba iguala, y le prestó una camioneta negra con un borreguito en el cofre, que corría ligerito en el monte.

Además le había prometido buena lana si hacía algo delicado el día de las elecciones. 

Desde entonces, no faltaba nada en la alacena y Carmen hasta había estrenado un vestido nuevo, de los bonitos de Soriana, no como los que su hermana Lucha traía en las pacas de ropa de Laredo,de poco uso.

Prendió un cigarro con su encendedor Ziplock, que le había regalado el senador, cuando lo sorprendió observándolo en el hotel en donde para.

_Si te gusta, quédatelo, Mauro, le dijo aquella vez, con ensayado tono de voz para complacer.

_No, licenciado, sólo estaba viéndolo porque es muy bonito.

_Ya te dije, Mauro, es tuyo, no te vas a quedar con las ganas de un buen encendedor, y sirve de que tiras ese Vic anaranjado, que no es de tu categoría.

Así era el senador de espléndido, y por lo mismo no había forma de negarle lo que pidiera, y el trabajo que realizaría era sencillo, pero nunca le especificaba qué sería.

Carmen despertó con el humo, nunca se ha podido acostumbrar al olor del tabaco, pero eso no es ningún sacrificio; su ex también fumaba y le daba una vida de perros, por eso lo dejó.                       

_¿A que hora llegates, Mauro? No te sentí; caí muerta por que trapiétoda la casa; la siñora tendrá fiesta el sábado. 

Trabajaba en una casa de ricos, aunque Mauro ha insistido que renuncie pues ya no necesitan de ese sueldo, ella es conservadora; tiene miedo de que él pierda su trabajo y se queden sin entradas seguras.

_Mira Carmen, el sábado no estaré aquí, iré a Veracruz, y necesito saber que estás tranquila para hacer mi jale a gusto.

_Vete sin pendiente, estaré bien, ya son munchos años de trabajar con la siñora y aquí no me falta nada, me quedaré para ayudarla en su fiesta. 

Mauro se fue a realizar su trabajo, y ya no regresó.

Carmen esperó una semana y nada de su Mauro, le urgía verlo porque además el pago de la tarjeta se vencía el siguiente lunes.

Algo le pasó, pensaba, no era posible que la abandonara, pues la quería muncho.

Pasaron otros tres días y su angustia crecía, y no sabía donde buscarlo, pues del Senador no sabía ni su nombre.

_Que pena lo de Mauro, le dijo la muchacha de la vecina, de esas chismosas que nunca faltan.

Luego de reponerse de la sorpresa, corrió a alcanzarla y le preguntó qué sabía de su Mauro.

_Nada, nomás lo que dijeron en la tele.

_¿Y que dijeron? apresuró Carmen

_Pos que lo habían detenido junto a un senador.

Ahí entendió que fueron a hacer algo prohibido a Veracruz, el día de las elecciones.

_Pobre de mi Mauro, segurito que lo que hizo fue por órdenes del licenciado, él nomás obedecía ¿No dijeron por qué los detuvieron?

_Si, que se los levantó la municipal del puerto, por faltas a la moral en el mero muelle.

Carmen sintió que se le hundía el piso, y no fue sino hasta la mañana siguiente cuando le dijo que sí a Casimiro, el hijo del mayordomo de la siñora, que tenía meses molestándola.