24/09/2018
Editoriales

El suicidio de Manuel Mier y Terán

En la ciudad de México, el 18 de febrero de 1789 nació el niño Manuel Mier y Terán, quien desde muy corta edad supo que quería ser ingeniero. Para ello se matriculó en el Colegio de Minería, pero su patriotismo le llevó a dejar esa carrera para irse a pelear por la independencia nacional apoyando a José María Morelos y Pavón. Una vez que el Siervo de la Nación fue fusilado, se transformó en uno de los principales jefes insurgentes. Pero al ver que al interior del bando insurgente había diferencias, se retiró un poco del movimiento, sin embargo, ante la proclamación del Pan de Iguala regresó a las acciones militares y políticas, ya con el grado de General. 

Fue diputado por Chiapas cuando Iturbide fue declarado traidor, y después alcanzó a ser ministro de guerra con el primer presidente mexicano, Guadalupe Victoria. Además por sus conocimientos ingenieriles dirigió la Comisión de Límites entre México y Estados Unidos en 1827, advirtiendo que esa frontera corría peligro frente a los sajones.

Defendió heroicamente a la patria contra la expedición española dirigida por Isidro Barradas en 1829, gran triunfo de nuestro ejército, aunque el mérito se lo llevó Antonio López de Santa Anna.

Su carácter melancólico se recrudeció y en 1832, cuando su nombre sonaba fuerte para ser el próximo presidente de la república, se fue a Padilla, Tamaulipas para ver de cerca la tumba y saber los detalles del fusilamiento del ex emperador mexicano Agustín de Iturbide, permaneciendo largas horas frente a su tumba. Al siguiente día, 3 de julio de 1832, amaneció pensativo y vestido con su traje militar de gala, regresó al panteón de Padilla y frente a la tumba de Iturbide apoyó su espada en el suelo, dejándose caer en ella hasta atravesarse el corazón. “Dios le haya dado paz a su alma –concluye una nota de Bustamante- y que su suicidio no haya sido criminal a los ojos de Dios, sino efecto del trastorno de su cerebro”. En estas líneas se nota el gusto que le dio a Anastacio Bustamante la desaparición de Mier y Terán.