16/01/2018
Editoriales

Civismo y Gobierno

Nuestros ancestros homínidos prevalecieron sobre todos los demás animales porque supieron darse aquella disciplina social que mejor asegurara la supervivencia del grupo y el desarrollo de los individuos integrantes. Esa disciplina la podemos dividir, para mejor estudiarla, en dos niveles: uno obligatorio y el otro voluntario.

Al nivel obligatorio lo podemos llamar "la forma de gobierno", que en la etapa cultural de cazadores y recolectores eran las reglas morales básicas: 1) No matar ni baldar a nadie del grupo; 2) Repartir los recursos en forma equitativa; 3) Comportarse como quien se es en el grupo: y 4) Realizar las funciones fisiológicas con criterio de privacidad y no contaminación. Pero por debajo de este nivel se fue formando otro que podemos llamar "las pautas de comportamiento que faciliten la convivencia" y que ahora llamamos "cortesía".

Luego que la agricultura permitió el desarrollo exponencial de la población y su consiguiente estratificación social, lo cual llevó luego a la fundación de las primeras civilizaciones, la relación obligatoria entre la élite gobernante de guerreros y sacerdotes y la masa de campesinos se hizo muy remota y autoritaria, quedando la cortesía sólo para los tratos cotidianos de cada aldea y para las visitas o paso por otras aldeas.

Las civilizaciones de 2ª Generación empezaron a revalorizar al individuo, los hebreos por medio de una religión de "pacto monoteísta" basado en el comportamiento moral de cada individuo y los griegos por el modo de producción basado el comercio marítimo a nivel de "polis" con pequeñas poblaciones muy igualitarias, en las que prácticamente se fundían los niveles obligatorio y voluntario de convivencia. Pero como ese sistema nunca pudo superar el tamaño de las polis terminó en una terrible guerra fratricida. Los sucesores macedonios y romanos sí lograron extender grandemente la relación obligatoria de un gobierno común, mientras que a nivel local la convivencia fue adquiriendo la forma de comunidades unidas por creencias "de salvación" compartidas, sobre todas las cuales fue prevaleciendo el Cristianismo.

En el Occidente de Europa el Imperio Romano se deshizo en multitud de reinecillos bárbaros, pero gracias a que la Iglesia Católica pudo ejercer su autoridad moral, todos los bárbaros terminaron por cristianizarse y llegaron a ejercer su "poder temporal" en un solo Imperio, el cual, por falta de comercio y comunicación, se hundió en un caos feudal. Pero no toda la población quedó enmarcada en ese nuevo orden jerárquico de vasallaje, pues una pequeña parte de "villanos" quedaron no sometidos, pero tampoco protegidos, y "se la fueron jugando" con el comercio, la arriería y la artesanía: Cuando alguna villa prosperaba lo suficiente para protegerse con una muralla, se le llamaba "burgo" y a sus empresarios dirigentes "burgueses".

La solidaridad interna de los burgos y su fuerza y habilidad para negociar su relación con los poderes soberanos fueron las bases de lo que llamamos "civismo", el cual siguió extendiéndose y fue la raíz de las democracias modernas, que por medio de las Revoluciones políticas se adueñaron del gobierno y por medio de la Revolución Industrial lograron que la mayoría de la población adulta masculina tuviera derecho al voto, por lo que, al sentirse responsables del gobierno, también fueron creando un orden de convivencia cívico para sus actividades cotidianas, tal como ahora lo vemos en el Primer Mundo.

En países del Tercer Mundo, como México, la prioridad debe ser el logro de la plena democracia, es decir el poner en orden la relación obligatoria de gobierno, para que con base en ello, se extienda también el espíritu cívico de la convivencia, en un ambiente de justicia e imperio de la ley.

Atte.- JVG.- 24-05-17.