21/09/2018
Editoriales

Los caldos Maggi

La vida moderna orilló a las mujeres a trabajar fuera de casa, y como los hombres no siempre trabajan en condiciones para comer a tiempo y a gusto, se requería de un nuevo sistema para alimentar al segmento productivo de la población. 

Esta necesidad impulsó la existencia de la comida rápida, para que las mujeres y los hombres pudieran acceder a un alimento ligero y transportable. 

No sólo se trataba de la comida de los viajeros, sino que en las grandes ciudades se requería desarrollar nuevos sistemas de envasado para los alimentos. 

Las comidas calientes, indispensables en los países con inviernos crudos, necesitaban ser distribuidas y comercializadas en presentaciones prácticas, pues transportarlas y venderlas en los anaqueles en las clásicas condiciones hogareñas, era imposible.

Este fenómeno fue advertido por un suizo descendiente de emigrantes italianos llamado Julius Maggi, quien en 1872 dio un avance gigantesco al idear la forma de industrializar cubitos de caldo de pollo, de res, y otros platillos.

Sus productos no son cualquier aportación, sino una realmente importante, pues su cadena productiva de alimentos venció a la dependencia de la agricultura local, y sus rígidos calendarios.

Desde luego que para entonces ya se había inventado el recipiente de lata que se usaba para pinturas y otros productos. Igual había ya la sierra mecánica para cortar carne, que en su momento fueron pasos gigantescos rumbo a la modernidad.

El hombre que inventa cosas para facilitar la vida de sus semejantes, merece volverse rico … como lo hizo Maggi