17/07/2019
Editoriales

Las Plazas de Monterrey. Plaza del convento de las Capuchinas, Plaza del Cuartel Iturbide, Plaza Benito Juárez

 

La plaza del Convento de las Capuchinas tiene origen similar al de la Plaza del Hospital Nuevo, hoy Plaza del Colegio Civil, que ya estudiamos. Recordemos que desde 1596 hasta 1794, la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey tenía forma de un cuadrilongo formado por el Río Santa Lucía al norte (cerca de la calle de Juan Ignacio Ramón); el Río Santa Catarina al sur; la Capilla de la Purísima Concepción al poniente; y al oriente alguna línea curva similar a la actual calle Florencio Antillón.

En cuanto a su población, para el año de 1793 había en el casco de la Ciudad 3 mil 179 habitantes, y en su comarca otro tanto. Aunque desde su fundación se habían incrementado mucho sus cifras demográficas, la mancha urbana era la misma, pues los primitivos y enormes solares originales -la mayoría de una manzana- entregados a una sola familia albergaban hasta a tres generaciones. 

Para ese tiempo los jacales de los fundadores, de varas y lodo con techumbres de palma, ya eran casas de sillar y adobe, con techos de vigas de madera. En el patio de las casas se criaba ganado y se sembraban pequeños huertos familiares. Pero el progreso no se reflejaba en las calles de Monterrey, seguían siendo de terracería, sin banquetas. Cuando llovía eran lodazales, y en las sequías, terregales. 

Como las calles se interrumpían con los cauces y manantiales -Los Ojos de Agua de la Ciudad (cercanos al actual edificio de Congreso del Estado), Ojos de agua del Roble (frente al templo Del Roble) y Ojos de Santa Lucía (próximos al actual Obelisco) que, al unirse formaban el Río Santa Lucía, límite norte de la ciudad- estas interrupciones hubieron de resolverse con varios puentes, y un par de presas.

A la ciudad le urgía una modernización acorde al desarrollo del Imperio Español, pero los gobernadores reales le ponían poca atención a esto, pues muchos buscaban sólo progresar en su carrera política, cumpliendo acaso para efectos curriculares, con lo indispensable en su responsabilidad con el Nuevo Reino de León. Aspiraban a otro cargo más cerca del centro del Virreinato o, de ser posible, en la Península.

Por esa razón lucía mucho la labor de la jerarquía católica. Buen ejemplo es el franciscano y tercer obispo de Linares, Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, nacido en Jerez, Zacatecas en 1725. Este señor llegó a Monterrey acompañado del francés Juan Bautista Crouset (Jean Baptiste Crouset) nacido en Rouergue, Francia, en 1753. 

 

El francés Juan Bautista Crouset planifica el crecimiento urbano

Vale la pena estudiar la vida y obra de este personaje europeo. Crouset llegó a México entre 1785 y 1787 como maestro de obras en la construcción del Castillo de Chapultepec, cuya dirección tenía el capitán Manuel Mascaró. Luego trabajó con Ignacio Castera en la construcción de Nuestra Señora del Pilar o Convento de la Enseñanza, y también con el director de la Academia de San Carlos, José Antonio González Velázquez. En esa academia se tituló de Maestro Mayor de Obras en 1792.

Con esa relevante credencial académica llegó Crouset a Monterrey a finales de ese mismo año –como decíamos- al servicio de Llanos y Valdés. Pronto se hizo de novia y casó con la regiomontana María Juana de Ayala. Sin embargo, su pacífica estancia en la Ciudad se alteró cuando el virrey marqués de Branciforte ordenó prender a todos los franceses debido a la Guerra del Rosellón, entre España y Francia. Debido a ello, Crouset estuvo preso en la cárcel de San Luis Potosí de 1795 a 1796. 

Una vez libre regresó a la Ciudad y, reincorporado a su constructiva profesión, Juan Bautista Crouset diseñó el proyecto: “Plan de la nueva ciudad de Monterrey dedicado al señor don Simón de Herrera y Leyva, teniente coronel de infantería y gobernador político y militar de esta provincia del Nuevo Reino de León”. Este documento fue enviado el 21 de agosto de 1796 al virrey de Nueva España, Miguel de la Grúa Talamanca, marqués de Branciforte y Grande de España para su aprobación.

Crouset proyectaba una expansión al norte de la Ciudad en forma de rectángulo: La actual calle de Washington sería el lado sur; la actual avenida Colón, el norte; la calle de Zuazua el oriente y Pino Suárez el poniente. Eran trece manzanas de norte a sur y once de poniente a oriente. En el centro, por la calle del Roble -hoy avenida Juárez- quedaría ubicada la nueva Catedral (tan grande como la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México), la casa del Gobernador, las Casas Reales y las Episcopales. Determinaba como centro de este gran Complejo las calles de Isaac Garza y Juárez.

Este proyecto incluía del lado oriente: un cuartel con su plaza, que estaría en las calles de Emilio Carranza, Escobedo, Modesto Areola y Aramberri; y el cuartel en Escobedo, Modesto Arreola, Aramberri y Zaragoza. Pero nunca se construyó. (Los nombres de las calles que se utilizarán en delante de este texto son los actuales para reducir espacio).

Igual contemplaba la erección de un colegio Propaganda Fidecon su plaza, que estaría en Arteaga, Madero, Emilio Carranza y Escobedo, mientras el Colegio se ubicaría en Arteaga, Madero, Zaragoza y Escobedo. Tampoco se edificó.

Del lado poniente habría un nuevo Convento de San Francisco con su plaza. Esta se ubicaría en Jiménez, Cuauhtémoc, Arteaga y Madero; en tanto que el Convento estaría en Pino Suárez, Cuauhtémoc, Arteaga y Madero. Igual que los proyectos anteriores no se hizo. Lo mismo sucedió con el proyecto de una plaza en Jiménez, Cuauhtémoc, Modesto Arreola y Aramberri, que no se realizó. Y tampoco se logró una plaza al norte de la Catedral, en las calles de Arteaga, Carlos Salazar, Juárez y Guerrero. 

Sin embargo, del ambicioso proyecto de Crouset sí cristalizaron algunas obras. Por ejemplo, al norte entre las calles de Colegio Civil, Juárez, Washington y 5 de Mayo, la Plaza del Hospital nuevo, hoy Plaza Colegio Civil, que ya se estudió en esta colección de artículos. También se concretó el Nuevo Hospital, hoy Centro Cultural Colegio Civil ubicado en las calles de Colegio Civil, Juan Méndez, Washington y 5 de Mayo.

 

El Convento y la Plaza de las Capuchinas

Y al sur, la plaza que hoy estudiamos, la Plaza de las Capuchinas, ubicada en Juárez, Guerrero, Aramberri y Ruperto Martínez. Para mayores señas, esta plaza estaba frente al Convento que se ubicaba en Juárez, Colegio Civil, Aramberri y Ruperto Martínez.

Crouset confiaba en que su proyecto tendría los apoyos del binomio del poder: El Gobierno y El Clero. Por eso preparó el inicio de la construcción del Convento de las Capuchinas notificando al Obispo que todo estaba listo para colocar la primera piedra del templo. La invitación hecha al Gobernador Simón de Herrera y Leyva, decía:

El sábado veinte y seis del corriente con el favor de Dios se ha de bendecir y poner la primera piedra de la iglesia del convento de religiosas capuchinas que se está fabricando. Lo que participo a vuestra señoría por si tuviere a bien contribuir a su celebridad con el honor de su asistencia. Dios guarde a vuestra señoría muchos años, Monterrey 23 de noviembre de 1796 años. Andrés, Obispado del Nuevo Reino de León.    Señor Gobernador y señores del Ayuntamiento de esta ciudad.

La noticia se propaló en todo el Virreinato. A principios de diciembre se publicó en la Gazeta de México la siguiente compunción, donde se deduce que tras la bendición del convento se celebró misa en la Antigua Catedral (la actual):

Monterrey noviembre 28 de 1796

El ilustrísimo señor doctor don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, digno prelado de esta diócesis, y cuyo infatigable celo procura por todos medios los socorros espirituales y temporales de su amada grey, tuvo la satisfacción el 26 del corriente, día de los desposorios del glorioso patriarca señor San Joseph, de bendecir y colocar la primera piedra de la iglesia que ha de servir al monasterio de señoras religiosas pobres capuchinas, que bajo el patrocinio y título de María Santísima de Guadalupe y de este santo patriarca está construyendo su ilustrísima para la fundación y establecimiento de esta sagrada comunidad en esta capital de su obispado, que la real clemencia de nuestro soberano se ha servido concederle por su real cédula. Concurrieron a tan solemne y piadoso acto ambos Cabildos, el señor gobernador político y todas las personas distinguidas de este vecindario, con innumerable concurso de ambos sexos, colocándose en una arquita de madera fina, y ésta dentro de otra de piedra, una colección completa de monedas de oro y plata del presente año, dos medallas de plata de la santísima virgen de Guadalupe y el esclarecido patriarca señor San Joseph, y tres efigies de a octavo en lámina y pintura al óleo de nuestro actual pontífice reinante el señor Pío VI, nuestro augusto monarca el señor don Carlos IV y el dicho ilustrísimo señor obispo, haciendo de padrino el regidor don Manuel de Sada, y concluyéndose la función con dar gracias al todopoderoso cantando un solemne te Deum la capilla de esta santa iglesia catedral.

Durante la construcción del Convento de Las Capuchinas su plaza fue utilizada como patio de materiales, y había algunas vendimias para satisfacer las necesidades de los trabajadores. Este es el antecedente de la vocación de esta plaza como mercado.

 

El pleito entre Llanos y Valdés y el gobernador Herrera y Leyva

Sin embargo, el celo político es un vicio que aparece como sombra del mal entre los hombres del poder. Así que el gobernador Herrera y Leyva se enceló porque todo el crédito de la expansión de la ciudad, su magna Catedral, el moderno Hospital que se construía, se le daba a De llanos y Valdés. Prohibió que se poblara esa “Nueva ciudad”:

Con el fin de evitar varios inconvenientes perjuicios que se experimentan en la buena administración de justicia y policía, he prohibido el que a las inmediaciones de la ciudad se pongan jacales en las tierras que son propias de sus ejidos, pero no debiendo entenderse esta prohibición con los sobrestantes y operarios de la nueva iglesia catedral, hospital y convento de monjas capuchinas, de cuyas obras está vuestra merced encargado, le doy este aviso para que a las inmediaciones de ellas permita pongan los expresados operarios jacales para sus viviendas.

El fondo del diferendo era que el obispo De Llanos y Valdez quería refundar la ciudad al norte y el gobernador Simón de Herrera y Leyva, sólo ampliarla. Así que, al prohibir nuevos jacales, las grandes construcciones de Crouset quedarían extramuros y no serían el corazón de la ciudad. La reacción del Obispo fue dura: partió para Saltillo y ordenó suspender las obras:

“mandó se encerrasen en los cuartos y jacales contiguos a ella cuantos utensilios manuales servían en aquella fábrica y que se le llevasen las llaves”

 

El Convento y la Plaza de las Capuchinas fueron abandonados

Para agosto de 1797 los edificios ya eran obras abandonadas, solo alcanzó a construirse en el terreno de7390 m2dos naves para celdas de las Monjas Capuchinas; y algunas paredes de entre 1.67 y 5 metros de alto. En consecuencia, la Plaza del Convento de las Capuchinas también fue abandonada. Ese despropósito político ancestral de impedir el avance de las obras que no sean autoría de la autoridad en turno le ha hecho mucho daño al Estado y al País a lo largo de toda su historia.

El único servicio que le prestó a la Ciudad este Convento de las Capuchinas fue en 1798 cuando llegó la epidemia de viruela. El mencionado Convento sirvió de cementerio para 93 víctimas de esa calamidad.

 

Los planos de Monterrey y de Nuevo León, obra de Crouset

Pero Jean Crouset no detuvo su productiva carrera. Durante el mismo año de 1798 levantó y dibujó un plano de la Ciudad de Monterrey, reconocido por su calidad topográfica y geométrica, así que se le encomendó al año siguiente el trazo del primer mapa del Nuevo Reino de León, mismo que elaboró muy bien. Este notable profesional construyó fuera de Nuevo León, importantes obras como la Capilla de la Capellanía, en Ramos Arizpe, Coahuila; la Iglesia de San Juan Nepomuceno de Saltillo, y la reparación del Palacio de Gobierno de San Luis Potosí. Crouset murió en El Valle del Pilón, hoy Montemorelos.   

Regresando al tema de “nuestra” Plaza de las Capuchinas, fue hasta 1810 cuando el edificio del abandonado convento tendría uso. Las tropas realistas de los Dragones de San Luis y San Carlos, dirigidos por Joaquín de Arredondo lo hicieron su cuartel, pues aquí estaba su comandancia para perseguir a los partidarios de la independencia. Primero a los seguidores de Hidalgo, y luego a los de Gutiérrez de Lara. La Plaza de las Capuchinas servía de estacionamiento para carros y monturas de guerra. Ante la oportunidad de hacer negocio, los siempre buenos emprendedores locales instalaron puestos de comidas y bebidas en la plaza, aunque también llegaron algunas mujeres galantes a “atender”, digamos, a los soldados.

 

El Cuartel de Las Capuchinas en la Independencia se convierte en Ciudad Militar

Al término de la Guerra de Independencia y después de ésta, el ahora llamado “Cuartel de las Capuchinas”, fue designado polvorín de la Ciudad. Aquí vemos una petición de Gaspar López, primer comandante militar de las Provincias Internas de Oriente del México independiente, al Cabildo Regiomontano:

El Comandante Gaspar López comunica al Ayuntamiento de Monterrey que el parque disponible en esta ciudad, se puede colocar en el Cuartel de Capuchinas(…)

Ya remodelado el edificio del cuartel funcionaba como una Ciudad Militar, con tropas viviendo allí en forma permanentemente. Veamos esta carta de recomendación:

Constancia en el que el Sargento José Esparza de la Compañía de Pregones Provinciales de Caballería de Lampazos dice que el cabo Miguel Gil de la misma, reside en esta ciudad hace tres años con toda su familia y habita en el cuartel de capuchinas de orden del Teniente Don Trinidad Saldivar, señala que es hombre de bien así en el cumplimiento del servicio como en cosas de rapiña su oficio labrador y otras inteligencias de campo y para que conste da esta.

En la primera administración presidencial del inefable Antonio López de Santa Anna, el Cuartel General y su Plaza cambiaron de nombre en 1832 para llamarse Cuartel de Iturbide y la Plaza del Cuartel Iturbide.

Por cierto, hubo un sospechoso movimiento militar ordenado por el general López de Santa Anna. Corría el año de 1833, algunos meses después de iniciada la guerra de Tejas, el Cuartel fue inexplicablemente abandonado quedando la Ciudad sin guardia federal permanente. Por eso, en el año de 1833, la Capilla inconclusa del Cuartel fue de nuevo utilizada para sepultar a víctimas de la epidemia del colera morbus.

Pasadas las guerras de Reforma (1857-1860) y la Invasión Francesa (1862-1867), la Ciudad se había expandido al norte de la calle de Washington. Para quienes vivían en esta zona, La Plaza de la Carne -hoy Plaza Hidalgo- y el Mercado o Parián (donde hoy está Shop Town de Padre Mier y Juárez) les quedaban muy lejos por lo que, en plena Plaza del Cuartel Iturbide se asentaron algunos comerciantes de frutas, verduras, comidas y bebidas.

 

Cambian de nombre el Cuartel y la Plaza para llamarse Cuartel de Juárez y Plaza Juárez.

En el año de 1865 inició un cambio en la nomenclatura de la Ciudad con los nombres de los ilustres hombres de la Reforma para enviar señales de identidad nacional. Ahora el Cuartel y su Plaza se llamaron Cuartel de Juárez y Plaza Juárez. La plaza cada vez concentraba a más vendedores de artículos de primera necesidad, lo que ya no armonizaba con un barrio que mejoraba económicamente. Y en 1890 se instaló frente a la plaza un hospital de ferrocarrileros que generó mayor flujo de personas convocando a más y más comerciantes de todo tipo. 

“11 de Agosto de 1890. (Presidencia del Señor Garza…) inserta un acuerdo (…) Ramon Treviño, apoderado de la Compañia del Ferrocarril Nacional Mexicana, en que se concede permiso (…) establezca en esta Ciudad un Hospital, en donde sean atendidos sus empleados enfermos, (…) quedando dicho establecimiento sujeto la inspeccion del Comisionado respectivo de este R. Ayuntamiento, por lo que se relaciona con la salubridad é  higiene pública”

El gobernador Bernardo Reyes inició en 1891 la construcción de un Cuartel con su Plaza de Armas en el extremo poniente de la Avenida Madero. El Cuartel Juárez quedó entonces como un pequeño destacamento de caballería, alejándose la tropa y por ende, el atractivo comercial de la Plaza Juárez. Asimismo se puso a la venta la manzana que ocuparía el Convento de la Capuchinas. Para 1892 la Plaza Juárez se embellecía convirtiéndose en paseo público, con equipamiento de bancas nuevas.  

“12 de Septiembre de 1892. Lorenzo Sepúlveda (…)con motivo de las lluvias acaecidas (…)se suspendieron (…) los trabajos de las Calzadas, (…)se alcanzaron pavimentar 1,660 metros cuadrados (…)en la avenida para coches al lado sur de la Alameda, 144 metros cuadrados y se colocaron en la misma Alameda 48 bancas de fierro en los andadores de la plazuela central del referido sitio: que ha quedado concluido el kiosko que se acordó construir en dicha Alameda y se colocaron 32 bancas de fierro en la plaza del Colegio Civil, y otras ocho en la de "Juarez"(…).

En el año de 1900 se instaló una bonita fuente en la Plaza Juárez, y se traía el agua desde la Plaza Colegio Civil. En el barrio de esta Plaza Juárez se habían erigido casas grandes y la Calle de Juárez, convertida en una arteria muy importante para la movilidad de Ciudad.  

“3 de Diciembre de 1,900. Pedro C. Martinez (…) con motivo del creciente desarrollo (…)la plaza "Juarez" (…)se ha mejorado notablemente la parte material y aumentado la poblacion, (…)mayor importancia(…) poner en ella una fuente llevándose la agua desde la plaza del Colegio Civil (...) que se sirviera acordarlo así en aprobar el gasto de la cantidad de $ 838,20 centavos (…)$ 5,04 que asciende el valor de las estampillas que deber llevar la factura (…)”. 

 

La Plaza Juárez, un lujo que presumía Porfirio Díaz

La Plaza Juárez era un lujo que presumía el porfiriato. Estaban cerca de ella la Plaza del Colegio Civil y la Alameda Porfirio Díaz, cubriendo ángulos políticos diversos. Pero los mercados seguían estando lejos para la zona norte de la Ciudad. Por ello, en 1902 se hizo la primera propuesta al Municipio para convertir a la Plaza Juárez en un Mercado de Abastos, es decir, que cubriera tanto el mayoreo como el menudeo:

“17 de Febrero de 1902. Doctor Martinez(…) solicita para establecer un Mercado de Abastos en la Plaza de "Juarez" (…) dictámen en el que piden que no se conceda la autorizacion solicitada, por las rasones y fundamentos que aducen en el dictamen, el cual una vés admitido fué puesto al debate y sin ser aprobado”. 

En 1904 se pintaron las bancas de la plaza junto con algunos otros arreglos a otros sitios de esparcimiento:

“13 de Junio de mil novecientos cuatro. Doctor Martínez(…)este R. Ayuntamiento se sirvió autorizar un gasto hasta de $ 533.00 centavos para la pintura de los kioscos de la Alameda " Porfirio Diaz " y Plazas Zaragoza y Bolivar y de las bancas tanto de estas paseos como de las Plazas " Hidalgo" " Garza Ayala ", " Juarez", Colegio Civil La "Llave" y Cuauhtemoc”. 

En ese mismo año de 1904 el Gobierno del Estado dio aviso al Municipio que por la Plaza Juárez transitaría el Tranvía Eléctrico por la calle de Aramberri:

“27 de Junio de 1,904. Doctor Martínez el Señor Gobernador se sirvió autorizar la Compañía de Ferrocarriles Urbanos de Monterrey, para poner al servicio público tanto el tramo de via que parte de la calle de Aramberri y continúa por la del Roble hacia el Norte hasta llegar la calle de General Tapia, como el corta via de la propia calle de Aramberri, lado Sur de la plaza "Juarez" y la curba construida sobre esta calle y la del Colegio Civil”. 

Con motivo del centenario del nacimiento de Don Benito Juárez, la avenida del Roble tomó el nombre oficial de Benito Juárez. Y se iniciaron los trabajos para erigir un monumento al Benemérito de las Américas sobre una columna.

12 de Marzo de 1906. Doctor Martinez(…) el Señor Gobernador, tuvo a bien invitar al Señor Alcalde (…)los Alcaldes Locales y demás empleados de su dependencia, concurriera (…)a la Primera Piedra del monumento(…)al Benémerito de la Patria Benito Juárez”. 

Se incluye un acta donde se resuelve el problema de que más de una calle llevaba el mismo nombre. El nombre de las calles obedece en muchas ocasiones a fenómenos políticos. En los años ochenta del siglo XIX Porfirio Díaz quería legitimarse como reformista para no ser visto como un golpista que llegó al poder intentado derrocar a Juárez con el Plan de la Noria en 1872; a Sebastián Lerdo de Tejada y a José María Iglesias con el Plan de Tuxtepec, en 1876, revoluciones donde murieron centenares de viejos soldados que habían combatido en la Reforma contra los franceses. 

Por tanto, buscando congraciarse con el movimiento liberal, al llegar al poder de inmediato honró a los héroes que había combatido rebautizando a la ciudad Paso del Norte en Chihuahua como Ciudad Juárez, y dándole a las calles nombres de estos próceres. En el Repueble del Norte de Monterrey elevó de categoría a Juárez cambiando su nombre a una gran avenida y a la anterior le puso Vallarta. Por ese rumbo quedaron las calles en honor de Juan Álvarez, José Trinidad Villagómez, Ruperto Martínez, Albino Espinosa y la propia de Porfirio Díaz en señal de humildad. 

Desde luego que Don Porfirio “sólo sugería” a los Ayuntamientos del País los cambios en las nomenclaturas, como en el caso en Monterrey.

2 de Abril de 1906. Doctor Martinez (…) proponer los nombres que habrán de llevar en lo sucesivo la calle que antes se llamó de Benito Juarez, y las de Alvarez, Aldama y Jimenez que estan repetidas, cuyo dictámen en su parte resolutiva, es como sigue: 1o Que la calle denominada antiguamente del inmortal Benito Juarez, se llamará en adelante Ygnacio L. Vallarta. 2o Que la calle llamada hasta ahora, de Alvares, entre las de Matamoros y Terán se designara en lo sucesivo, Valentin Gómez Farias. 3o La de Aldama, en el extremo Sur del Repueble de su nombre, se llamará en adelante, Garza García. 4o La calle de Jimenez paralela la anterior, en dicho Repueble del Sur se denominará General Pedro Martinez. 5o Que se autorice a la Comisión del Ramo, para que, de acuerdo con el Ciudadano Presidente del Ayuntamiento, se lleve a la práctica el acuerdo que recaiga al Presente dictámen. Tomada en consideración el dictámen en lo general fué en lo particular puesto a discusión y sin ella aprobado por unanimidad. 

En 1907 se autorizó la construcción del Mercado Juárez, finando la historia de la Plaza de las Capuchinas, de la Plaza del Cuartel Iturbide o Plaza Juárez. Con este acto se iniciaría otra historia. El Gobierno del Estado aseguró al municipio de Monterrey los recursos para construir en esa plaza un moderno mercado.

“16 de Diciembre de 1907. Dr. Martínez,(…) Oficio de la Sría. del Gobierno, número 1147, del dia 9 de los corrientes, (…)quedando apartado el gasto de la cantidad de $64,741.00 centavos que importa la construcción del nuevo mercado (…)se levantará en la Plasa Juárez, (…)al contratista Sr. Peña, se le aplicará un dos por ciento sobre la mencionada cantidad de $64,741.00 centavos”.. 

La estatua de Benito Juárez fue cambiada de la Plaza Juárez a la plaza que está frente al Palacio de Gobierno donde permanece a pesar de los cambios en la Plaza 5 de Mayo, ahora Explanada de los Héroes (antes de la construcción del Palacio de Gobierno esa plaza se llamaba Plaza de la Concordia).

La historia de esta plaza de Las Capuchinas, Plaza del Cuartel Iturbide o Plaza Juárez, ilustra el vertiginoso cambio urbano de nuestra Ciudad. La vocación y el uso del suelo no son eternos, pues van cambiando conforme se modifica el perfil urbano citadino y las necesidades de la Ciudad.

 

 

 

FUENTES. Archivo General del Estado de Nuevo León. Asuntos Eclesiásticos. AE-2/77 s/f. Impresos Colonialesf. 85.Archivo General de la Nación. Civil, vol. 2294, Exp. 3, f. 3.Archivo de Monterrey. Correspondencia: Volumen 10 expediente 92 folio 4; 11 de agosto de 1890; 12 de septiembre de 1892; 3 de diciembre de 1900; 17 de febrero de 1902; 13 de junio de 1904;27 de junio de 1904; 12 de marzo de 1906; 2 de abril de 1906; 16 de diciembre de 1907. José Antonio Portillo Valadez (ed., introd. y notas), Primer libro de gobierno del Sr. Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, 1792-1799, Monterrey, 2001.Plan de la Nueva Ciudad de Monterrey dedicado al Señor Don Simón de Herrera y Leiva. Teniente Coronel de Infantería y Gobernador Político y Militar de esta Provincia del Nuevo Reino de León, 20 de junio de 1796. Juan Crouset Plan que demuestra la situación de solares fabricados y sin fabricar de la ciudad de Monterrey del Nuevo Reino de León, 14 de julio de 1798, Mapoteca Orozco y Berra. Juan Crouset. José Eleuterio González, Apuntes para la historia eclesiástica de las provincias que formaron el obispado de Linares, Monterrey, Imprenta del Gobierno en Palacio, 1887, p. Gazeta de México, t. VIII, núm. 29, miércoles 18 de enero de 1797.