18/06/2018
Editoriales

La Cultura General.- I

Para caer en cuenta de para qué sirve que mucha gente tenga lo que llamamos "cultura general", la clase dirigente sobre todo, pero en cierta medida también todo el pueblo, tendremos que darle un repaso a la problemática más básica de nuestro tiempo:

En todo el mundo se está ahora haciendo más notoria una desorientación general que lleva a mucha gente a dudar de cuáles deberán ser los caminos a seguir, ya que carecemos de una visión clara de cuál deba ser el futuro deseable. Esta carencia se ve claramente en las elecciones norteamericanas en curso, en las cuales cualquier demagogo puede inventar rutas simplonas a seguir.

Si comparamos nuestro tiempo con los finales del siglo XIX y principios del XX, que aquí en México corresponden al Porfiriato, veremos que todo el mundo estaba de acuerdo en que el modelo a seguir era el de un progreso material ilimitado, pero acompañado por sólidos principios morales, arraigados en fuertes tradiciones, muchas de ellas de carácter religioso. Pero si aún con ese gran acuerdo general ocurrió que, por el hecho de contraponerse en la práctica las metas concretas de unas clases sociales con otras o de unas grandes potencias con otras, todo desembocó en las terribles tragedias de las Dos Guerras Mundiales (en México en la Revolución), veremos que ahora quizás estemos en un peligro mayor. Esas guerras, si bien aceleraron mucho el progreso material, también rompieron muchos de los principios morales que hasta entonces estaban vigentes.

Aunque podemos decir que, al final, afortunadamente ganaron "los buenos", pero estos ya estaban divididos, tanto en la teoría como en la práctica, sobre cuál era el camino ideológico a seguir, unos el capitalismo liberal y otros el comunismo estatista, entrando ambos bandos en una "Guerra Fría" que duró casi medio siglo, y de la que salió aparentemente triunfante el primero de ellos, como cantó en "Fin de la Historia" Francis Fukuyama.

Pero en realidad resultó que ese triunfante capitalismo pronto se embarcó en una "Globalización" comercial, la cual no apreció que sólo funcionaría justa, equitativa y constructivamente si es que lograba que estuviera debidamente reglamentada a nivel mundial: Esto será imposible mientras las grandes potencias no acuerden y pongan el ejemplo de ceder parte de su soberanía al organismo mundial de la ONU. Otros problemas enormes acechaban al sistema "triunfante": La inoperancia de las empresas de tamaños gigantescos, la mayor velocidad de los avances tecnológicos que la capacitación de la gente para manejarlos y la legislación adecuada para controlarlos y, para rematar, el problema más grande de todos: Los daños por explotación desenfrenada de los recursos naturales, que pueden llegar a ser irreversibles, al ecosistema planetario.

Una de las razones por las cuáles estos enormes problemas no se detectan y combaten a tiempo, parece ser que es la muy fuerte tendencia a la especialización de los conocimientos y, por tanto, al alcance de las actividades personales, y a una carencia pasmosa de lo que podemos llamar "la cultura general", a la cual podemos definir como "aquellos conocimientos necesarios para sintetizar armónicamente todos los aspectos de una cultura".

En el siguiente artículo trataremos de ver en qué consiste esa "cultura general", cuáles son sus componentes básicos, cómo se impartiría para que se fuera permeando en toda la población y cuáles dirigentes deberán cultivarla de modo más profundo, de manera de llegar a hacerla el marco obligado de sus actividades públicas.

Atte.- JVG.- 03-02-16