19/07/2018
Editoriales

Del verbo “Matar”

 

Homicidio, asesinato, ejecución, feminicidio, aborto, mil maneras de llamarlo, al fin y al cabo todo deriva en lo mismo “TOMAR LA VIDA DE OTRO Y ACABAR CON ELLA”.

Estoy sorprendida de ver la saña y crueldad con la que se cometen a diario crímenes en mi país, mucho más en mi estado, pero no puedo hacer ojos ciegos ni oídos sordos a esa realidad del México actual en la que la vida literalmente “no vale nada”, cualquiera puede lastimar sin piedad, sin temor, sin ningún tipo de control o castigo a otra persona y terminar con su vida.

Hay mil maneras de hacerlo y una es siempre peor que la otra, sin embargo hoy quiero hablar en específico de aquella que no requiere más que un bolígrafo para llevar a cabo tan ruin delito, sí, estoy hablando de una TRISTE FIRMA, todo lo que se necesita para enlutar familias enteras, aquella que otorga un alcalde, secretario, gobernador o cualesquiera que esté sentado en silla de oro con la simple idea de ensanchar su cartera sin preocuparse ni tantito por el resultado de su cruel acción.

Hace algunas semanas se abrió tremendo socavón en Ave. Los Angeles terminando de manera terrible con la vida de una madre de familia frente a los horrorizados ojos de quienes la acompañaban, en ese momento inician las culpas, que ¿quién dio el permiso?, que el estado de la obra que quedó inconclusa, en fin, PRETEXTOS como siempre en lugar de respuestas claras y acciones contundentes; el día de ayer la historia se repite y GRACIAS al permiso supuestamente de la administración anterior de Monterrey hay otra familia de luto y con la incertidumbre de encontrar a uno de sus miembros que al parecer se encuentra enterrado entre los escombros del “derrumbe” ocurrido en el fraccionamiento ANTIGUA sobre Ave. Lázaro Cárdenas.

Nos espantamos de la crueldad y saña con la que narcotraficantes despedazan a sus adversarios y nos hacemos de la vista gorda ante aquello que sucede de manera impune frente a nosotros, creo que debe ser porque pensamos que “nunca me va a pasar”, no puedo entonces ni imaginar los momentos de terror que pasó la familia que vió perder a su mamá en aquel socavón, mucho menos lo que sintió la hija de la familia que perdió todo (incluido a su padre) en el accidente de ayer en ANTIGUA; pasa que la chica es ex alumna del COLEGIO MEXICANO, en donde también estuve y me resulta muy triste pensar en lo que está pasando por su mente y corazón en este momento; me enteré de eso porque un grupo de ex compañeras de ella están haciendo una especie de colecta para apoyarla al menos en lo económico ante tan tremenda pérdida.

La solidaridad del amigo y la indiferencia del gobernante, claro, resulta mucho más importante juntar las firmas necesarias para salir corriendo de este puesto para ir por una silla más grande y cómoda que atender y empatizar con el dolor ajeno.

Estoy cansada de ver pérdidas de vidas sin sentido, de darme cuenta que quienes las quitan seguirán impunes por las calles por contar con aquello que todo parece resolverlo: DINERO Y PODER.

Sin duda el país requiere un cambio, sí, necesitamos que alguien verdaderamente comprometido, verdaderamente enamorado de esta tierra haga algo por devolver la tranquilidad a las familias, por dejar de lado los “moches”, los “amiguismos”, el “nepotismo” y tantos otros males que se han insertado de manera abierta para dar lugar a la inclusión, a la empatía, a las ganas de hacer algo verdaderamente diferente, hasta el momento mi voto no está comprometido, no encuentro que alguno de los candidatos a la silla grande tenga los “tamaños” suficientes para hacer algo por su patria, para darnos a los mexicanos esa paz que nos merecemos y que nos han quitado a la mala.

Basta a la pérdida de vidas, del modo que sea, de manera culposa o dolosa, basta de hacer como que no pasa nada, ahora resulta que es más peligrosa una pluma en manos de un político que una ametralladora manejada por un delincuente común.

A reírse a otro lado, a burlarse de la gente de buena fe a sus casas, a empezar a tomar en cuenta el reclamo popular, luego no anden chillando porque no los dejan irse o porque los mandaron muy lejos.

Mientras siga la mata dando lo continuaré exponiendo, mientras mi México siga manchado de sangre lo seguiré gritando, definitivamente éste no es el país que quiero dejar a mi hija y sobrinos (los de sangre y los “postizos”), así que manos a la obra y si no estamos de acuerdo con lo que sucede levantemos cada uno la voz del modo que mejor podamos.

 

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