30/May/2020
Editoriales

Manos Hermosas

 

Una vieja leyenda cuenta que en un imponente palacio vivían tres bellas damas. Una mañana, mientras paseaban por el maravilloso jardín real con sus fuentes y flores, empezaron a preguntarse cuál de las tres tenía las manos más hermosas.

Elena, que se había teñido los dedos mientras cosechaba las deliciosas fresas,

pensaba que las suyas eran las más hermosas. Para Antonieta, que había cortado

flores fragantes y sus manos habían quedado impregnadas de perfume, las suyas eran las más hermosas. Leonor, que había jugueteado sus dedos en el claro arroyo y las gotas de agua daban resplandores como si fueran diamantes, también pensaba que sus manos eran las más hermosas.

En esos momentos, las abordó una muchacha menesterosa pidiéndoles una

limosna, pero las bellas damas apartaron de ella sus vestiduras reales y se

alejaron. La mendiga se encaminó a una cabaña que se hallaba cerca de allí, y una

mujer tostada por el sol y con las manos manchadas por el trabajo, le dio pan.

La mendiga - continúa diciendo la leyenda - se transformó en un ángel que

apareció en la puerta del jardín y dijo: "Las manos más hermosas son aquellas

que están dispuestas a bendecir y ayudar a sus semejantes".

En estos tiempos difíciles todos tendremos la oportunidad de que nuestras manos y corazones se embellezcan. Pensemos la forma de hacerlo; esta gran oportunidad se nos concedió por conducto de la temible pandemia.