25/09/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Eduardo A. Elizondo, primera parte

Eduardo Ángel Elizondo Lozano nació en Monterrey, el 7 de diciembre de 1922. Hijo de Don Eduardo Elizondo y Consuelo Lozano, familia de clase media amante del trabajo productivo, y siguiendo su ejemplo, el joven Eduardo laboraba desde temprana edad pues deseaba tener sus propios ingresos para no pedir dinero a su padre. Siendo estudiante trabajaba como escribiente en un juzgado civil, y además vendía a papelerías especializadas y a la banca, “papel seguridad” para la impresión de documentos mercantiles. 

De 1939 a 1945 cursó la carrera de Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Nuevo León, cuando esa Facultad estaba ubicada en una vieja casona de la calle Abasolo. Ya recibido de abogado, fue Defensor de Oficio y luego Agente de Ministerio Público. En ese tiempo Eduardo Livas Villarreal tenía una posición similar, por lo que entrambos nació una buena amistad desde aquellos ayeres. 

El siguiente paso en la formación de Elizondo fue renunciar a su puesto para ejercer como abogado postulante, especializándose en derecho fiscal y mercantil, logrando construir un prestigio de honestidad y capacidad con reconocimiento nacional. Además de la práctica privada profesional, el impartir clases en la Facultad de Derecho de la Universidad y en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey lo consolidó como todo un jurista académico y práctico en su especialidad.

 

Fundación del Despacho Santos – Elizondo

Una vez afianzada su reputación, tanto en la industria como en la banca regiomontanas, fundó junto con otro distinguido abogado, Luis Santos de la Garza, un despacho legal que hasta la fecha sigue a la palestra en el foro estatal del derecho. Elizondo casó con la señorita Laura Barragán, fundando la familia Elizondo Barragán, que tiene desde entonces un destacado sitio en la sociedad regiomontana. Al iniciar esta etapa de vida, nuestro biografiado desarrolla cada vez más una especie de memoria eidética, que le ayudaba a recordar, sin necesidad de apuntes escritos, múltiples casos y nombres de personas con lujo de detalles.

 

Eduardo A. Elizondo, tesorero general del estado

Ya vimos en los textos dedicados a Eduardo Livas Villarreal que al llegar éste a la gubernatura de Nuevo León nombró a Eduardo A. Elizondo como Tesorero General del Estado. Esta importante designación fue interpretada por los analistas como la presencia del empresariado en un gobierno de corte izquierdista. Elizondo desempeñó el cargo con un éxito acorde a sus cualidades y experiencias mencionadas. A nadie asombró que en el informe del gobernador en 1963 apareciera que el estado elevó en 32% sus ingresos, viéndose reflejado este incremento en el presupuesto de obra pública estatal.

 

Eduardo A. Elizondo, rector de la Universidad de Nuevo León

En cierta ocasión, empezando el año de 1965, el gobernador Livas analizaba con el tesorero los diversos rubros del presupuesto. Y cuando Elizondo hizo recomendaciones para optimizar los recursos asignados a la Universidad de Nuevo León, Livas comentó: “Si, todos me dan recomendaciones pero nadie le entra al toro”. Elizondo, sin pensarlo mucho respondió: “pues yo sí le entro al toro”. El 12 de mayo de 1965 Eduardo A. Elizondo fue nombrado rector de la Universidad de Nuevo León. 

En aquellos años la Universidad dependía directamente del Gobernador, pero eran tiempos difíciles. Nuestra máxima Casa de Estudios comenzaba a adaptarse al nuevo entorno social, económico y político nacional e internacional. La sociedad misma se involucraba en un proceso de cambios generados por efectos ideológicos de la puja entre las dos potencias mundiales (Estados Unidos y la Unión Soviética) permeando las mentes, sobre todo de los jóvenes que legítimamente querían un mundo más justo.

Y Nuevo León estuvo presente en esos cambios. Sobre todo, la Universidad de Nuevo León que, por su naturaleza de recibir a todos los pensamientos universales, era y es lugar donde se concentraba la juventud y se diseminaban las ideas. Así que se convirtió, junto con otras universidades del país, en el centro de encuentros y desencuentros ideológicos.

Los jóvenes conservadores deseaban una Universidad moderna, con prestigio internacional, que les permitiera mediante su esfuerzo desarrollar sus capacidades y disfrutar el producto de su trabajo. Por su parte, los jóvenes de ideas socialistas exigían un cambio donde la riqueza, la educación y los demás bienes sociales estuvieran al alcance de todos.

 

La problemática interna de la Universidad

Otros problemas locales se sumaron al intríngulis político interno de la Universidad. El más evidente fue que el incremento de población generó la falta de cupo para los jóvenes que querían entrar a Preparatoria. Y desde luego que, así como en otras universidades, ya alboreaba en las mentes estudiantiles la idea – aspiración de elegir democráticamente a sus autoridades universitarias. Además, los trabajadores universitarios habían organizado en 1964 un sindicato que exigía más prestaciones para sus agremiados, quienes efectivamente tenían méritos laborales para ello.

Con el antecedente del problema que provocó el incremento de las cuotas en tiempos del rector José Alvarado, el gobernador instruyó al rector Eduardo A. Elizondo que dotara a la Universidad de una administración moderna para potenciar los exiguos recursos económicos, lo que se inició de inmediato. Lo mismo le dijo que aplicara una política acorde al momento que se vivía, para propiciar un clima de paz y conciliación, mediando entre las aspiraciones de todos los actores de la vida universitaria.

 

El desempeño del rector Elizondo

Ante ello, Elizondo jerarquizó los frentes que debería atender, y comenzó por apoyar al naciente Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Nuevo León. Hizo realidad las primeras mejoras en el contrato de trabajo de los empleados, aunque algunas peticiones fueron aplazadas por la estrechez presupuestal, sobre todo en materia de alicientes económicos y prestaciones médicas. En el frente de la infraestructura educativa, Elizondo amplió las instalaciones físicas en casi todos los edificios de la Universidad. A las facultades de ingeniería y a ciencias de la salud se les dotó de laboratorios de primer mundo.

Para mejorar en el frente académico, se modernizaron los planes de estudio de todas las carreras, para estar a la altura de las grandes universidades de México y Latinoamérica. La biblioteca universitaria adquirió tomos para que los estudiantes de bajos recursos pudieran estudiar sin necesidad de comprar los libros. Y a los maestros además de mejorar sus salarios, se les facilitó el ingreso a los estudios de posgrado. Algunos de ellos fueron a estudiar al extranjero, siendo uno de los primeros programas de internacionalización en Latinoamérica.

Con una Universidad trabajando en paz, y con programas de superación en todos los frentes, llegaron los tiempos de la renovación del gobierno del estado. El PRI como partido mayoritario, conseguía serlo una y otra vez porque buscaba los equilibrios en cada cambio de gobernantes. Livas había enfrentado una crisis generada por la implantación del Libro de Texto gratuito, que a pesar de ser programa federal, la impresión popular era que su gobierno había sido de izquierda. Así que el PRI buscaba una solución de equilibrio político, siguiendo la tesis del péndulo con un candidato de centro – derecha.

 

“El destape” y “La cargada” del PRI para elegir a Elizondo candidato a Gobernador

El Comité Nacional del partido –dirigido de factopor el presidente Díaz Ordaz- propuso a un precandidato intachable, de corte ideológico con las características mencionadas, vinculado al empresariado y ad – hoc al tema de moda: la efervescencia ideológica de las juventudes mexicanas. A principios de mayo de 1967, en la casa del rector Elizondo, ubicada en la rotonda de la avenida San Pedro y Calzada Del Valle, su hijo Eduardo Ángel recibió una llamada telefónica del líder de la CROC José González Alvarado, diciéndole que lo localizara en la cena a donde estaba departiendo con su esposa y unos amigos para avisarle que el PRI lo postularía a gobernador, recomendándole que regresara a su casa para recibir a los grupos que lo apoyaban.

La llamada “cargada” política era un rito en el PRI que el precandidato y su familia disfrutaba por su ambiente festivo, con música regional y algarabía popular que iniciaba un proceso político infalible en ese tiempo. Así, el 12 de mayo de 1967 Eduardo A. Elizondo dejó la rectoría de la Universidad de Nuevo León para competir como candidato del PRI a la gubernatura del Estado de Nuevo León. 

 

La falta de militancia, argumento priista contra Elizondo

Sin embargo, entre los grupos priístas no todos festejaban, pues algunos personajes locales y otros de talla nacional veían esta candidatura como continuación del grupo China – Bravo que iniciaran Bonifacio Salinas y Arturo B. De la Garza, pues Livas era uno de ellos y Elizondo había sido tesorero de Livas. Al exterior, las voces que se atrevían a disentir del destape clásico, acusaban por lo bajo, a Eduardo Elizondo de carecer de militancia partidista, argumento que siempre mueve conciencias dentro de los partidos políticos. Pero la candidatura siguió adelante.

 

El candidato panista Abelardo Salas

Es claro que la campaña de Elizondo requirió más esfuerzo que otras, pues el PAN comenzaba a posicionarse y su candidato Abelardo Salas Guerra realizó una intensa campaña por todo el estado, y por primera vez entre todas las clases sociales, cuando la práctica del PAN era focalizarse en grupos de empresarios, sus trabajadores y los más altos segmentos sociales. Así que Elizondo no recibió todo el apoyo esperado.

 

Máximo de León, candidato de la izquierda

Por su parte, la izquierda, aunque entonces estaban prohibidos los partidos marxistas, fue representada por el líder universitario Máximo de León, quien bajo la bandera de independiente realizó una fuerte campaña entre universitarios y barrios de escasos recursos. Esto hizo que tampoco la Universidad de Nuevo León se volcara unánimemente en las urnas a favor de su exrector.

En este escenario político se renovaron los poderes locales con la elección celebrada el 3 de julio de 1967. El candidato del PRI, Eduardo A. Elizondo, se alzó con la victoria con 167 mil 733 sufragios contra 31 mil 152 del candidato del PAN, Abelardo Salas, y 2 mil 473 del candidato independiente Máximo de León; una victoria predecible en aquellos momentos de hegemonía priísta. Sin embargo, hubo algunas sorpresas: el PAN ganó por primera vez tres casillas en San Nicolás de los Garza, mientras que el independiente Máximo de León logró vencer en una casilla en Mina. Estos inéditos resultados provocaron expresiones de preocupación entre los priistas importantes. 

 

Aparece el voto diferenciado en Nuevo León

Pero lo que despertó más inquietudes entre la clase política fue el resultado de las elecciones de diputados, pues apareció por primera vez el voto diferenciado. Los once distritos locales fueron ganados por el PRI, con 176 mil 777 votos (9 mil más que el gobernador electo), que significaron el 79.2% de la votación. El PAN obtuvo 44 mil 261 votos (13 mil más que Abelardo Salas), que significaban el 19.8%, mientras entre el candidato independiente y el PARM, 2 mil 141 votos, es decir, poco menos del 1%.

El PAN había duplicado su máxima votación histórica del 10% de los votos en una elección. Esto provocó el surgimiento de las primeras voces exigiendo un nuevo sistema electoral, pero no existía en el mundo la figura de diputados plurinominales ni de minoría. O eran sistemas de mayoría simple (el que gana, gana todo) como en Estados Unidos e Inglaterra, o eran totalmente de representación, que se votaban las listas sin distritos, como en Israel o Noruega (son ejemplos de la época). México y Nuevo León tardaron nueve años más para aprobar el método mixto de distritos uninominales y listas plurinominales.

 

Nace en Nuevo León el bipartidismo

Sin embargo, la elección de 1967 del gobernador Eduardo A. Elizondo fue histórica porque en Nuevo León nació el bipartidismo. Claro para esa conclusión hay que recordar a la panista Norma Villarreal de Zambrano quien ganó la alcaldía de San Pedro Garza García, sustituyendo al también panista Humberto Junco. En cuanto al litigio electoral estatal, no hubo grandes impugnaciones, sólo pequeñas y aisladas manifestaciones estudiantiles. Todo estaba listo para que, el 4 de octubre de 1967, tomara posesión del gobierno Eduardo A. Elizondo Lozano.

Continuará…

Fuentes:

Periódico Oficial del estado, versión electrónica 1964-1967

Génesis y evolución de la Administración Pública de Nuevo León, Isabel Ortega Ridaura, versión electrónica.

Semblanza Histórica de la UANL, versión electrónica.

http://www.uanl.mx/universidad/antecedentes/galeria-de-rectores/lic-eduardo-elizondo.html

http://www.elregio.com/Noticia/dab14a98-11d6-4530-8282-8d5fd8ff46fb

El informador, periódico de Guadalajara, del 4 de julio de 1967.