23/Aug/2019
Editoriales

Las religiones japonesas

Siendo una nación tan avanzada en todos los aspectos y tan exitosa en su economía, que la impresión que mucha gente tiene de Japón es que todo ahí es homogéneo. Que por eso se organizan tan bien para hacer lo que les conviene como nación. La grandeza de su historia bélica y productiva así lo sugieren, pero tan sólo como ejemplo, veamos lo que sucede en Okinawa, con la religión originaria de esos reinos. Se llama ryukyu-shinto, que quiere decir “El camino de los dioses”.

Esta religión es compleja porque contiene elementos del taoísmo chino, confucionismo, budismo, sintoísmo, chamanismo y animismo. Ellos creen que el mundo está poblado por muchísimos espíritus divididos en una gran cantidad de tipos: los espíritus de los bosques, de los árboles, de las casas, de las montañas, etcétera, y estos espíritus requieren de rituales, festivales, y zonas sagradas. Okinawa tiene muchas junglas y bosques sagrados, y en medio de ese ambiente cualquiera pude encontrarse con dos tipos de templos; el utaki y el uganju.

Vemos por ejemplo, a un costado de la cascada de Ogimi, hay un uganju, que es un pequeño templo al aire libre con incienso y monedas, así de sencillo. El utaki es una acumulación de piedras ordenadas donde se va a rezar y se acumulan espíritus y duendes. Es interesante que en la región de Okinawa, la mujer es considerada superior al hombre desde el punto de vista espiritual, mientras que en el resto de Japón es al revés.

Por eso se considera que el poder espiritual es dominio de las mujeres, y las yuta –médiums- son elegidas en los pueblos para comunicarse con el mundo de los espíritus en ritos que son tradicionales. En todo Japón se respeta mucho a los antepasados, por ello, en la casa del primogénito de las familias de Okinawa siempre hay un butsudan, un altarcito donde se hacen ofrendas a los antepasados de la familia y se reza por ellos. Como ya dijimos, el respeto por los antepasados es común en todas las regiones niponas. Lugar común en todo Oriente es que las creencias religiosas dominen a la gran mayoría de sus habitantes, y en Japón esta regla se cumple a la perfección.