23/06/2018
Editoriales

La Caravana Universitaria y la CU

 

Un día como hoy, 24 de enero, en el año de 1952 –hace 65 años--.en un tren especial, una caravana nuevoleonesa. Integrada en su gran mayoría por universitarios, sale de Monterrey, a la ciudad de México a entrevistar y agradecer al Presidente Miguel Alemán Valdez su disposición para destinar parte de los terrenos del Campo Militar a la construcción de la Ciudad Universitaria.

Al día siguiente, el 25, la Caravana Nuevoleonesa es recibida en Los Pinos, por el Presidente de la República, Lic. Miguel Alemán Valdez. Frente a éste y el Gobernador de Nuevo León, Ignacio Morones Prieto, hablan el rector Raúl Rangel Fría y el estudiante Roque González Salazar, quien años después habría de ser Embajador de México ante la URSS. .

Rangel Frías había sido nombrado Rector de la Universidad de Nuevo León por el Gobernador Arturo B. de la Garza, después de haber realizado una destacada labor como Jefe de Acción Social de la propia Universidad y haber organizado el departamento de Acción Social y sus dependencias de Escuela de Verano, Artes Plásticas, Teatro y Biblioteca Universitaria.

Llevado por los recuerdos del Maestro Rangel Frías, con quien colaboré durante años, vayamos a esa época: El 23 de enero de 1952 partió el tren. Un convoy compuesto de 20 coches para pasajeros y dos o tres dormitorios que recibieron a los profesores, directores, Rector, Gobernador y Patronato Universitario. Novecientos estudiantes entre muchachas y muchachos, con más de cien profesores, su Rector al frente y regiomontanos que acompañaron al Primer mandatario del Estado.

LAS ESCENAS

INOLVIDABLES

Bulliciosa y jovial, la tropa juvenil pasó la noche con derroche de alegría, acompañamiento de guitarras, excitación de porras y canciones románticas. Saltillo, San Luis Potosí y Querétaro, mandaron comitivas al paso del tren, para dar el saludo y hacer votos de éxito a la columna universitaria. Nadie de los que fueron podrá olvidar todas estas escenas, incluso temerarias ejecuciones de los jóvenes montados en la delantera de la máquina o que asomados a las ventanillas exaltaban el paisaje y la juventud de México.

Una ofrenda de flores se depositó el día siguiente en la Columna de los Héroes de la Independencia; y luego partió un grupo por la avenida del Paseo de la Reforma hacia la residencia presidencial. Echaron pie a tierra de los ómnibus viajeros cerca de aquella. La columna puso a la cabeza la Banda de Guerra del Colegio Civil que marcaba paso redoblado. Los clarines dieron al aire sus alegres notas mañaneras. Autoridades, Rector y Concejo enseguida; al fondo, el ancho grupo de los universitarios.

Cuando apareció el Presidente Alemán, se hizo un silencio de expectativa a las puertas de Los Pinos, que fueron abiertas de par en par. El gobernador Morones a su lado, el Rector, otros regiomontanos y los miembros del patronato. Una muchacha trepó la breve escalinata y entregó flores al primer mandatario. El estudiante Roque González Salazar, que había concurrido en la dirección estudiantil, junto con Noé Elizondo y Ángel Martínez Maldonado, Gerardo Martínez, Rolando Hoyt, Héctor Cantú y otros, produjo el discurso de los estudiantes.

Enseguida, el rector Rangel Frías improvisa con acentos de verdad y pasión, estas palabras vehementes: "En esta jornada que registrarán los fastos de las Universidades Mexicanas, una de ellas, nuestra Universidad de Nuevo León, echó a andar por los caminos de la Independencia y del honor nacionales para llegar hasta el templo de la patria con banderas desplegadas, las de verdad, la ciencia y la cultura. Nuestra juventud, que tiene fe en el porvenir de México y en sus hombres se ha puesto de pie y ha marchado para venir a agradecer un acuerdo que beneficiará no sólo a los universitarios de Nuevo León, sino también a los de todo México. Trae con sus tradiciones en medio del mayor entusiasmo y cariño, la vieja bandera del Colegio Civil, alzada por el pensamiento liberal, abatida por el Imperio y vuelta a poner en alto por nuestro héroe mayor, el Gral. Escobedo. La trae ente usted para depositarla en el corazón mismo de México, Tomadla en vuestras manos sabias. Nuevo León la manda como lo mejor que tiene; la pone en vuestras manos y la deposita en el templo de la Patria".

A los aplausos y las porras sucedió la petición de escuchar las palabras del Presidente de la República, que se produjo en los siguientes términos: "Vamos en camino de lograr la aspiración de este grupo de hombres entusiastas de Nuevo León y hemos accedido a sus peticiones, darles parte de los medios. Los terrenos donde nuestro ejército ha hecho esfuerzos por dignificar a nuestra patria y donde mañana van a surgir magníficos edificios para que puedan convivir los jóvenes de México y salir por todas partes de nuestro país a difundir la cultura... Estamos seguros de que se van a realizar sus aspiraciones. Las primeras bases que hoy ponemos con esta manifestación de cultura, mañana las vamos a ver realizadas, tan importantes como los que aquí en México parecen elevarse hasta los cielos a donde queremos elevar esas alturas".

LA CIUDAD UNIVERSITARIA,

UNA POSITIVA REALIDAD

Aclamaciones y gritos volcaron la emoción juvenil que rubricaron miles de rostros espejeantes de exaltación, de fuerza y de alegría. A la juventud de los cuerpos se agregó la belleza de las sonrisas que trajeron las muchachas y todo el efecto fue de fiebre y alucinación. Será verdad la Ciudad Universitaria. La lucha tenía sentido con su lección de desprendido afán por construir la Casa de los Estudios. El entusiasmo y por cierto inocente fervor prestaron su cuerpo a la imaginación y al ideal.

Los prados en pendiente de las colinas de Chapultepec proporcionaron el marco en que se perfiló el antiguo pabellón del Colegio Civil y su lema renovado: "Alere Flamam Veritatis".

Cuando aquella escena concluyó, un inevitable sentimiento emocional arrastró consigo todo el acumulado material de palabras, esfuerzos, gestos, preocupaciones y proyectos. "Nos quedamos sin habla –comentaría después Rangel Frías--, desplomados hasta lo hondo, más hondo de la fatiga.

Al tercer día regresó la excursión universitaria, más apacible por consumada en el propósito que por fatiga de las energías juveniles, tras de haber recibido en la capital los afectos concentrados de nuevoleoneses y las atenciones universitarias en la muy nueva Ciudad Universitaria de la capital de la República. ¿Se había logrado el propósito? Tal vez sí, tal vez no.

En lo personal, yo creo que si se logró y con creces. Ahí está como prueba palpable la Ciudad Universitaria, orgullo del Estado de Nuevo León y de México.