23/Oct/2020
Editoriales

El espejo de Narciso

Cuando Narciso murió, las flores del campo se vieron embargadas por el dolor y le suplicaron al río algunas gotas de agua para llorarlo.

_Si todas mis gotas de agua fueran lágrimas –contestó el río-, no me alcanzarían para llorar a Narciso. Yo le amaba.

_¿Cómo hubieras evitado amarlo? Preguntaron las flores, era hermoso

_¿Era apuesto? Preguntó el río

_¿Quién podría saberlo  mejor que tú? Preguntaron las flores. Si cada día se recostaba en tu orilla y reflejaba su belleza en tus aguas.

_Pero yo le amaba –murmuró el río- porque al inclinarse sobre mí podía ver el reflejo de mi propia belleza en sus ojos

 

   Oscar Wilde