19/01/2018
Editoriales

Nuestras Dos Opciones a Largo Plazo

Tomando en cuenta la confusión reinante sobre cómo actuar en nuestro sistema político, ya que actualmente no se ven opciones claras, pues de las que hay, ninguna parece buena: A) Un PRI que se sigue ateniendo a su voto “duro” de los sectores obrero, campesino y “popular”, los cuales se beneficiaron en su largo crecimiento sostenido, durante las cinco “monarquías sexenales” de 1940 a 1970, a quienes maneja con dádivas obtenidas con “desvíos” del erario, lo cual, hasta el presente, es increíblemente fácil y “seguro” de hacer en nuestro país; B) El movimiento populista de Morena, en el cual AMLO ya ha demostrado, sin duda alguna, que pretende ser un dictador, como lo demostró en el caso de la candidata al gobierno de la CDMX y en múltiples otros casos, con todos los peligros (Ver a Venezuela) que eso implicaría; Quedan los partidos “de oposición” PAN y PRD, los cuales ya se malearon al ascender al poder y darse cuenta de la “necesidad” de comprar votos y lo fácil que es hacerlo y, más aún, que siempre se queda una buena tajada “entre las uñas”.  Entonces ¿Cuáles serían nuestras opciones a largo plazo?

 

   La opción más directa y efectiva, pero la más difícil de que sea aceptada, es la de la valorización del voto, cuya forma más factible de implementar aquí en México, sería la de valorar al doble los votos emitidos por aquellos ciudadanos que hayan demostrado tener el nivel de pagos de impuestos y de nivel educativo que fije la ley: Con esto se duplicaría el valor del, digamos, 35% de la clase media y alta y se igualaría a la del 65% de la población que no cumple con estos requisitos. Esto tendría los siguientes efectos inmediatos: a) Desvalorizaría los votos “clientelares” y haría menos “atractivo” y más riesgoso el desvío de fondos públicos para ello; y b) Haría menos factible la posibilidad de que gane un demagogo populista.

 

   ¿Qué es lo que justificaría esta opción aparentemente “injusta”? Pues el hecho de que no lo es en lo más mínimo: El Sistema Democrático Liberal ahora plenamente vigente en el Primer Mundo, está diseñado y sólo funciona bien cuando se le otorga del voto sólo a personas con ciertos niveles de ingresos y, por tanto, de pago de impuestos y de educación escolar. Se tardaron un siglo, de 1815 a 1916, en subir de un 10% a un 100% de votantes adultos, masculinos y de raza blanca. Ojalá que se pudiera convencer a “las grandes mayorías” que los principales beneficiados por este cambio serían ellos mismos, pues tendríamos gobiernos honestos y dedicados y aunque las leyes, al principio, las legislara una minoría, serían obligatoriamente aplicables a toda la población y, de hecho, nadie quedaría excluido permanentemente de que su voto valga doble, pues cada individuo lo tendría tan pronto como cumpla con los requisitos de ley.

 

   Supongamos que esto no sea posible de lograr ¿Qué otra opción tenemos? Pues armarnos de paciencia e ir avanzando en el sistema actual, haciendo todo el uso posible de los tres avances democráticos que y hemos logrado: 1°) La partición del Poder tanto por funciones como por niveles; 2°) El control ciudadano de la organización y supervisión de las elecciones; y 3°) Libertad de expresión y de manifestación. ¿Qué esos tres avances son parciales y con muchas fallas? ¿Qué hay corrupción en las tres funciones y los tres niveles del poder? ¿Qué no se controlan bien las propagandas electorales? ¿Qué la libertad de expresión es relativa y sujeta a peligros y a “compras”? Todo esto es cierto, pero hay que ir avanzando sin desesperarnos. A lo mejor los del Frente Amplio Democrático del PAN, PRD y MC hacen un “acto de contrición” y enarbolan el estandarte contra la corrupción y la impunidad y luego elijen un buen candidato que sea buen líder. Todo puede suceder: Así que paciencia y no desesperarnos.

 

 

Atte.- JVG.- 13-09-17