21/09/2018
Editoriales

Cuando la palabra NO ¡sabe a gloria!

¿Por qué a veces la palabra no puede ser gloriosa? Preguntarían los niños. Aún en la edad adulta, sigue siendo habitual pensar que esa palabra puede representar algo catastrófico. ¿Y cuál es el motivo de tanto miedo?, pues bien, la respuesta es muy simple, cuando niños, jamás queríamos escucharla al preguntarle a nuestros padres: ¿puedo salir a jugar?, ¿me compras un helado?, ¿me llevas al parque?, ¿vamos al cine?... Si una de esas preguntas tenía como respuesta un no, para nosotros era casi el fin del mundo, el cielo se veía negro, ¡parecía que llegaba la tormenta!, nos sentíamos profundamente tristes y por lo general comenzábamos a llorar. Y llorábamos igual cuando algún amiguito nos decía: ¡Ya no quiero ser tu amigo!, ¡córtalas! Entonces aprendimos que esa palabra no es nada amigable.

Al llegar a la adolescencia, el aprendizaje se reafirmó al tener miedo de preguntar otras cosas como: ¿quieres ser mi novia?, ¿estás enamorado de mí? y recibir un no como respuesta, francamente era… ¡horrible!

Si seguimos sumándole años al transcurso de la vida, habremos llegado ya a la edad adulta, donde esa palabra continúa atormentándonos. Por citar un ejemplo, el más común –diría yo-, quienes se dedican a las ventas, lo peor que pueden escuchar es un no como respuesta porque eso equivale a que han fracasado en su intento de vender algo, y que terrible parece eso ¿verdad? Sin embargo, llega el momento en que se acostumbran y lo superan o mejor se dedican a otra cosa.

Pero no solo en lo profesional se encuentra el desencanto de la temida palabra; citando nuevamente al tiempo, podemos ver que en él están nuestros recuerdos, los cuales, en ocasiones, también se suman a la larga lista de frases con un “no” que a veces duele o disgusta. Por ejemplo: Aquel año no hubo ganancias, no debí haber hecho eso, el verano pasado no me fui de vacaciones, etc.

Y así podemos continuar hablando de este asunto sin encontrar la forma correcta de disfrutar la situación. Es importante entender que mientras no nos desintoxiquemos y empecemos a ver las cosas desde otro punto de vista, uno más conveniente o alentador, difícilmente podremos cambiar la imagen o percepción que tenemos de esa palabra.

Debemos ser como el vendedor que supera las caídas y deja atrás el amargo sabor del rechazo para poder avanzar.

En el proceso de desintoxicación, debes perder el miedo de escuchar la palabra NO. El temor a sentirte rechazado o alejado de aquello que deseas debe desaparecer de tu vida. ¿Y cómo se logra eso?, te preguntaras, pues aceptando el hecho de que debe existir una razón muy poderosa que tal vez en ese momento no entiendas,  pero que sin duda, debe ser lo mejor para ti.  

Cambiando el escenario, vamos a dejar de ver el vaso medio vacío, para mirarlo ahora medio lleno. Si por ejemplo este día quieres disfrutar de un paseo al aire libre, ir al campo o a nadar y el pronóstico del tiempo dice que: ¡No lloverá!... La noticia es estupenda.

Si vas al médico y te dice que no tienes ninguna enfermedad, estoy segura de que esa respuesta  te llenará de felicidad.

Otro ejemplo de este tipo de situaciones es cuando hay algo que en el fondo de tu alma no deseas hacer y por alguna razón no lo tienes claro o te cuesta trabajo reconocer que no quieres o no sabes cómo decir que no,  el hecho de que el reloj se detenga y escuches un ¡Ya no!... es algo que te liberará por completo, dejándote una sensación de alivio inigualable. Ves como a veces ese no sabe a gloria.

Así le pasó al señor Martínez, quien después de 14 años de matrimonio, cierto día despertó dándose cuenta de que debía llegar a un importante acuerdo con su mujer puesto que los últimos 2 años habían sido un tremendo calvario, tanto para él como para ella. Su relación se encontraba totalmente desgastada. En el cajón de su buró guardaba un listado con las 10 cosas que más le gustaban de ella y esa mañana, al leerla de nuevo, parecía que se trataba de las 10 cosas que más le gustaban de otra persona. La cantidad, calidad y forma de su amor había cambiado. Y se preguntó: ¿Quién es esa mujer que durmió toda la noche a mi lado? En un instante se dio cuenta de que su apariencia, vestimenta, aspecto físico, tipo de conversaciones, programas de televisión predilectos y todo su  intelecto, habían desaparecido por completo. Y lo mismo pensaba ella de él, aunque nunca se lo había dicho, él lo sabía, lo intuía y le daba toda la razón puesto que era evidente su abandono físico.

Decidió no seguir pensando más y se levantó tan rápido como pudo. Sentía una urgencia en su corazón, así que sólo espero a que ella también se levantara y sin importarle nada más, arrebatadamente le dijo: ¡Querida!, hoy te haré una pregunta importante y quiero me contestes con toda sinceridad, ¿quieres seguir casada conmigo? Ella le dijo: ¡Desde luego que NO!

Después de escuchar su respuesta, al señor Martínez, ese no…. ¡le supo a gloria!