14/11/2018
Editoriales

Acción de Gracias

Los sobrevivientes ingleses de la embarcación Mayflower arribaron a Norteamérica en diciembre de 1620. Estos exploradores recibieron ayuda de los habitantes indígenas de la región de Nueva Inglaterra para sobrevivir, pues los naturales llevaban una vida seminómada y conocían los secretos de la alimentación y medicinas de esa región. En noviembre de 1621, ya convertidos en colonos, los ingleses establecieron un tiempo de acción de gracias en celebración de la primera cosecha levantada en las nuevas tierras. Estos colonos invitaron a Massasoit, el gobernador indio que gobernaba la región, así como a noventa guerreros bravos para que celebraran juntos este acontecimiento.

Y a lo largo de tres días todos, ingleses e indios se entregaron a la convivencia y a la diversión, traveseando con juegos europeos e indígenas. Estas celebraciones fueron escasas durante la colonia, pero sobrevivía el rito indígena de alegría. Pero esta tradición estaba en un vaivén y fue hasta 1863 cuando el presidente Lincoln la convirtió en el Día de Acción de Gracias, en un FIESTA NACIONAL, llegando a superar a todas las otras fiestas nacionales. Sin embargo, en 1970, durante una cena gubernamental, le pidieron a Wamsutta Frank James que hablara con motivo de la celebración número 350 de la llegada de los peregrinos. Pero el indígena se negó a hacerlo porque mientras ellos (los descendientes de los colonos) festejan su dominación en esa fecha, y el haberles transmitido la “civilización”, los indígenas se reúnen para llorar y recordar a sus antepasados que murieron a consecuencia de la invasión europea y el genocidio sufrido por millones de sus compañeros.