29/Mar/2020
Editoriales

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Diciembre 31 de 1899: nace en Santiago Papasquiaro, Durango, Silvestre Revueltas, quien sería músico excepcional, violinista, pedagogo y compositor. Su familia es un conjunto de ilustres mexicanos, artistas e intelectuales, que se significaron por su compromiso político. Fue el mayor de sus hermanos Fermín, José y Rosaura. Tomó un camino diferente al de su hermano José, por ejemplo, quien destacó en la literatura, pues Silvestre, desde la edad de siete años ya estudiaba solfeo, y a los ocho interpretaba melodías propias con una flauta y dirigía una orquesta de niños, a los que les pagaba con dulces de la confitería de su padre. Estudió violín en Colima instrumento que le abrió las puertas a la música, aunque sus rutas fueron diversas, coincidieron él y sus hermanos en una sólida vocación nacionalista.

En 1913 fue discípulo del maestro violinista José Rocabruna, y al mismo tiempo, de Rafael J. Tello, en materia de composición musical. Terminó sus estudios con las más altas calificaciones, y comenzó a dar conciertos en México, de donde fue requerido para lo mismo en Estados Unidos. Pero en Chicago Musical College de 1918 a 1922 tuvo la oportunidad de ser alumno del excepcional maestro Félix Borowsky, y después de ello compuso su primera melodía en un estilo totalmente debussyano, aún desconociendo la música de este paladín del impresionismo musical. En 1928 fue nombrado subdirector de la Orquesta Sinfónica de México fundada por Carlos Chávez, y para 1929 ya estaba instalado como catedrático en el Conservatorio Nacional de Música.

Silvestre Revueltas tuvo una participación activa en la política española, pues participó en la Guerra Civil de ese país, defendiendo el punto de vista de los republicanos, al ofrecer conciertos en numerosos frentes republicanos, como Madrid y Barcelona, cuando ambas ciudades sufrían criminales bombardeos. Su obra musical es extensa y se distingue por su espíritu mexicano, que ha servido para representar a México en muchas salas de concierto alrededor del mundo. Compuso sinfonías, ballets, música para obras de teatro y películas, como Cuauhnáhuac, y canciones como Janitzio, La coronela, Redes, Sensemayá y La Noche de los Mayas. Muy joven, a los 41 años de edad, enfermó de neumonía y murió en Ciudad de México este notable artista que supo plasmar en sus composiciones un melodismo fluido inspirado en el color, luz y movimiento impresionistas. El mero día de su muerte se estrenaba su ballet infantil El Renacuajo Paseador. Su obra se aleja del romanticismo de Manuel Ponce, así como del carácter ascético y más culto del maestro Ignacio Chávez, sin dejar de ser al mismo tiempo romántico y culto.