17/11/2018
Editoriales

AMLO y Trump

 

Cada vez se están pareciendo más las maneras de actuar de Andrés Manuel López Obrador y de Donald Trump, en el sentido de que ambas son reacciones “instintivas” de una buena parte de los pueblos mexicano y norteamericano respectivamente ¿Reacciones contra qué? En términos muy generales, contra el inadecuado comportamiento de sus respectivos gobiernos tradicionales, aunque cada uno por diferentes causas: En EUA por su insensibilidad y burocratismo ante la pérdida de “status” de una buena parte de la clase media blanca menos educada y, en México, por el cansancio y fastidio de la población ante la corrupción impune de una buena parte de sus gobernantes y de sus paniaguados empresariales.

 

   Trump ha demostrado ser muy opinionado, pero con muy poca cultura histórica-política, incontrolable, muy dado a la improvisación y renuente a dejarse aconsejar, lo que se ha reflejado en una rotación excesiva de colaboradores, rematando hace poco con el despido intempestivo de su Secretario de Estado. AMLO ha afirmado, contra viento y marea, apoyar posiciones retrógradas y malignas, como la negativa a cualquier reforma de la Educación Pública, el rechazo de la muy necesaria inversión privada el área del Petróleo y la vuelta a la ineficiente y corrupta operación del Sindicato “nacional”, la absurda “autosuficiencia alimentaria” y el rechazo  al nuevo y muy necesario Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

 

   La razón principal del triunfo de Trump en los EUA fue que la mayoría de la población no captó la magnitud del apoyo incondicional que sus posturas “populistas”, tales como la expulsión de los inmigrantes ilegales y su aislacionismo ante el mundo para volver a la ya obsoleta industria pesada, le valió en un 30% e la población total, más un 20% adicional  que les pareció bien probar algo “novedoso”. Parece que algo parecido en números se está gestando aquí en México: Un 30% de apoyo pleno a AMLO por parte del antiguo Sistema Clientelar, como petroleros corruptos o maestros burocratizados y marginados atraídos, más un 20% de gente de buena voluntad deseosa de un cambio radical.

 

 

   Hasta una parte de intelectuales socio-políticos en ambos países (Sergio Elías Gutiérrez aquí en Monterrey) son atraídos por las perspectivas de un cambio supuestamente benéfico, confiados en que la fuerza de las instituciones existentes impedirían cualquier deterioro del Sistema Democrático: Quizás eso sea aplicable a los EUA, con su tradición bicentenaria, Pero difícilmente a México con apenas 30 años de incipiente democratización, la cual  actualmente pasa por un período de desilusión con los resultados logrados hasta la fecha: Así que aquí sigo considerando a AMLO como un peligro muy concreto, que aunque quizás no pueda llevarnos a ser otra Venezuela,  si nos haga retroceder y polarizarnos en dos posturas contrarias, que luego serían muy difíciles de armonizar bajo unos mismos ideales.

 

   Entonces ¿Qué debemos hacer? Pues que en estos tres meses de campaña electoral que están por comenzar,  inducir a alguno de los dos candidatos punteros o a algún independiente (que no sea “El Bronco”) a que abrace de todo corazón la defensa de los logros democráticos, como la separación de poderes, control de las elecciones y libertad de prensa, y le agregue la seguridad pública en Estado de Derecho, la mejora radical de la educación y el desmantelamiento de los sindicatos “nacionales”: Una vez que eso se logre, que todos los demás apoyen a ese adalid contra AMLO.

 

¿Parce muy difícil? Claro está, pero creo que vale la pena cuando menos intentarlo.

 

Atte.- JVG.- 14-03-18.