18/06/2019
Internacional

UNICEF: niños migrantes venezolanos necesitan ayuda

 

BOGOTÁ  — En la capital de Colombia, los niños venezolanos, incluyendo bebés, pasan horas en transitadas intersecciones mientras sus padres venden caramelos o piden monedas entre los conductores para sobrevivir otro día luego de abandonar su país en busca de una vida mejor.

El impacto de la devastadora crisis económica, social y política de Venezuela se ha extendido por América Latina y el Caribe en los últimos años ante la salida de más de tres millones de personas del país. Como en otras emergencias humanitarias en el mundo, los niños son los más vulnerables.

Alrededor de 1,1 millones de niños necesitarán acceso a servicios como educación, saneamiento y agua potable en toda la región este año a consecuencia de la crisis migratoria venezolana, dijo UNICEF en un informe. La agencia de Naciones Unidas para la infancia señaló que la cifra estimada es más del doble de la que necesita ayuda ahora mismo, y se mostró preocupada por los reportes de discriminación y violencia hacia menores y familias venezolanas.

“Algunos migrantes, entre ellos menores no acompañados y separados, mujeres embarazadas o lactantes e indígenas, están en un mayor riesgo”, señaló UNICEF en su llamado a los gobiernos para que respeten los derechos de los niños, incluyendo migrantes y refugiados.

El jueves, cerca de 20 bebés y niños venezolanos acompañaban a sus padres pidiendo limosna entre los autos que circulaban por un cruce en Bogotá. Las madres llevaban a sus bebés en brazos. El más joven tenía seis días y el mayor, 6 años. Los más pequeños jugaban o comían dulces mientras parecían ajenos al ruido del tránsito que los envolvía. Algunos de los conductores bajaron la ventanilla para darles unas monedas.

Uno de los migrantes, Wilfran Garrido, de 22 años, contó que había trabajado en una posada en el estado venezolano de Carabobo pero dejó el país cuando el deterioro de la economía hizo más difícil poder alimentar a su familia. Llegó a Bogotá hace unos meses y pudo encontrar plaza en una escuela para su hijo de 4 años y en un jardín de infantes para el de 2. Su esposa y él tienen además un bebé de cuatro meses.

“Espero que para mis tres hijos el futuro sea mejor, porque en Venezuela no había futuro”, dijo emocionado Garrido.

Como muchos de sus compatriotas, Garrido cruzó a pie la frontera hasta la ciudad colombiana de Cúcuta, el lugar desde donde el pasado 23 de febrero el líder opositor Juan Guaidó intentó llevar ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos al país. La operación fracasó cuando el presidente, Nicolás Maduro, ordenó a las fuerzas de seguridad que frenasen la entrada de los suministros, en una escalada del conflicto político que comenzó cuando Guaidó se autoproclamó presidente interino en enero e inició una campaña para derrocar a su rival.

Oriana García, de 24 años, estaba con su hija de seis años en el cruce de Bogotá. García señaló que en este momento no se puede vivir en Venezuela y, como muchos otros migrantes, culpó a Maduro de los problemas del país.

“Lo que vendemos acá lo pagamos en el hospedaje, porque no nos alcanza escasamente para la comida”, agregó García, que vende baratijas entre el tráfico. Algunos colombianos las han tratado mal y otros las han ayudado, explicó.

Según las proyecciones de UNICEF, hasta 4,9 millones de personas en toda la región _ incluyendo Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Panamá, Perú y Trinidad y Tobago _ necesitarán ayuda este año por las “condiciones políticas y económicas dentro de Venezuela que están impulsando la migración regional”.

La agencia instó a los gobiernos a registrar a los niños integrados en la ola migratoria para garantizar sus derechos y ayudar a planificar y presupuestar la ayuda.

Charlie López, un venezolano de 26 años que estaba en el mismo cruce en Bogotá, señaló que siente que su familia, incluyendo su pareja Jennifer Salas, de 27, y sus tres hijas, están mejor en Colombia por el momento. López solía vender bebidas y cocos en la playa y trabajaba en el sector del turismo en Venezuela, pero las oportunidades se agotaron a medida que crecía la hiperinflación, la economía se hundía y los servicios sociales colapsaban.

“Preferimos estar acá en Bogotá porque aquí conseguimos algo de comer todos los días”, señaló. “Tengo esperanza que muy pronto mi país se acomode y volver a Venezuela”.