18/10/2018
Editoriales

Entrecurules 17 09 18

"La independencia fue para México un bien tan grande, tan grande, como no puede haber otro mayor, puesto que a él se debe su existencia política", expresó Melchor Ocampo, en Morelia, el 16 de septiembre de 1852 al conmemorar la Independencia Nacional.

Ocampo, quien fue Gobernador de Michoacán, Secretario de Hacienda, Ministro de Gobernación y Relaciones Exteriores y Diputado Constituyente de 1856, reiteró en ese discurso:

"Sí, fue un bien que os debemos, justamente llamados Padres de la Patria, por vuestra sagaz previsión, por vuestro valor indómito, por vuestra heroica constancia, por vuestra abnegación sublime, tenemos patria".

Si algún esclavo bendice a su dueño "por qué nosotros no hemos de bendecir a nuestros padres?".

Se os acusa, héroes queridos, de haber empleado los únicos medios que en vuestra mano estaban; se os acusa de los abusos cometidos en vuestro nombre; y se blasfema de la providencia, suponiendo que en un suceso que cambió la faz del mundo, obrasteis contra sus designios justos, os opusisteis a su voluntad omnipotente, triunfáistes de sus decretos eternos. Descansad en su seno! Compadeced estos delirios! Y si para mengua nuestra contáis algunos ingratos entre vuestros hijos, contad también con las bendiciones de todos los hombres generosos en todos los países y en todos los siglos a que llegue vuestro nombre.

 Pero algunos dicen que sin negar que en sí misma la Independencia sea un bien, ningunos otros ha producido.

 "Si suponemos por un momento que semejante absurdo fuese cierto, por más que lo desmientan las ciencias, las artes, la industria de todos sus ramos, el comercio, las comodidades de la vida, la simple comparación del número de los que hoy disfrutan con el de los que las gozaban antes, de los productos actuales con la de nuestros antiguos artefactos "sería culpa de nuestros héroes, si en más de 30 años no hemos sabido aprovechar los sacrificios? Debe increpárseles porque creyeron que llegaríamos, nosotros sus hijos, nosotros su orgullo y esperanza, a ser hombres y cuerdos, mientras la conducta nuestra ni ha sido ni es sino la de niños grandes o insensatos?

 Y en efecto, no ha sido cordura, no tanto ya desperdiciar los años y la riqueza pública en diversos ensayos de gobierno y administración cuando lo será que del todo la lección última que el triunfo de los Estados Unidos sobre nosotros debió darnos.

 "Una vez idos nuestros vecinos "¿qué pedía la prudencia? Que los males reconocidos se remediarán, que los futuros se precavieran. Comenzamos apenas la obra.

 Ese fue el discurso de Ocampo en 1852.

Y ayer como cada año, refrendamos nuestra mexicanísima, honrando a los héroes que nos dieron patria.