08/Aug/2020
Editoriales

El Pararrayos

Hace algunos meses circuló en la red un video en donde se ve cómo caen varios rayos sobre diversas personas causándoles la muerte instantáneamente. En nuestro lenguaje cotidiano el rayo es un término que quiere decir velocidad o mal humor, pero cuando escuchamos su presencia cercana, nos provoca temor. En sus estudios sobre la electricidad, el inventor norteamericano Benjamín Franklin, entendió que las tormentas son un fenómeno eléctrico e hizo una demostración en el año de 1752, luego de publicar un artículo en Londres proponiendo utilizar varillas de acero en los techos para protegerse de los rayos. Su teoría del fluido único que explica los dos tipos de electricidad atmosférica, la positiva y la negativa, concluye en el pararrayos, que excita y atrae la descarga eléctrica del aire, conduciéndola a donde no pueda hacer daño. En 1753 hubo un accidente que le costó la vida al investigador alemán Georg Wilhelm Richmann, quien en el observatorio de San Petersburgo experimentaba la teoría de Franklin, pero un rayo atraído por su equipo con el que trabajaba, lo impactó. Fue hasta 1919 cuando el astrohúngaro Nikola Tesla definió exactamente cómo funcionaba el pararrayos de Franklin, rebatiendo sus principios. Sin embargo, es claro que el invento funciona y por eso se llama “Pararrayos Franklin”. Los valores de la corriente que puede aparecer en un rayo van desde 5 mil hasta 350 mil amperios, y se calcula que al día caen unos 8 millones de rayos en todo el planeta. En los aviones y en los barcos, traer pararrayos es obligatorio según las autoridades de todos los países, y el duelo entre los genios Franklin y Tesla, pareciera haberlo ganado el primero de ellos.