20/Jan/2020
Editoriales

Las Iglesias de Monterrey. La Capilla de Los Dulces Nombres de Jesús, María y José

La Capilla de Los Dulces Nombres de Jesús, María y José se ubica en la esquina suroeste de las calles de Matamoros y Dr. Coss. Para el común de los regiomontanos se llama sólo “Capilla de los Dulces Nombres”, un discreto y bonito edificio que aporta un aire de antigüedad a la Macro Plaza, obra modernizadora del centro de la Ciudad de hace apenas siete lustros. Esta invaluable construcción pudo desaparecer cuando el vértigo modernizador demolía vetustas edificaciones de ese sector, pero la sensibilidad del gobernador Martínez Domínguez la salvó.

 

Este Templo ciertamente no es el más antiguo de Monterrey, y mucho menos el más grande, pero se conserva casi en su estado original.    

 

La Capilla de Los Dulces Nombres proviene de un donativo particular

 

Ya hemos visto que varios predios donde se edificaron templos religiosos fueron donados por personajes particulares, pero de los que hemos estudiado esta es la primera obra costeada totalmente por una familia. Esto fue posible gracias a la costumbre religiosa colonial de que, al morir un creyente, legaba a la Iglesia Católica parte de sus bienes. No necesariamente debían ser muy valiosos, pues algunos sólo dejaban pagadas varias misas en sufragio de sus almas, o mandaban comprar artículos religiosos que podrían ser indumentarias, o artículos sacros de bajo costo, pero los adinerados normalmente donaban retablos de oro y hasta templos completos.

 

Este es el caso. La pequeña Capilla en comento fue construida por disposición testamentaria del regiomontano José Antonio de la Garza Saldívar. Debido a su último deseo, este Templo fue edificado por su viuda entre los años de 1830 y 1850 dentro de un predio propiedad de su familia. La erección de la Capilla tuvo como materiales básicos los comunes en la región: el sillar y los techos de viga de madera.

 

La arquitectura de la Capilla de Los Dulces Nombres

 

Su construcción mide 8 metros de fondo por 13 metros de frente a la calle de Matamoros, y consta de dos cuerpos principales. El del lado oriente, de Dr. Coss, se levantó con muros de sillar de un grueso de 1.3 a una altura de 6.7 metros. En la parte superior de los muros, el remate consta de una cornisa “españolada” que sirve de base para una bóveda de cañón confeccionada también de sillar. El segundo cuerpo hacia el poniente, o rumbo a la calle de Zuazua, se comunica con el primero con un arco peraltado de medio punto, sostenido por vías de madera y con cubierta de terrado. 

 

La entrada tiene un portón de madera de dos hojas, flanqueada por dos pilastras rectangulares apoyadas en sus respectivas bases y rematadas por capiteles que soportan un arquito molturado. La fachada tiene, en sus dos extremos, sendas espadañas rectangulares lisas. El cuerpo central tiene dos pilastras con capiteles que apoyan un entablamento liso también. Al mero centro, el frontispicio tiene rebajes circulares en los extremos y una cornisa en su contorno. 

 

En el interior no hay ventanales y mucho menos vitrales continuándose los elementos lisos monocromáticos típicos de la arquitectura franciscana. Acaso arriba están pintadas flores de granada simbolizando el triunfo de los Reyes Católicos sobre los musulmanes en Granada, España. 

 

La Capilla de Los Dulces Nombres se abre al público

 

Una vez terminada la construcción, a pesar de que era utilizada como Capilla privada por la familia Garza Saldívar, se abrió al público en forma regular, y los servicios litúrgicos eran dados por sacerdotes de la Catedral Metropolitana. Después de cuatro décadas de estar abierta al público -desde antes del siglo XX- las campanas de Dulces Nombres fueron removidas para la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, ubicada por la calle de Ruperto Martínez, al oriente de la Ciudad.  

 

Cierre de la Capilla; su nombramiento como Patrimonio Nacional

 

Y posteriormente, ya en plena Guerra Cristera, en 1928, la Capilla de Dulces Nombres cerró sus puertas utilizándose sus instalaciones como biblioteca, y hasta de bodega. Sin embargo, el gobierno de Lázaro Cárdenas levantó un censo o catálogo de Bienes Históricos y quedó registrada a nivel nacional en 1938 la Capilla de los Dulces Nombres de Jesús, María y José, como parte del Patrimonio Nacional.

  

El rescate de la valiosa edificación

 

Otra importante novedad fue que en 1945, debido que se hizo presente el fenómeno de la intemperización, se protegió las paredes de sillar con un mortero de agua, arena y cemento; se clausuraron sus puertas y fue bardeado. El edificio parecía estorbar cuando llegó la construcción de la Macroplaza del gobernador Alfonso Martínez Domínguez quien dictó instrucciones para que se rescatara, a pesar de haber quedado en el túnel vial de sur a norte de la Magna Obra. 

 

El interés del gobernador Jorge Treviño Martínez

 

Luego sucedió que accedió a la gubernatura Jorge A. Treviño, quien había pasado su niñez viviendo cerca de esa Capilla y el interés por conservarla creció. En 1985 el Gobierno del Estado cedió a la Arquidiócesis de Monterrey este bello edificio que fue sometido a una fuerte restauración. El apoyo económico vino no sólo del lado oficial, sino que Doña Rosario Garza Sada de Zambrano estuvo detrás de un soporte privado, lo que culminó en la apertura al público en 1989 con servicios religiosos.

 

El uso de la Capilla de Los Dulces Nombres como recinto cultural

 

El gobernador Jorge Treviño estuvo empujando hasta que se consiguió que la Capilla de los Dulces Nombres se integrara a la Parroquia de la Divina Providencia, abriéndose al público servicios religiosos como la celebración de misas para bodas. En tiempos del gobernador Sócrates Rizzo se le dio además del aspecto religioso, un uso cultural. En 1992 se presentaron Roberto Aguirre, Alfredo Macías y Jorge Mascorro en un recital de guitarras, y en 1994 Maryen González Zambrano en un recital de arpa.  

 

La siguiente administración a cargo de Benjamín Clariond propuso la venta de esa manzana de la Macroplaza y se llegó a ventilar un proyecto de un Hotel de lujo que respetaría a la Capilla, pero hubo resistencia de a sociedad y del INAH, por lo que este proyecto no prosperó. Hoy día está la Capilla de los Dulces Nombres tiene uso esporádico durante la Semana Santa y en el Día Estatal del Patrimonio, así como algún uso esporádico para celebración de misas de boda y de quince años.

  

Su bella estampa nos recuerda al Monterrey de la época Colonial rodeado del frío e impersonal ambiente que hoy nos arrastra al mundo de la inexistencia de valores más allá de la economía y la frivolidad de las redes sociales. Se trata de uno de los templos más antiguos de la ciudad, y representa un oasis de paz y reflexión en el mero corazón de nuestra increíble Ciudad capital de Nuevo León.

 

 

Fuentes 

Monumentos del Estado de Nuevo León. Departamento Editorial de la Secretaría de Educación y Cultura. Monterrey, México. 1984. 

Ornamentaria: lectura cultural de la arquitectura regiomontana. Armando Flores Salazar. UANL. 2003.  

Libro Guía de Patrimonio Arquitectónico de Nuevo León.