17/12/2018
Editoriales

El origen del autobús

El concepto de transporte público existe desde siempre, dependiendo de cada cultura, con fuerza de desplazamiento humana o animal. Sin embargo, es hasta el siglo XVII cuando en una gran ciudad como lo es París se utiliza, pues en 1662 se instaló un sistema de transporte público de pasajeros. Y fue en 1775 con la llegada del tranvía que se sintió que el problema de movilidad urbana se había solucionado, pero al salir el coronel Stanislas Baudry en 1825 con un ómnibus, de inmediato se entendió que ese medio era el más prometedor.

Este Baudry tenía un negocio de baños termales en la ciudad de Nantes, y puso a disposición de sus clientes ese servicio de transporte, que llevaba desde el centro de la ciudad hasta los baños. Cabían 15 personas y todo fue que un vecino lo usara sólo para trasladarse a otro lugar cercano a los baños, cuando de regreso no cabían los aspirantes a pasajeros que querían ir al centro de la ciudad. Baudry amplió el servicio cuyo vehículo era inspirado en la diligencia tirada por caballos, poniendo una central frente a unos grandes almacenes con el siguiente rótulo: “Omnes ómnibus” es decir “hay de todo para todos” en latín. Al coronel le agradó el nombre de ómnibus, voz latina que quiere decir “para todos” y así bautizó su servicio.

De ahí salió la idea a Inglaterra donde se inauguró la primera línea de ómnibus en 1829 y dos años después a iniciativa del inglés Walter Hancock nació el autobús, con motor de vapor, esa es la razón del antefijo “auto”. Este autobús cubría la ruta de la City londinense y la ciudad de Stanford. Aunque al principio, como los ingleses compiten en todo con los franceses, no quisieron llamarlo igual, y el primer nombre fue el de “Infant” cuyos vehículos tenían motor alemán marca Benz y es en 1895 cuando ya había seis unidades, aunque debido a la reducida potencia del motor, el número de pasajeros que cabían era muy reducido, sólo seis, más el operador y los dos cobradores que iban afuera del autobús, al estilo de las diligencias.

Con todos esos inconvenientes, así fue como empezó el reinado del transporte público de pasajeros que rebasó rápidamente al tranvía, dado que este requería de mucha inversión en infraestructura y el autobús de prácticamente ninguna. Sin embargo llegó el Metropolitano (Metro) en 1863 y le arrebató momentáneamente el liderazgo al autobús, pero éste se superó dando servicio en la superficie de las calles, no en líneas subterráneas, siendo el preferido por las damas y los claustrofóbicos y siempre con rutas mucho más completas, así que terminó imponiéndose a su competencia. Hoy día, el autobús Transport for London (TfL) es símbolo de la capital del Reino Unido, con autobuses rojos de doble piso que cobran los mismo todos, aunque las rutas sean diferentes. En nuestra ciudad coexisten el Metro y los autobuses urbanos, pero la cantidad de gente que usa el autobús es muy superior a la que usa el Metro, pues de nuevo, la inversión en infraestructura es enorme, y las rutas de autobuses son mucho más completas que las lineales del Metro. La combinación de ambos modos de transporte es lo ideal, ya que es más que evidente que trasladarse en automóvil es caro (adquisición, impuestos, mantenimiento, estacionamientos, etc), y ya no hay capacidad en las calles para dar tránsito expedito a más de dos millones de vehículos automotores que tenemos en una ciudad de cuatro millones y medio de habitantes. Hablamos de casi dos habitantes por vehículo…