13/11/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Bernardo Reyes, cuarta y última parte

Bernardo Reyes fue gran gobernador, en los textos previos analizamos su desempeño. A partir de su primera gubernatura en 1885, construyó una trascendental obra pública y legislativa. Su inédita y memorable promoción de la industria determinó el perfil productivo de Monterrey y un amplio crecimiento de su figura política, que terminó causándole serios problemas que hoy estudiaremos. Su reelección de 1889 era necesaria para los inversionistas pues a partir de 1890 inició la formidable industrialización de Monterrey, estimulada con exenciones de impuestos a las industrias y las obras, así como por un robusto desarrollo del transporte.

 

Las reelecciones de 1893, 1897, 1900 y 1906

Con el apoyo del presidente Díaz y su vasta obra pública, Bernardo Reyes se reeligió en 1893 inaugurando la modernización del Estado. Para 1894 casi todos los caminos se habían rehabilitado, y algunos hasta empedrado, como el que iba a Saltillo. Para modernizar, antes es necesario avanzar, y en muchos rubros esto era más que evidente. El boom industrial había generado una fortaleza económica superior al resto del país, y con el aparato de gobierno estatal ordenado, todo era miel sobre hojuelas. En lo político, los viejos caciques estaban disminuidos y se había conformado una fuerte burguesía regiomontana de industriales. Además, los cuerpos de seguridad pasaron a ser cuerpos represivos, todo lo cual permitió a Reyes reelegirse sin problemas en 1897, 1900 y en 1906.

 

Claro, eso mismo más o menos sucedía en otros estados, pues Porfirio Díaz tuvo talento y tiempo para transformar a casi toda la sociedad mexicana, aunque no al nivel de Nuevo León. Sin embargo, el orden administrativo y la disciplina política tienen como limitante el buen reparto de la riqueza. En todo el país creció una masa paupérrima frente a unos cuantos clérigos, militares y terratenientes privilegiados. Sí se había transformado la sociedad mexicana, pero con desequilibrios rampantes. Una nueva y próspera burguesía moderna versus una gran masa de proletarios y campesinos explotados al más puro estilo feudal, formaron un coctel explosivo que pronto estallaría.

 

Los contrastes económicos en Monterrey

Aquí mismo en Monterrey había signos claros de tal desemejanza. En los rumbos de la Alameda, y de las avenidas Progreso y Unión se erigían lujosas mansiones, mientras en las márgenes de las vías del ferrocarril vivían en tejabanes irregulares muchas familias pobres. Eran migrantes que venían a trabajar en la creciente industria, pero no había infraestructura urbana instalada para ellos en la ciudad, porque además sufrían de insolvencia económica. El contraste era claro: ellos apenas podían dar educación básica a sus hijos, y los privilegiados se iban a estudiar a Europa.

 

Sin embargo, Monterrey no fue piedra de tropiezo para el régimen porfirista. Desde 1886, Reyes creó una junta de mejoras Morales, Cívicas y Materiales, dirigida por el ilustre doctor Gonzalitos hasta su muerte en 1888. Inició en 1895 la construcción del monumental Palacio de Gobierno, apoyada por un impuesto especial a los juegos de azar y con algunas aportaciones particulares. Se aplicaron nuevos impuestos especiales para la construcción de las escuelas de Medicina y de Jurisprudencia manejados con tal decencia que los tributos cesaron una vez concluidas las obras.

 

Reyes en la educación

En 1895, Reyes estableció que en las escuelas se explicara qué se celebraba en cada acto cívico. Creó el servicio social en la Escuela Normal, los graduados debían trabajar dos años para el gobierno -con sueldo- para mejorar la educación pública; un sistema de becas para que estudiantes -hombres y mujeres de escasos recursos-, asistieran a la Escuela Nacional de Profesores, a la de Agronomía, de Veterinaria, al Conservatorio Nacional, y hasta a universidades en Estados Unidos, lo que molestó a la vanidosa burguesía regiomontana. Además, el Colegio Civil inició un curso de comercio y telegrafista para mujeres casi gratuito, agregando la cátedra de ensayista minero. Entre paréntesis comento un dato curioso: Reyes fomentaba la escritura estudiantil con las dos manos.

 

Las obras públicas

En todos los frentes había avances. En obras públicas se construyeron los puentes sobre el Río Santa Lucía y el San Luisito, el mercado Colón, y se amplió la calle Zaragoza al norte. En el resto de los municipios, las juntas de mejoras remozaron plazas, construyeron vados y puentes, algunas escuelas, y hasta ampliaron los palacios municipales.

 

La visita de Porfirio Díaz

Ese era el estatus del pujante Nuevo León reyista. Y así lo encontró Porfirio Díaz cuando vino a visitar Monterrey del 19 al 23 de diciembre de 1898. Se fue tan satisfecho del trabajo realizado, que le dijo a don Bernardo: “general Reyes, así se gobierna” y fue a partir de ese momento cuando empezó a sonar su nombre para la vicepresidencia en todo el país. Claro que igual iniciaron las intrigas en su contra que adelante veremos.

 

Pero un año después–en 1900- murió el ministro de guerra Felipe Berriozábal, y Porfirio Díaz nombró a Reyes en su lugar, quedando en la gubernatura (1900-1904) el linarense Pedro Benítez Leal -diputado federal por Nuevo León durante 11 años consecutivos y ferviente porfirista-. Durante el tiempo que desempeñó el honroso cargo nacional, Bernardo Reyes elaboró varios manuales sobre disciplina y estrategia militar recibiendo reconocimiento y admiración de la clase militar, naciendo ya un sentimiento de celo entre los “Científicos”, grupo dominante del gabinete porfirista.

 

La mejor época de Bernardo Reyes

Reyes andaba en los cuernos de la luna. Porque Porfirio Díaz sí pensaba retirarse y el padre del Regiomontano Universal lindaba el paraíso, pues el Dictador llegó a considerar a Limantour –jefe de Los Científicos- para presidente y a Reyes como vicepresidente en la elección de 1904, cuando Díaz planeaba claudicar. Pero los vericuetos de la política son insondables y como no hubo tal dimisión, el mundillo político comenzó a girar en torno de la vicepresidencia del país. Y las discordias entre Bernardo Reyes y los Científicos fueron in crecendo. Porque la ideología de Reyes era liberal y ellos, eran más positivistas que otra cosa.

 

El regreso de Reyes a la gubernatura

El siglo XX había iniciado con una convocatoria al cambio que lanzaron los Hermanos Flores Magón, mismo que tuvo eco en Nuevo León a través del Club Liberal de Lampazos, fundado en 1901 por Francisco Naranjo y Antonio I. Villarreal. Además, se fundó un Gran Círculo de Obreros de Monterrey en 1902, provocando escozor a Porfirio Díaz quien, haciendo caso de las “intrigas científicas” regresó a Bernardo Reyes de vuelta a Nuevo León con instrucciones específicas: ya no venía como progresista, sino como represor para evitar que se contaminara todo el noreste mexicano.

 

Las instrucciones eran impedir a toda costa el avance de la oposición, y para ello Reyes debía reelegirse. Y como no tenía tiempo para recomponer de fondo la situación, hubo de enfrentar las elecciones de 1903. Pero no estaba tan sencillo, pues para ese proceso democrático varios grupos de nuevoleoneses se prepararon cuando Reyes estaba en la Ciudad de México, construyendo la candidatura del abogado José E. Reyes. Así, el cuadrante electoral era: José E. Reyes, apoyado por grupos de profesionistas, magonistas, obreros y una parte del pueblo, frente al gobernador Bernardo Reyes, a quien apoyaban burgueses, terratenientes, burócratas y otros grupos beneficiados por el sistema; se advertía un choque de trenes.

 

La represión de 1903

La primera señal de alerta fue el 3 de marzo de 1903 cuando un grupo de 26 estudiantes de leyes hicieron una huelga exigiendo respeto electoral, y fueron detenidos. Pero el problema mayor se avecinaba, al mes, el 2 de abril, ya estaba organizada una marcha grande que remataría con un mitin de promoción electoral en favor de José E. Reyes. El gobernador Reyes ordenó suspender dicha manifestación y al no conseguirlo, la reprimió salvajemente para que no hubiera duda de su desaprobación a semejante “provocación”. Hombres armados se apostaron en algunas azoteas y dispararon contra la multitud, cayendo entre 8 y 19 manifestantes. Días después habría otra represión en Galena.

 

Como era de esperarse, un acto de tal naturaleza repercutió en una caída de popularidad de Bernardo Reyes. Pero la lectura en los altos círculos del poder en la capital en vez de ser un reconocimiento al acatamiento de la línea política, fue de una supuesta demostración de fuerza por pérfidos rumores alentados por sus enemigos diciendo que Reyes se sentía el probable relevo de Díaz. Esto hizo que Don Porfirio se encelara, pues ya pensaba en un cambio de planes para quedarse otro rato en la presidencia. En resumen, este zipizape del 2 de abril de 1903 dejó mal parado a Bernardo Reyes ante la población y ante el Dictador.

 

Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey

Pero Reyes sabía que lo suyo era trabajar con resultados más que las intrigas palaciegas, así que se aplicó en gobernar Nuevo León como él sabía hacer. En 1904 concedió a una compañía canadiense la concesión para introducir los servicios de agua y drenaje en la ciudad. Esta empresa conseguiría el agua en sus fuentes, la almacenaría, entubaría y la distribuiría a la industria, así como a las viviendas. Sin embargo, los canadienses venían a hacer negocio, no a dar servicio. Abastecieron de agua a las empresas y sólo a los particulares que pudieran pagar el oneroso servicio. Esto haría crisis años después, pero en ese tiempo se veía como una estupenda solución por no requerir inversión estatal.

 

En el transporte público, para 1905 los tranvías eléctricos ya habían sustituido totalmente a los de mulitas. En desarrollo urbano, al menos en la “parte bonita” de la ciudad se había electrificado e instalado el alumbrado público. En ese mismo año, Monterrey se conectaba con el mundo al inaugurarse las líneas ferroviarias a Matamoros, a Piedras Negras y a Tampico.

 

La Ley de Accidentes de Trabajo

Hasta allí todo iba bien, eran obras que abonaban al proyecto capitalista de la dictadura porfirista. Pero en 1906, sorpresivamente, en los intestinos del sistema capitalista al estilo británico, liderado por Los Científicos, donde ni el gobierno ni los patrones daban servicios de salud a los trabajadores, y cada individuo pagaba sus gastos médicos aún en los accidentes de trabajo, Reyes promulgó la Ley de Accidentes de Trabajo, de corte social, que obligaba a los patrones a cubrir los accidentes de trabajo y creaba pensiones para los trabajadores. Esto era inaceptable para Los Científicos por ser absolutamente contraria a su política laboral. En los periódicos de la Ciudad de México se acusó a Reyes de ir contra el sistema y contra Díaz.

 

El ingeniero Huerta en Monterrey

Sin embargo, Díaz no explotó y Reyes continuó trabajando. En 1907 llegó a Nuevo León el ingeniero militar Victoriano Huerta como jefe de obras públicas, funesto personaje que llegaría a ser presidente de México. Reyes le acotó su misión solo a modificar el trazo de las calles de la ciudad, y pavimentarlas. Pero sin mostrar las ambiciones que traía adentro, Huerta consiguió en lo personal algunos contratos, construyendo obras particulares. Podríamos decir que Huerta terminó de acicalar la ciudad porfiriana, pues junto con el pavimento, construyó banquetas y plazas. Además, eliminó los callejones del centro y su periferia.

 

La caída de Reyes: La Ley de Jornales

El gobernador Bernardo Reyes, al ver que no había pasado nada con la Ley de Accidentes de Trabajo, promulgó en 1908 la Ley de Jornales, estableciendo un sistema de salario mínimo en el campo, lo que eliminaba a los tradicionales peones, quienes trabajaban de por vida con un terrateniente. Esto ya era el colmo para Porfirio Díaz, quien lo borró de su equipo de gobernadores eficientes.

 

Al dejar de ser indispensable para la dictadura, apenas inauguró Bernardo Reyes el Palacio de Gobierno en 1908, e inició en 1909 las obras del centenario de la Independencia Nacional, como fue la construcción del Arco de la Independencia, hubo de renunciar a sus aspiraciones presidenciales, o a la vice presidencia de la República que el partido reyista proponía.

 

El trágico final

Aceptó un encargo militar en París. Así que vivió de lejos el fin del porfiriato, y regresó para levantarse contra Madero mediante el Plan de la Soledad, pero al no conseguir suficientes seguidores se entregó en Linares y fue preso en la Ciudad de México. Su final fue trágico, no corresponde a la estatura de Bernardo Reyes, pues participó en la primera refriega de la llamada Decena Trágica, en el asalto a Palacio Nacional, y murió en una balacera.

 

En verdad que Nuevo León se transformó en el periodo de Bernardo Reyes. Se crearon más de seis mil empleos industriales. Nacieron empresas como son: Cervecería Cuáuhtemoc, fundada el 8 de noviembre de 1890 por inversionistas locales como la familia Calderón, la familia Garza y Sada y el norteamericano José María Schnider. La Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, el 5 de mayo de 1900, cerrada el 9 de mayo de 1986. La Vidriera Monterrey, que abrió sus puertas en 1909. Estas empresas requirieron mano de obra lo que hizo crecer a nuestra entidad por los miles de migrantes de estados vecinos.

 

Podríamos hacer un recuento de sus obras, pero requería de otra serie de artículos, así como del movimiento político que el reyismo provocó en muchas otras entidades del país, pero el espacio es requerido por otros grandes gobernadores de Nuevo León.

 

 

Fuentes:  

El gobernador Bernardo Reyes y sus homólogos de la frontera norte, David Piñera Ramírez

Bernardo Reyes y el movimiento reyista en México, Josefina González de Arellano

Periódico oficial del estado 1893-1909 versión electrónica.