16/12/2018
Editoriales

Juana La Loca

Juana I de Castilla (1479 – 1555) fue reina de Castilla. Hija de los Reyes católicos, quienes la casaron en 1496 -conforme a la costumbre de la época-, con el archiduque de Austria Felipe “El hermoso”, de quien se enamoró en forma apasionada. Esto no era común en la realeza europea debido a que los matrimonios eran por conveniencias políticas, pero aquí coincidieron varias circunstancias favorables de cupido.

La muerte de sus familiares varones cercanos hizo que cuatro años después Juana se convirtiera en la heredera de los tronos de Castilla y de Aragón. A partir de ese momento se ganó el apodo de Juana la Loca pues sus desplantes no podían obedecer a otra causa. Las extravagancias de su comportamiento parecían tener origen en los celos generados por su marido quien era infiel en grado superlativo. En 1506 murió precisamente Felipe El Hermoso y Juana mantuvo el cuerpo del difunto por varios meses después sin enterrar, porque temía que alguna de sus ex amantes pudiera robárselo.

Juana la Loca convivía con el cuerpo dentro del ataúd, pero de vez en cuando lo abría para asegurarse que todavía estuviera ahí. A partir de 1509 y hasta su muerte, Juana la Loca estuvo recluida en Tordesillas, pero fuera de esas paredes, su nombre fue motivo de revueltas y alzamientos.