17/11/2018
Editoriales

Don Manuel L. Barragán, Sembramos para México

 

Existen personas en nuestra entidad que han realizado una gran labor en lo individual y en grupo. Tal es el caso de don Manuel L. Barragán, empresario que realizó además una gran función social. Este personaje dejó de existir un día como hoy, nueve de mayo, en el año de 1980.

 

Vinculado a empresas como la Coca-Cola, la Fundidora de Monterrey y el Banco Popular, dirigió además los periódicos “El Tiempo” y “Más Noticias” en Monterrey y el “Excélsior” de la ciudad de México. Por cierto, se le recuerda como el director que retiró la nota roja de ese importante diario nacional.

 

Fundador de las revistas “Actividad”, “Solidaridad”, “Cypsa”, “Previ”, “Vida Universitaria”, “Vida Rural”, editó el Anuario “Previsión y Seguridad”, desde 1937 hasta 1969, año en que continuó como “PyS”.

 

Su labor, sin embargo, está en muchas otras obras. Como miembro y directivo del Patronato Universitario de Nuevo León, participó en la creación de la ciudad Universitaria y del Estadio Universitario. También dirigió el Movimiento de Promoción Rural. Es suya la frase que dice “Que sólo los caminos queden sin sembrar”.

 

A pesar de todo ello, figuras como la de don Manuel e instituciones como el Patronato, que tanto bien hicieron a la entidad, son poco conocidas por nuestros jóvenes.

 

PREDOMINA

EL OLVIDO

 

Sus aniversarios pasan inadvertidos, como los de tantos otros que han hecho el bien. Las autoridades están tan preocupadas por el presente que olvidan el pasado. No hay memoria. Predomina el olvido. Los grandes hombres, las nobles instituciones, aquello que nos dio origen y de lo cual debemos sentirnos orgullosos, permanece encerrado –en algunos casos enterrado-- en el archivo de lo que fue.

 

Esto no debe ser. Hombres como Joel Rocha, Manuel L. Barragán, Ramón Cárdenas Coronado, Rogelio Cantú Gómez, Tomás A. Zertuche, Luis Elizondo, Francisco Vela González, Manuel Santos, Aurelio González, Rodolfo J. García, Jaime F. Garza, Federico Gómez, José Benítez, Jesús Barrera, Gregorio Ramírez, Angel Santos Cervantes, Plinio D. Ordóñez, José F. Muguerza, Andrés Osuna, Napoleón Cantú Cerna, Octavio Rocha y Miguel Barragán, entre otros, integraron el Patronato Universitario de Nuevo León.

 

La mayoría de ellos ya no están físicamente con nosotros como no lo está tampoco ese gran gobernante de Nuevo León y exRector de la Máxima Casa de Estudios, Raúl Rangel Frías. Sin embargo, lo que ellos hicieron, su obra, permanece y justo es reconocerlo para que sirva de ejemplo a las generaciones actuales y futuras.

 

En realidad, el Patronato Universitario no es tan antiguo como para que se olvide. En 1987 se produjo su disolución. Este organismo fue creado 36 años antes –en 1950-- para beneficio de la Universidad de Nuevo León.

 

La Universidad debe estar agradecida y reconocer el esfuerzo de estos nuevoleoneses que integraron el Patronato y quienes por espacio de cuatro décadas dedicaron tiempo y entrega al desarrollo y consolidación de nuestra querida Universidad.

 

NUESTRAS RAÍCES

NOS FORTALECEN

 

No hay que olvidar que nuestras raíces nos fortalecen y nos ayudan a enfrentar el futuro.

 

El Patronato Universitario nació en el año de 1950. Fueron muchas las circunstancias que coincidieron, entre otros los buenos deseos de un grupo de nuevoleoneses, la presencia en la rectoría de un universitario genuinamente nuevoleonés que quería a la Universidad para servirla y que ya desde entonces pensaba en la Ciudad Universitaria. También influyó la visita a Nuevo León del Presidente de la República, Lic. Miguel Alemán Valdés.

 

La conjunción de esfuerzos no fue flor de un día. Por el contrario, los lazos se fueron uniendo e hicieron posible que la Universidad creciera en forma armónica y con el apoyo de la comunidad.

 

Siendo Gobernador del Estado el doctor Ignacio Morones Prieto y Rector de la Universidad el licenciado Raúl Rangel Frías se creó el Patronato Universitario, corporación descentralizada, con personalidad jurídica, que tendría por objeto integrar un patrimonio de beneficio para la Universidad de Nuevo León.

 

En su primer editorial, el periódico Vida Universitaria, órgano del Patronato, precisó la filosofía de servicio de esta institución y se hablaba de la proximidad indispensable del pueblo y la Universidad en el afán de humanizar al hombre.

 

Llamaba la atención el hecho de que fuese un grupo de hombres de negocios, algunos de ellos no universitarios, los que actuaran dentro del Patronato. “Los hombres de negocios –se dijo— en su mayor parte no habrán sido universitarios, pero sienten la inquietud del conocimiento y del saber, y han entregado a sus hijos a estas nobles y gallardas disciplinas de la Universidad, para realizar el fin humano de superarse con la cultura”.

 

SEMBRAMOS

PARA MÉXICO

 

El primer Presidente del Patronato fue don Joel Rocha. Cuando fallece, la institución estaba tan sólida, que de inmediato se hizo cargo del timón don Manuel L. Barragán, el hombre que más tiempo permaneció al frente de este entusiasta grupo de hombres de empresa que sintieron la necesidad de apoyar a la Universidad, pues sabían que al hacerlo estaban contribuyendo en una siembra cultural que no termina, pues, como se dijo en alguna ocasión, “no sembramos para nosotros... sembramos para México”.

 

Don Manuel es autor del libro autobiográfico “Fue por México”, publicado en 1968.

 

La presencia del Patronato Universitario, con don Manuel al frente, fue de gran utilidad para la Universidad. Se construyeron aulas y laboratorios, se creó la Ciudad Universitaria, se edificó el Estadio Universitario, se editó el semanario “Vida Universitaria” y, sobre todo, se demostró a México y al mundo que cuando hay honradez, espíritu de servicio, entrega y trabajo, nada es imposible.

 

La Universidad Autónoma de Nuevo León es hoy en día, gracias al esfuerzo de sus creadores, de sus hijos, de sus alumnos y sus maestros, una de las mejores instituciones de educación pública del país.

 

Por ello, justo es recordar con cariño y reconocimiento a don Manuel L. Barragán y a los demás integrantes del Patronato Universitario, que un día pudieron expresar  con orgullo: “Misión cumplida”.

 

Don Manuel falleció en Monterrey, el 9 de mayo de 1980.