21/09/2018
Editoriales

Recuerdos de 1972

Tenía tres años de ingeniero y dos de casado. Buscaba negocios hasta debajo de las piedras, pero mi inexperiencia era un lastre que cargaba y no me deshice de él hasta varios años después, tras no pocos tropezones.

Recuerdo que en 1972 devoraba todos los días El Porvenir y El Norte –no empezaba aún a leer libros de interés general-, buscando oportunidades en las páginas de avisos de ocasión. Y una vez escrutada tan importante sección, leía completos ambos periódicos. Ese fue uno de los años importantes pues crecían en mi interior las inquietudes y desesperaciones propias de la juventud, y como entonces tenía una excelente memoria, lo leído iba al disco duro de la computadora personal que cargo encima del cuello.  

Por ejemplo, puedo ver aún los encabezados del día que murió el profesor Zoveck, aquel tipo osado que se cayó del helicóptero con el que practicaba uno de sus actos temerarios. Otro accidente - incidente inolvidable fue el del guerrillero Genaro Vázquez, quien luego de chocar con su vehículo fue internado en el hospital civil de Morelia donde murió, y las versiones extraoficiales decían que el gobierno lo había liquidado dentro del nosocomio. Esto hizo crecer a su compañero Lucio Cabañas, quien murió un par de años después. 

Recuerdo que el secuestro del avión de Mexicana de Aviación rumbo a La Habana cimbró a la sociedad y hasta el gobernador Luis M. Farías que, con toda su experiencia política, traía cara de sorprendido, se notaba que no tenía una explicación convincente del problema, menos una solución.

“El año de Juárez” era una frase que leíamos y escuchábamos en todas partes al grado que se confundía con las metas del país. Llegué a pensar que si todos decíamos vivir en el año de Juárez, nuestros problemas quedarían mágicamente resueltos. 

Pero el choque del buque petrolero contra el puente Coatzacoalcos y el accidente ferroviario más trágico de la historia sucedido entre la estación Carneros y Saltillo que arrojó 250 muertos, me despertó de semejante fantasía, pues suponiendo que la tripulación del buque y los 250 mexicanos del tren pensaran que vivían en el año de Juárez, de todas formas murieron.

Sin embargo, debo decir que en 1972 también sucedieron cosas positivas importantes, como el impulso a las letras mexicanas a cargo de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Luis Spota, Vicente Leñero, José Agustín, José Emilio Pacheco y otros. 

Además, aunque Rubén Olivares haya perdido el campeonato mundial de peso gallo a manos de Rafael Herrera –que era también mexicano-, el matador Joselito Huerta se recuperó de su cornada y triunfó en España.  

Aún me estruja el recuerdo de las olimpíadas de Munich 1972 pues un comando terrorista palestino masacró a 11 rehenes israelitas. 

Algo parecido me sucede ante el pésimo resultado de nuestra delegación en Munich, pero igual recuerdo que el norteamericano Mark Spitz nos emocionó al ganar siete medallas áureas en natación.

Todo esto sucedió en 1972. Y hubieron de pasar siete largos años para poder cosechar la siembra de semillas que sin miramientos realicé en las parcelas del trabajo, y la construcción de amistades. Claro, eso se consiguió cuando eliminé el lastre.