21/09/2018
Editoriales

Septiembre 20 de 1596: el explorador español Diego de Montemayor que había sido alcalde ordinario de Saltillo y escribano real, funda la ciudad de Monterrey

Septiembre 20 de 1596: el explorador español Diego de Montemayor que había sido alcalde ordinario de Saltillo y escribano real, funda la ciudad de Monterrey.  Habían fallado dos intentos previos: el primero en 1577 realizado por Alberto del Canto, que le llamó Santa Lucía, el segundo en 1582, por Luis Carvajal y de la Cueva, con el nombre de San Luis.

Carvajal hasta traía permiso de fundar la Provincia del Nuevo Reino de León, pero fracasó por falta de pobladores y porque él mismo fue acusado de encubrir a judíos en 1590. Finalmente, en 1596 Diego de Montemayor recibió del Virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo la orden de “formar una villa de españoles en el Valle de Santa Lucía”, a donde llegó el 20 de septiembre acompañado de 12 familias a fundar la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey.

De las 12 familias, nueve eran matrimonios, 14 hombres jóvenes, cuatro mujeres jóvenes, tres hombres sin familia alguna y un indio llamado Domingo Manuel. Monterrey ha pasado por eventos muy difíciles debido a ciclones que periódicamente llegan a su comarca, pero se ha sobrepuesto una y otra vez. Pasado el tiempo, en 1943, con motivo de una feria del libro, el enorme literato mexicano, don Alfonso Reyes –nuestro Alfonso Reyes- habló así de su tierra natal: “Un río casi seco, más que río camino de pedruscos, se hincha de pronto y produce inesperados bordes. Monterrey ha sido inundada y reedificada varias veces; tal es su fatigosa crónica. Nada ha faltado a su grandeza. Ni siquiera en los días aciagos de la invasión, la hazaña heroica y el sufrimiento valeroso.

Allá se liquidó una etapa de aquella aventura sin gloria que, fuertemente castigada por la defensa regiomontana, prefirió en adelante escoger entre otras vías de penetración en el país. La ciudad se levanta luego de sus escombros. Pudo quedarse en categoría de campamento irregular, en pintoresca nidada del contrabando como las que cantan y aun exaltan nuestros corridos populares, rindiendo tributo a la virtud elemental del coraje y a la puntería de los rifleros del norte…

Pero la excelencia de aquella gente y la atingencia de algunos inolvidables gobernantes acabaron por transformar la ciudad en la segunda capital del país, alzándola hasta la figura ejemplar que hoy ostenta”.

Aunque las noticias recientes de tragedias nacionales nos enluten,

¡Feliz cumpleaños, querida ciudad de Monterrey!