14/11/2018
Editoriales

Siempre hay algo por hacer

El 29 de junio de 1976 –este día se cumplen 40 años--, mientras viajaba a la ciudad de México, don Humberto Lobo Villarreal falleció en un accidente aéreo que acabó también con la vida de Francisco Lobo Morales, uno de sus hijos, dejando un legado que habrían de continuar sus herederos. En el accidente fallecieron también los pilotos David Gutiérrez y Jaime Sarabia.

Con 32 años de edad, su hijo Humberto Lobo Morales asumió la Presidencia de Protexa y supo hacer frente a los retos y no sólo continuó esa labor, sino que impulsó el desarrollo y crecimiento de esta empresa que es orgullo de México en el mundo.

Hace unos días platicamos con el Ing. Humberto Lobo Morales, para conocer pasajes de la vida de su padre. Esto fue lo que nos dijo: "Recuerdo remotamente a mis abuelitas: Dolores, la mamá de mi mamá, quien estaba casada con don Pedro Morales, y Juanita, la mamá de mi padre, quien estaba casada con mi abuelo paterno, don Humberto Lobo.

"Mi padre, don Humberto Lobo Villarreal, nació el 29 de diciembre de 1917 en Monterrey, N.L. El próximo año se cumple el centenario de su natalicio, Sus padres –mis abuelos-- fueron don Humberto Lobo y doña Juanita Villarreal, quienes dieron vida a nueve hijos. Por otra parte, mi padre tuvo un hermano: José Lobo Villarreal, y dos hermanas: Blanca Lobo de Charles y Mercedes Lobo de Villarreal.

Don Humberto Lobo Villarreal vivió circunstancias económicas difíciles. En 1924, ingresó a la escuela primaria en el Colegio Juárez, donde cursó los dos primeros años básicos y pasó al Colegio Justo Sierra para estudiar hasta el quinto año, pero abandonó sus estudios al caer enfermo de paludismo.

Desde los nueve años, contribuyó de múltiples maneras a la economía familiar; entre ellas, vendiendo pequeños cofres de madera que él mismo armaba, pulía, labraba, decoraba y barnizaba. Para lograr nuevas oportunidades de trabajo, sus padres se trasladaron al municipio de Parras, en el Estado de Coahuila, donde su madre, que era maestra, se dedicó a dirigir un colegio.

Mi padre permaneció en Monterrey, en el internado del sacerdote Rafael Jardón. Fue el padre Jardón quien le enseñó el valor de la productividad, a través del fomento de los hábitos necesarios para conseguir la disciplina y dedicación. Por recomendación del padre Jardón, obtuvo, a la edad de 15 años, su primer puesto de trabajo, como mensajero del Departamento de Ventas de la Compañía Vidriera Monterrey, donde logró el reconocimiento de sus jefes, que lo compensaron con nuevas responsabilidades y mejor remuneración.

Consiguió también la representación de una empresa alemana que producía baquelita. Su principal cliente fue la Vidriera, ya que ésta manufacturaba los envases de cristal pero no las tapas. En muy poco tiempo fue nombrado por esa compañía alemana el "mejor vendedor", y siguió dedicando su tiempo a la representación, hasta que el plástico norteamericano sustituyó a la resina sintética, y Vidriera Monterrey inició su propia fabricación de tapas.

A los 17 años fue recomendado para el puesto de subgerente en una tienda del Mercado del Norte, donde vendía loza de la Compañía Troqueles y Esmaltes, S.A. Este establecimiento pasaba por problemas administrativos, y en muy poco tiempo don Humberto lo convirtió en un negocio bien administrado, y sus ventas se elevaron notablemente.

En 1939, cuando tenía 22 años, obtuvo la gerencia de la compañía Impermeabilizantes y Pinturas, S. A. --hoy Berel. Tenía, al ingresar, la importante responsabilidad de mejorar y desarrollar los servicios de impermeabilización con los productos que esa empresa ofrecía.

El 7 de diciembre de 1940, contrajo matrimonio con Dolores Morales, una joven de 20 años de edad, que trabajaba como secretaria para una empresa estadounidense. Ella representó, a partir de entonces, el elemento fundamental que impulsó a Humberto Lobo Villarreal hacia la consecución de todos sus logros posteriores. Del matrimonio Lobo-Morales nacieron once hijos: Dolores, Cristina, Humberto, Fernando, Francisco, Javier, Margarita, Rodrigo, Rosa María, Magdalena y Laura María.

En 1945, don Humberto inició los trabajos de Protexa, en la cual invirtió todo su escaso capital. Su domicilio estaba en la calle Ocampo, número 928 oriente, en cuyo patio instaló el taller. Su personal lo integraban tres oficinistas, cinco obreros, una secretaria, un chofer, y él mismo. Llamando "de puerta en puerta", formó gradualmente una fuerte cartera de clientes, consolidada a través del tiempo por la alta calidad de los materiales, los precios competitivos, garantías de cinco a quince años, y eficiencia en los trabajos de impermeabilización, que realizaba a base de asbesto y alquitrán de hulla.

A partir de ese momento, don Humberto Lobo Villarreal le dio a la empresa el impulso que la convertiría en una de las mejores del país, reconocida mundialmente, que se ha desarrollado y abarca varios campos.

"Mi padre dejó de existir el 29 de junio de 1976, dejando a la vista del mundo, cincuenta y ocho años de trayectoria profesional y personal ejemplares. Le sobrevivió mi madre, doña Dolores Morales de Lobo, quien vivió con nosotros hasta los 88 años de edad. Ella fue su gran compañera. Lo acompañó en sus grandes tareas, lo acompañó en sus viajes por todo el mundo. Fueron un matrimonio ejemplar."

Después de este golpe tan duro, la Familia Protexa sufrió otra sacudida al devaluarse nuestra moneda. Hubo desconcierto y desazón; sin embargo, la empresa volvió a estabilizarse y superarse con trabajos no sólo en México, sino en el mundo.

A pesar de estos lamentables e imprevistos sucesos, la Familia Protexa ha seguido unida, perpetuando el ejemplo y los lineamientos que trazó su fundador y que desde ese momento quedaron en manos de sus sucesores encabezados por don Humberto Lobo Morales, quien hizo que la empresa siguiera creciendo en el país y más allá de sus fronteras.

Una importante avenida en la Colonia del Valle y una escuela CONALEP nos recuerdan su nombre, entre otros homenajes.

Nuevo León cuenta con grandes Universidades, Museos, Bibliotecas y Centros Culturales. Al mismo tiempo ha sido llamada la Capital Industrial de México. En buena parte, esto se debe al espíritu emprendedor de sus hombres y mujeres que han creado importantes empresas. La lista de industriales y empresarios nuevoleoneses, es impresionante. Bastaría mencionar a Isaac Garza, Eugenio Garza Sada, Eugenio Garza Lagüera, José Calderón, Adolfo Prieto, Carlos Prieto, Manuel L. Barragán y a muchos otros más que forman parte de este grupo de industriales.

A este grupo pertenece la familia Lobo, creadores de Protexa, una de las empresas más importantes de México.

Hace más de medio siglo, en el trescientos cincuenta aniversario de Monterrey, un humanista de grata memoria, nuestro amigo el maestro Raúl Rangel Frías, afirmó: "En tanto que haya historia toda generación recibe de otra y entrega a la siguiente una tarea siempre inconclusa, a la vez que una determinada energía con que llevar a cabo la empresa propia de cada edad... Y si al llegarnos el turno creyésemos que no hay más que hacer, sino agradecer la fortuna de haber tenido tales antepasados, en ese preciso instante estaríamos destrozando el monumento de su fama. Sólo se conserva en el tiempo lo que se somete a su mudanza".